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El nombre de María Moliner está asociado a un famoso Diccionario por el cual fue conocida maria-moliner1y además en el mundo bibliotecario hizo grandes aportaciones.

Nació en Zaragoza en 1900. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza y fue A. Castro quien le despertó el interés por la lingüística. Cursó Filosofía y Letras. Luego ingresó en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios.

Colaboró en las Misiones Pedagógicas de la República, que centraron su interés en la educación de los adultos marginados, ofreciéndoles los medios necesarios para su mejora educativa. Su mayor esfuerzo fue la creación de pequeñas bibliotecas en el medio rural, que permitían que el libro llegase a los rincones más apartados. En 1931 se establecía la obligatoriedad para todas las escuelas primarias de contar con una biblioteca abierta y gratuita, bajo la tutela del maestro.

Moliner escribió unas instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas, que fueron muy queridas en España, y en el extranjero ; la presentación preliminar, “A los bibliotecarios rurales”, es un testimonio conmovedor y fidedigno de su convencimiento de que la cultura instrucciones_548es un vehículo para la regeneración de la sociedad:

“Estas instrucciones van especialmente dirigidas a ayudar en su tarea a los bibliotecarios provistos de poca experiencia y que tienen a su cargo bibliotecas pequeñas y recientes. Porque, si el éxito de una biblioteca depende en grandísima parte del bibliotecario, esto es tanto más verdad cuanto más corta es la historia o tradición de ese establecimiento. En una biblioteca de larga historia, el público ya experimentado, lejos de necesitar estímulos para leer, tiene sus exigencias, y el bibliotecario puede limitarse a satisfacerlas cumpliendo su obligación de una manera casi automática. Pero el encargado de una biblioteca que comienza a vivir ha de hacer una labor mucho más personal, poniendo su alma en ella. No será esto posible, sin entusiasmo, y el entusiasmo no nace sino de la fe. El bibliotecario, para poner entusiasmo en su tarea, necesita creer en estas dos cosas: en la capacidad de mejoramiento espiritual de la gente a quien va a servir y en la eficacia de su propia misión para contribuir a este mejoramiento”.

Ocupó puestos de responsabilidad en la organización de las bibliotecas populares. En 1935 presentó la comunicación “Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España”. En 1936 fue llamada para dirigir la Biblioteca Universitaria de Valencia y en plena guerra civil, tuvo que abandonar el puesto para entregarse completamente a la dirección de la Oficina de Adquisición y Cambio Internacional de Publicaciones y también para trabajar como vocal de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico.

Al término de la Guerra Civil la familia Moliner sufre Maria_Molinerrepresalias políticas, y ella pierde 18 puestos en el escalafón y los recuperará en 1958. En 1946 pasa a dirigir la biblioteca de la E.T. de Ingenieros Industriales de Madrid hasta su jubilación en 1970. Muere el día 22 de enero de 1981.

En la actualidad las pequeñas bibliotecas de pueblo o Agencias de lectura siguen siendo un instrumento importante en la formación cultural del ciudadano. La aportación de María Moliner sigue presente, así mismo, como un buen referente para quienes están dando sus primeros pasos en el mundo bibliotecario e igualmente para aquellos que tienen un gran bagaje y experiencia en él. Ni el fácil acceso a la información mecanizada, ni el agresivo ritmo frenético de nuestra sociedad van a sustituir el cálido encuentro con un libro que, en definitiva, es el encuentro con uno mismo a través de la lectura. La función del bibliotecario, entre otras, ha sido y debe ser un enlace que facilite y fomente este encuentro y estimule el amor a la lectura y al libro sin estar sujetos a modas que nos hagan claudicar.

(Fuente. Revista Cejillas y Tejuelos. Anuario del MBAD, Nº 18. Artículo escrito por, Manuela Gil Bernabé)