Las geografías de la conciencia en las novelas de Gabriel Miró

Gabriel Miró es el escritor alicantino por antonomasia. Decir Gabriel Miró es decir Alicante. Su extraordinario estilo desentrañó mejor que nadie la experiencia personal de estar física y espiritualmente presente en esta región. Aún cuando Miró se trasladó primero a Barcelona y luego a Madrid, seguía ahondando en sus riquezas de la geografía alicantina para escribir El abuelo del rey, El humo dormido, Libro de Sigüenza, Nuestro Padre San Daniel, El obispo leproso y Años y leguas cuya acción en todos los casos se desarrolla principalmente en la provincia de Alicante. Sería imposible pensar en la obra mironiana sin “el huerto provinciano”, sin la sierra Aitana, el Peñón de Ifach, Oleza-Orihuela, Serosca-Alcoy, Denia, Polop ni Guadalest.  Por otro lado, Agnès Salavin nos recuerda que “abundan referencias a lugares geográficos más o menos alejados del espacio de la diégesis: La Mancha […]”

Las geografías de la conciencia en las novelas de Gabriel Miró

En un artículo sobre caminos y lugares de El obispo leproso, Ian Macdonald recalca la importancia de las vías de comunicación en la obra de Miró, sobre todo las carreteras y el ferrocarril en la novela de Oleza. Para proyectar la conciencia colectiva de la España finisecular cuando el país estaba en pleno proceso de modernización, una modernización difícil y no siempre lograda, pero que quedaba como un potencial a realizar, Miró ensancha la geografía de sus novelas más allá de Alicante principalmente por medio de la conciencia de sus personajes.

Hoy se habla mucho de lo que encontramos en la era de la globalización económica y cultural, pero debemos recordar que ese proceso tiene sus orígenes en el siglo diecinueve con la expansión del comercio hecha posible por los nuevos inventos: el tren y el barco de vapor. Estos inventos son las llaves que abren Alicante al resto de España y al extranjero. En un ensayo titulado De España y de América, Miró emplea un vocabulario relacionado con la familia para indicar la conciencia de parentesco que España sentía por sus antiguas colonias americanas: “Antes y mejor habían de cortar su cordoncito nuestras criaturas coloniales, ya que, lejos de nutrirse de nosotros, […]”.

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Entre 1882 y 1920 salieron 860.000 personas de España, principalmente a la América Latina; las razones solían ser económicas, pero la guerra de 1898 produjo un número crecido de hombres que buscaban escapar del servicio militar. Poder emigrar, por lo menos temporalmente, era un sueño de miles de españoles, un sueño que Miró sabía representar magistralmente.

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Las novelas de Gabriel Miró logran captar la sensación que tendrían los habitantes de un país que está experimentando un cambio tan fundamental en sus parámetros geográficos, la sensación de que las fronteras de las localidades y de la España en general se iban derrumbando. Es sumamente importante que en las novelas de Miró apenas vemos viajar a ningún personaje; el ensanchamiento de la geografía se efectúa casi siempre a través de la conciencia de algunos personajes. También evocan la promesa de un desplazamiento a otras geografías los muchos ferrocarriles y barcos de vapor que aparecen en la novelística mironiana.

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Tres novelas evocan el tema del hortus conclusus quizás mucho más que las otras: Las cerezas del cementerio, El abuelo del rey y Dentro del cercado. La acción de las tres se desarrolla en su mayor parte en el interior de la provincia alicantina, en un área rural donde la gente demuestra una actitud sumamente tradicional y reacia frente a todo lo moderno.

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Resulta algo más positivo el contacto con el exterior en Dentro del Cercado y en Niño y grande. El encerramiento en lo local se sugiere en el mismo título de Dentro del cercado, pero la promesa de una vida más abierta al mundo de fuera surge muy pronto. Este patrón de encerramiento, tanto geográfico como espiritual, abierto por un medio moderno de transporte, forma el eje de las dos últimas novelas de Miró, sus obras maestras. Nuestro Padre San Daniel evoca el largo enclaustramiento del interior de la provincia de Alicante en Orihuela, que se enmascara como Oleza, encerramiento que se romperá en El Obispo Leproso. Las geografías de la conciencia en las novelas de Gabriel Miró

Alicante en las novelas de Miró, en vez de hortus conclusus, es un cruce de caminos. Desde Alicante se va a todos los puntos del mundo. El movimiento en las novelas mironianas es un vaivén entre lo interior y lo exterior, lo centrípeto y lo centrífugo, que existe principalmente en la conciencia de los personajes. Miró es el gran maestro que capta no sólo la conciencia individual de sus personajes, sino también la conciencia de su época, la época en que España se despertaba a la transformación del mundo comercial moderno, al mismo tiempo que mantenía una conciencia de su estatus como poder imperial en declinación. De allí, surge la ambigüedad que se proyecta en las novelas de Miró frente a lo extranjero y las posibilidades de una vida mejor que parece ofrece el contacto con la otredad geográfica.

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(Roberta Johnson – University of Kansas en Actas del II Simposio Internacional “Gabriel Miró”)

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