Fuentes eruditas y literarias de la Mitología Grecorromana

Casi todo el universo mítico de los griegos pasó a la posterioridad a través de varias fuentes. Una de ellas es la tradición oral, reunida por autores que recorrieron Grecia recogiendo leyendas y creencias del pueblo. Pero las narraciones de ese tipo son raras y relativamente recientes. Pausanias, en el siglo II a.C., viajó por varias regiones estudiando geografía, arqueología y mitología. El resultado de sus observaciones está en la Descripción de Grecia que, a pesar de transcribir ya muy evolucionadas, permite conocer muchas versiones míticas locales.

Fuentes eruditas y literarias de la Mitología Grecorromana

La Geografía de Estrabón (63 a.C. – 24 d.C.), aunque anterior a la obra de Pausanias, es menos significativa. Cubre un espacio mayor, pero no posee la imparcialidad que caracteriza a la Descripción de Grecia; frecuentemente inserta interpretaciones de los mitos, no se limita a contarlos como los oyera.

Las fuentes eruditas también transportaron la mitología griega a través de los siglos, preservando la riqueza de sus concepciones. Las obras de estos autores comprenden tratados técnicos en gran número, consagrados a los mitos, o comentarios de obras literarias destinados a esclarecer puntos oscuros. El primero de los eruditos conocidos es Hecateo de Mileto, historiador del siglo VI a.C. Hecateo reunió tradiciones legendarias relativas a los orígenes de las familias y de las ciudades. Escribió cuatro libros de Genealogías de los que se han conservado solo fragmentos. En el siglo V a.C., el historiador  Helánico elaboró una Cronología de las Sacerdotisas de Hera y una historia del Ática donde fija la cronología de los reyes de Atenas, mezclando mito e historia.

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A fines del siglo V a.C., los estudiosos comenzaron a buscar en los mitos un sentido profundo. Dentro de esa tendencia, el autor más importante es Evémero (siglo IV a.C.), creador del evenerismo, doctrina que consideraba a los dioses como hombres que por sus méritos recibieron honores divinos.  Fuentes eruditas y literarias de la Mitología GrecorromanaEvémero trataba de encontrar en los relatos mitológicos una significación racional, aun cuando muchas veces trabajase con elementos puramente subjetivos. Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.) transmitió gran número de esas racionalizaciones, que sedujeron al espíritu romano y fueron utilizadas por los filósofos epicúreos y estoicos. En la misma línea, Paléfato escribió, en el siglo III a.C., cinco libros sobre Acontecimientos increibles.

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Durante el período helenístico, iniciado con las conquistas de Alejandro Magno (356-323 a.C.) surgió un nuevo modo de estudiar la mitología. Los autores de la época realizaron un importante trabajo al reunir y clasificar los mitos, sin interpretarlos ni integrarlos a la Historia. Algunas de esas obras se refieren a una clase especial de mitos. Por ejemplo, los Catasterismos de Eratóstenes (siglo III a.C.) reúnen las leyendas que implican la transformación de personajes en astros. Otros pretendían abarcar la totalidad de las tradiciones legendarias. Entre éstas, la más importante es la Biblioteca de Apolodoro ateniense del siglo II a.C. Gracias a esta obra es posible conocer los modelos de las leyendas existentes al comienzo de la época romana, y el trabajo de clasificación de los mitos ejecutado por los gramáticos. La Biblioteca separa los mitos en grandes ciclos: origen de los dioses, origen de los hombres, leyendas argivas, tebanas y áticas.

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Nicandro (siglo II a.C.) clasificó las leyendas sobre las metamorfosis que originaron cada especie animal. Su trabajo es conocido a través de la Colección de Metamorfosis de Antonius Liberalis. En el siglo I d.C. se escribieron otras dos importantes obras de ordenación de la mitología: un tratado de aventuras amorosas, de Partenio de Nicea y las Narraciones de Conon.

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Los mitógrafos latinos son menos numerosos y, en su mayoría no hicieron sino imitar a los griegos. El más célebre es Higino, sobre quien se poseen pocas y controvertidas informaciones. Según hipótesis recientes, trabajó en el siglo I o II d.C. Escribió Astronomía Poética, basada en los Catasterismos de Eratóstenes y Fábulas, donde clasificó las versiones más aberrantes de las leyendas clásicas. Su principal mérito consiste en haber resumido los enredos de algunas tragedias de Eurípides (480?-406 a.C.) y Sófocles (496?-406? a.C.) hoy perdidas.

Las obras de algunos de los primeros escritores cristianos como Agustín de Hipona (354-436), Clemente de Alejandría (150?-215), Arnobio (260?-327) y Lactancio (240-325) también transmiten informaciones mitológicas.

