Las cerezas del cementerio de Gabriel Miró publicada en 1910. Amores de un joven atractivo y decadente que abre un paréntesis en su abulia para dejarse arrebatar por la pasión.

 

 

Luego regresará de nuevo a su abatimiento. Félix Valdivia ha de interrumpir sus estudios de ingeniero en Barcelona en busca del necesario reposo que exige su salud.

En el barco que lo lleva a un desconocido pueblo levantino conoce a Beatriz y a su hija Julia.

Las cerezas del cementerio de Gabriel MiróEntre la madre y él se desata una pasión amorosa y romántica. Las entrevistas de los amantes se ven propiciadas y favorecidas por la coincidencia de los domicilios cuando el marido de Beatriz alquila una casa junto a la de Félix, quien, aunque enfermo, vive con intensidad su pasión sin que sus familiares consigan alejarlo.

La muerte del antiguo amante de Beatriz, Guillermo, tío de Félix, pende ejemplificante en el pasado y augura el desenlace. Ve por eso el joven enamorado en un vecino inofensivo, el señor Giner; el espectro del asesino de su tío.

Los amores terminan con la muerte del alocado e impetuoso joven después de que la intensidad de sus vivencias y su frágil sensibilidad debiliten y detengan su corazón. Beatriz e Isabel, en una escena última, degustan y saborean las cerezas nacidas en las tierras del cementerio donde Félix descansa eternamente y que sirve de título a la obra.

Despliegue de las portentosas dotes descriptivas del autor. Alardes pronósticos destilados página a página, gota a gota.

Lo de menos es el argumento, lo principal son las descripciones, y entre ellas la del paisaje de pueblos, ciudades y campo.

Un aire de voluptuosidad refinada sopla por las páginas de una historia en la que la crudeza de las situaciones queda velada con bellas y escogidas palabras para que no choquen al lector y no se dé por ofendido.

Beatriz es la mujer casada e insatisfecha; Julia, su hija, carente de la experiencia erótica de su madre, es inocente e ingenua. Isabel, esposa de un hombre tosco, representa la llamada de la carne.

Para Nora, <<contiene elementos suficientes para formar una excelente novela; pero estos elementos quedan “fuera” de su núcleo, sin fundirse con él, dispares y superpuestos.

La primera novela extensa de Miró se nos revela así, más inequívocamente que en los anteriores relatos cortos, orientada no hacia la verdadera novela, sino hacia el “poema descriptivo-narrativo”, hacia la égloga idílica y campestre impregnada de romanticismo quintaesenciado, sensual y decadente>>.

Las cerezas del cementerio de Gabriel Miró
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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