Las bibliotecas en los siglos IV y III a.C.

Pueden llamarse bibliotecas las más abundantes colecciones que se van acumulando a lo largo del siglo IV en los centros atenienses de enseñanza superior o en otros fuera de Atenas, como la escuela hipocrática de medicina de Cos, que se había iniciado en el siglo anterior.

Las bibliotecas en los siglos IV y III a.C.

Estos centros fueron promotores de la creación intelectual, de la producción de libros y de su difusión fuera de la ciudad hacia personas que al volver a sus ciudades, seguían interesados en conocer las novedades intelectuales atenienses, como Clearco de Heraclea, discípulo en Atenas de Platón e Isócrates, que fundó una biblioteca en su ciudad.

El ateniense Isócrates (436-338 a.C.) se sintió atraído en su juventud por los sofistas y fue seguidor de Pródico, Gorgias, Protágoras y Sócrates. Tuvo que ganarse la vida como logógrafo, escribiendo discursos para que otros los recitaran en el foro en defensa de sus intereses. Pero la fama le vino como profesor de retórica. Escribió muchos discursos que no leyó personalmente porque carecía de las condiciones mínimas de orador.

Mantuvo abierta durante medio siglo una escuela en un suburbio de Atenas, cerca del Liceo donde después Aristóteles estableció la suya.

En sus discursos escritos configuró el contenido de la cultura clásica, entendida como un conjunto de conocimientos y valores que debía poseer una persona educada, y al que después en Roma se llamó artes liberales.

Su pensamiento político quedó corroborado por los sucesos históricos. Definió la unidad griega como una unidad de educación, no étnica y exhortó continuamente a los griegos a superar sus diferencias aldeanas y a asociarse para la empresa de dominar el imperio persa donde tantos griegos podían encontrar el bienestar económico.

La formación impartida por Isócrates fue oral. Pero utilizó con generosidad la palabra escrita. Obligaba a sus alumnos a leer, comentar e imitar las obras de los grandes escritores, entre los cuales estaban los discursos del propio Isócrates.

Platón (427-347 a.C.) fundó en su ciudad, hacia el año 387, una escuela para la enseñanza superior en el gimnasio Academia, situado en el campo a un par de kilómetros de la puerta Dipilón de la muralla, donde los muchachos de las buenas familias realizaban ejercicios atléticos.

En la creación de la Academia, institución que había de durar nueve siglos, hasta que Justiniano ordenó su cierre en el año 524, confluyeron varias causas. En primer lugar, la demanda existente en Atenas de enseñanza superior, que venían atendiendo los sofistas y los profesores de retórica; el segundo, el deseo de seguir el camino iniciado por Sócrates; en tercero, la influencia de las escuelas de escribas mesopotámicas y egipcias, conocidas por los griegos, y por último, la fuerte impresión que dejaron en él los grupos pitagóricos que habían formado unas comunidades que recuerdan los monasterios medievales.

La idea motora era la convivencia en un lugar donde fuera posible estudiar y cambiar impresiones gratamente, en un ambiente tranquilo y lejos de las molestias de la urbe. Deseaba capacitar a los hombres para la política. Sin embargo, no se sabe en qué consistía la enseñanza impartida ni la metodología empleada.

No hay noticias directas de la biblioteca que se fue formando en la Academia a base de las obras adquiridas por Platón y de las escritas por él y sus discípulos.

La obra de Aristóteles gozó de tal consideración en el medievo que cristianos, judíos y musulmanes le llamaron <<el filósofo>> y ha caracterizado la orientación y el contenido de la civilización europea.

En el año 335 fundó en esta ciudad su propia escuela, en el gimnasio Liceo, llamado así por un templo dedicado a Apolo Licio. La escuela fue conocida con el nombre de gimnasio y también con el de Peripatos.

El Liceo tenía un templo dedicado a las musas, el museo, y, como ella, constituía un thiasos o cofradía, que gozaba de especial protección de la ley ateniense. Las enseñanzas que en él se impartían abarcaban una gran variedad de materias: biología, ética, política, retórica, lógica y metafísica. Mientras que la Academia dio gran importancia a las matemáticas, el Liceo centró su interés en la biología y en la historia.

No falta información sobre la biblioteca que Aristóteles creó en el Liceo y sobre la suerte que corrió.

Estrabón en su Geografía dice que fue el primer hombre que reunió libros, y que enseñó a los reyes egipcios cómo organizar una biblioteca. Y si no formó la primera biblioteca, porque antes de él otros hombres tuvieron libros en sus casas y algunos centros de enseñanza reunieron una biblioteca de trabajo, al menos nadie antes de él juntó tan gran cantidad de libros, entre los cuales se encontraban sus obras y el material bibliográfico reunido para componerlas. Como es sabido eran de tres tipos: exotéricas, hypomnémata y acroamáticas. Las primeras admiradas por Cicerón y destinadas a ser publicadas y consiguientemente a la circulación, se han perdido. Las segundas eran recordatorios que hoy hay que llamarlos estudios e informes, en las que se recogía información histórica y científica. Las últimas llamadas también pragmaticai, eran tratados hechos con apuntes de las lecciones orales.

Aunque no tenemos más que noticias sueltas y ocasionales, se sabe que, después de la creación de la Biblioteca de Alejandría, el número de bibliotecas creció al generalizarse la transmisión del pensamiento a través del libro. Se sabe que los estudiosos acudían a bibliotecas públicas y privadas, como las existentes en Cos, Rodas, Esmirna, Patrás y Corinto.

La única biblioteca que pudo rivalizar con la de Alejandría en el mundo griego fue la de Pérgamo, reino de Asia Menor no tan extenso y de duración más corta que el de los Ptolomeo, cuyos reyes, denominados atálidas, fueron protectores del arte.

En la colina escogida por los reyes para establecer la acrópolis, que fue excavada por los alemanes estaban el palacio, el altar de Zeus y el templo de Atenea. Junto a éste, había un gran patio cerrado por dos pórticos con columnas y una gran sala en la que los restos arqueológicos parecen indicar que allí estaba instalada la biblioteca. En efecto, han aparecido en las paredes filas de unos agujeros que parecen destinadas a sujetar estanterías y unas basas con los nombres de Heródoto, Homero, Alceo y Timoteo de Mileto, sobre las que descansarían los respectivos bustos.

La biblioteca fue fundada, según Estrabón, por Eumenes II (197-159 a.C.) y su primer director fue Crates de Malos, un filósofo estoico que alcanzó gran prestigio en Roma, a donde se desplazó como embajador del rey. Hay noticias de unos Pinaques hechos en Pérgamo e imitación a los de Calímaco, pero mucho menos importantes. También sobre la cantidad de volúmenes que pudo llegar a reunir. Plutarco en su vida de Marco Antonio habla de que éste ofreció a Cleopatra 200.000 volúmenes de esta biblioteca para reponer el daño que en la de Alejandría ocasionó el incendio en tiempo de César, noticia que, aunque no parece cierta, da una idea de la importancia de la creación de Eumenes. Al ser la de Alejandría y la de Pérgamo las dos más grandes bibliotecas de la Antigüedad, es natural que se hayan difundido noticias sobre una posible rivalidad entre ambas.

(Fuente. Historia de las Bibliotecas / Hipólito Escobar)

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