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Pero la fuente básica de la mitología es la misma literatura griega. Las obras más antiguas conocidas son la Ilíada y la Odisea, atribuídas al poeta Homero (siglo IX a.C.), de cuya existencia real no hay seguridad. Quienquiera haya sido el autor o los autores de estos poemas, es seguro que hubo abundantes composiciones legendarias orales anteriores a ellos, y que éstas fueron su origen. Constituyen testimonios fragmentarios de esa primitiva literatura las alusiones contenidas en los poemas homéricos, resúmenes de mitógrafos, pequeñas sumas de epopeyas consagradas a los héroes tebanos (como los participantes de la expedición de los Siete contra Tebas, Edipo y sus hijos), a los Argonautas o a los personajes que, en la Iliada, tienen solo participación secundaria.

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La Ilíada y la Odisea no son manifestaciones poéticas aisladas sobre mitología, en la literatura griega. En los siglos VIII y VII a.C. se crearon numerosas obras poéticas que, en su mayoría, se perdieron. El conjunto de esos poemas, conocido como ciclo épico griego, parece haber constituido, junto con la Ilíada y la Odisea, una especie de enciclopedia mitológica de los acontecimientos desde el origen del mundo hasta los hechos heroicos.

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El ciclo épico griego puede ser subdividido en unidades menores: el ciclo cosmogónico, que abarca los mitos relativos al origen del mundo; el ciclo tebano; el ciclo troyano; el ciclo de Hércules. Al primero pertenecía probablemente una Titanomaquia elaborada por Éumelo de Corinto (siglos VIII-VII a.C.) o Arctino de Mileto (siglo VIII a.C.) que describe la lucha victoriosa de Zeus (Júpiter) contra los Titanes. En el ciclo tebano se insertan la Edipodia atribuida a Cineton de Lacedemonia (siglo VIII a.C.), que cuenta las aventuras de Layo y Edipo; la Tebaida, de autor desconocido, que relata la discordia entre Eteocles y Polinice y la expedición de los Siete Jefes; los Epígonos, donde se narra la expedición de los hijos de los participantes de la Guerra de los Siete Jefes contra Tebas; y la Alcmeónida, consagrada en la leyenda de Alemeón.

Entre las antiguas obras que han llegado se destaca especialmente los trabajos de Hesíodo, poeta beocio del siglo VIII. Su Teogonía constituyó la primera tentativa de clasificación mítica: establece los orígenes de los dioses y del cosmos y es el reflejo de las creencias populares. Tuvo carácter casi oficial.

A partir de Homero, toda la poesía griega se alimenta de leyendas: la lírica coral, el ditirambo y la tragedaia operan con elementos contenidos en los textos homéricos. Pero, poco a poco, comenzaron a elaborar sus obras basándose en los mitógrafos eruditos. Los escritores de la escuela de Calímaco (310-235 a.C.) se valían del material mítico ya organizado, no sólo como soporte de sus obras, sino como objeto principal. Muchas veces resultaron en simples leyendas versificadas, en las que el tratamiento poético consistió en enriquecerlas con alusiones, significados ocultos y variaciones aberrantes. Alexandra, de Licofrón (320-250 a.C.) es el ejemplo más claro de este tipo de poesía mitológica: de difícil comprensión, la obra contiene en cada verso referencias a leyendas poco conocidas. El conjunto de mitos a los que se hace necesario recurrir para explicarla hacen de Alexandra una especie de sumario mitológico.

También la poesía latina aprovechó los ricos motivos de la tradición legendaria. A partir de la epopeya homérica, Virgilio (70-19 a.C.) elaboró la Eneida, obra patriótica destinada a legitimar la grandeza de Roma, señora del mundo, por sus orígenes heroicos. EL poema relata las aventuras del legendario Eneas desde la destrucción de Troya hasta su establecimiento en el Lacio.

Basándose en la mitología, Ovidio (43 a.C.-18 d.C.) escribió las Metamorfosis y los Fastos. La primera obra, inspirada en la similar de Nicandro, relata mitos griegos; la segunda versa sobre leyendas romanas y, constituye además un calendario poético de las fiestas de Roma, abarcando los seis primeros meses.

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Siguiendo los pasos de Calímaco, Propercio (47 a.C.-15 d.C.) cuenta, en el libro IV de sus Elegías, leyendas sobre fundaciones de ciudades y sobre la institución de los ritos romanos. Estacio (45-96 d.C.) consagró algunos de los poemas de sus Silvae al mismo tiempo de investigación y retomó la tradición cíclica en las epopeyas Tebaida y Aquileida. En la misma época Valerio Flaco compuso Los Argonautas, inspirado en las Argonáuticas de Apolonio de Rodas (295?-215 a.C.).

Fijada en sus grandes líneas y despojada de la base popular y religiosa, la mitología evolucionó según múltiples caminos: se convirtió en fuente de simbolismo místico o moralizante, o en inspiración para los artistas plásticos (especialemente en el Renacimiento). Dejó de ser una colección de creencias para convertirse en instrumento de expresión retórica o poética. La filosofía del Romanticismo (particularmente Schelling 1775-1854) valorizó los mitos y los promovió a arquetipos explicativos. Incluso hoy en día los pensadores y los artistas, buscan, en la mitología, base, temática o inspiración para sus obras.

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