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Los cantares de gesta (chansons de geste) exaltan la figura de personajes relevantes y hechos de armas, entre los que destacan los originados entre cristianos y sarracenos en tierras de España, o entre la monarquía y la nobleza feudal. Tanto en Francia como en España se empezaron a escribir asonantados, pero los franceses aparecieron muy pronto en rima consonante y verso muy regular; por el contrario, en España se mantuvo siempre la asonancia y es característica la irregularización métrica. Esto poemas eran recitados o cantados por los juglares y eran escuchados con el mismo interés por los aldeanos que por los señores de los castillos. El cantar de gesta sirve al pueblo de conocimiento histórico, al interesarse por los hechos y personajes famosos y por otra, de medio informativo sobre los sucesos de momento. En Castilla se llamaron “cantos noticieros” ciertos relatos breves surgidos bajo la impresión directa de hecho histórico.

Estas gestas no se recogieron por escrito porque se destinaron exclusivamente a la recitación. Los pocos “manuscritos de juglar” que se conservan, muy estropeados y faltos de hojas, son una muestra de los que llevaban los juglares bajo el brazo para refrescar su memoria cuando convenía; de éste modo no es de extrañar la falta no sólo de textos originales, sino de copias de los mismos. Únicamente en Francia, y desde el siglo XIII, se copian estos manuscritos en otros muy elegantes y de gran riqueza, gracias sa lo cual se han conservado casi todos los cantares de gesta franceses, cosa que no se hizo en España, y de ahí su escasez.

Los temas de estos poemas épicos giran alrededor de figuras históricas famosas y de sus hazañas: Carlomagno y Roncesvalles, El Cid Campeador y su destierro, p. ej. Pero el público exige saber más de la vida de sus héroes y se originan así ciclos de cantares sobre un mismo personaje en diferentes etapas de su existencia.

Los dos cantares de gesta más importantes de la épica románica fueron ignorados hasta el descubrimiento de Poema del Mío Cid y su publicación en 1779, y la Chanson de Roland en 1834 y publicada tres años después.  Ante el desconocimiento de textos anteriores a estos monumentos, aparecieron dos teorías contrapuestas: la “individualista”, defendida por el francés J.Bédier, supone que estos dos poemas son los primeros en el tiempo, obra de un poeta culto, que compone sobre fuentes escritas varios siglos después de los hechos que narra y que tiene conciencia de su labor y la teoría “tradicionalista”, sostenida por Menéndez Pidal, según la cual los orígenes de la épica románica hay que buscarlos muy atrás  y que a estos dos grandes poemas han precedido otros muchos textos perdidos, elaborándose a lo largo del tiempo una tradición cada vez más sólida, sin la cual no se hubiera llegado a la perfección de los primeros monumentos conservados. Por otra parte, el cantar de gesta es de carácter anónimo; su autor carece de conciencia de escritor. No recogida por escrito, esta épica vivió en “estado latente” durante siglos, solo mantenida por tradición oral, pero adquiriendo cada vez mayor consistencia. Menéndez Pidal ha rastreado la existencia de numerosos cantares castellanos prosificados en las Crónicas sobre personajes y hechos muy anteriores al Poema de Mio Cid.

En un principio se creyó que el cantar de gesta se formaba por agregación de poemas breves. Pero nuevas investigaciones del propio Milá y, sobre todo, de Menéndez Pidal han demostrado que, por el contrario, los romances resultan de una fragmentación posterior del poema épico: fragmentos que las gentes recuerdan por su emotividad e interés.

En cuanto a los orígenes de la épica románica frente a la teoría de Gastos Paris sobre el origen francés de la épica castellana, Menéndez Pidal puntualizó que no se trata de origen, sino de cierta influencia francesa en nuestros cantares de gesta y sólo a partir del siglo XII y que tanto la épica castellana como la francesa derivan directamente de la germánica. Por su temática, la épica francesa se agrupa en tres ciclos principales: el de Carlomagno, el de Garin de Monglane o de Guillermo y el de Doon de Mayence o de los vasallos rebeldes.

Frente a la extraordinaria cantidad de gestas francesas conservadas, la épica española no llega ni a media docena: el Poema de Mio Cid, el fragmento de Roncesvalles, el Poema de Fernán González y las Mocedades de Rodrigo, aparte las reconstrucciones del cantar de los Infantesde Lara y del Cerco de Zamora a base de las prosificaciones en las Crónicas. De este modo, la falta casi absoluta de gestas primitivas queda compensada por su rastreo en las obras historiográficas, sobre todo a partir del siglo XIII, dando como resultado una extraordinaria cantidad de temas épicos y de cantares perdidos.

Menéndez Pidal dispone la cronología de la épica española de la siguiente forma: a) etapa de formación, desde los orígenes hasta 1140; los cantares contarían sólo con 500 o 600 versos. b) Etapa de florecimiento, desde 1140, fecha del Cantar del Cid, hasta 1236, año de la primera crónica que utiliza las gestas como material histórico; los poemas se han alargado y revelan cierta influencia francesa. c) Etapa de las prosificaciones en las Crónicas, desde 1236 hasta mediados del siglo XIV; los poemas garan en variedad y extensión. d) Etapa de decadencia hasta mediar el siglo XV con intromisión de elementos novelescos y legendarios; su fragmentación dará lugar al romance.

EL CANTAR DEL MÍO CID

El Cantar de mio Cid es un cantar de gesta anónimo que relata hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida del caballero castellano Rodrigo Díaz el Campeador. Se trata de la primera obra narrativa extensa de la literatura española en una lengua romance, y destaca por el alto valor literario de su estilo. Está compuesto alrededor del año 1200.

El Cantar de Mio Cid es el único cantar épico de la literatura española conservado casi completo. Se han perdido la primera hoja del original y otras dos en el interior del códice, aunque el contenido de las lagunas existentes puede ser deducido de las prosificaciones cronísticas, en especial de la Crónica de veinte reyes.

El poema consta de 3735 versos de extensión variable (anisosilábicos), aunque dominan versos de 14 a 16 sílabas métricas. Los versos del Cantar de mio Cid están divididos en dos hemistiquios separados por cesura.  La longitud de cada hemistiquio es de 4 a 13 sílabas, y se considera unidad mínima de la prosodia del Cantar. No hay división en estrofas, y los versos se agrupan en tiradas, es decir, series de versos con una misma rima asonante.

Se desconoce el título original, aunque probablemente se llamaría «gesta» o «cantar», términos con los que el autor describe su obra en los versos 1085 y 2276, respectivamente.

CHANSON DE ROLAND

El Cantar de Roldán (La Chanson de Roland, en francés) es un poema épico de varios cientos de versos, escrito a finales del siglo XI en francés antiguo, atribuido a un monje normando, Turoldo, cuyo nombre aparece en el último y enigmático verso: «Ci falt la geste que Turoldus declinet».  Sin embargo, no queda claro el significado del verbo «declinar» en este verso: puede querer decir ‘entonar’, ‘componer’ o quizás ‘transcribir’, ‘copiar’. Es quizá el cantar de gesta más antiguo escrito en lengua romance en Europa. El texto del llamado Manuscrito de Oxford escrito en anglo-normando (de alrededor de 1170) consta de 4.002 versos decasílabos, distribuidos en 291 estrofas de desigual longitud llamadas tiradas.