El teatro entre 1721 y 1736

José de Cañizares

Continúa estrenando comedias y zarzuelas. Los títulos más significativos son los siguientes: Amando bien no se ofenderá un desdén (1721), la zarzuela Angélica y Medoro (1721), La muerte viva y admirable Santa Cristina (1723), Fieras afemina amor (1724), De los encantos de amor la música es el mayor (1725), Santa Brígida (1727), Amor aumenta el valor (1728), Las tres comedias en una (1729), Música, discreta y santa, Santa Matilde (1729), la zarzuela Milagro es hallar verdad (1732), La boba discreta (1733). En literatura dramática es indudablemente Cañizares el autor más popular. Entre 1721 y 1756 estrena, por lo menos, dieciocho obras, de las cuales siete son de vida de santos. Es un autor muy poco estudiado, pero que merecería una investigación seria y profunda.

Antonio de Zamora

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Antonio de Zamora que muere en 1728, estrena las zarzuelas Celos no guardan respeto (1723) y Locuras hay que dan juicio y sueños que son verdad (1726) y en el mismo 1728 en que muere parece que estrena otra zarzuela, de tema clásico, Hércules furente. Junto a estos dos autores estrenan también Armesto y Quiroga, Reinoso y Quiñones, Luis Billet, Nicolás Molina, Francisco de Cuadros y alguno más, todos sin demasiado interés. Predominan las comedias de vidas de santos.

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Del resto de la literatura dramática de esta época solo cabe decir que repite fórmulas tradicionales, sin que apenas se advierta algún síntoma de evolución. En realidad el género dramático ha sido en la primera mitad del siglo XVIII más reacio a los cambios que ningún otro género literario, en lo que sin duda ha tenido mucho que ver el carácter de espectáculo y por lo mismo el gusto del público.

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En consecuencia, en estos años de 1721 a 1736 lo que se advierte en la literatura española es la pervivencia del barroco manierista, en su forma de barroquismo de transición, ya con evidentes signos de algo trasnochado, en tanto que es atacado de frente por una parte de la comunidad intelectual. Lo curioso es acaso el constar que la Universidad se ha transformado, en general, en el reducto de todo lo viejo, que es incapaz de salir de una cultura fundada en la autoridad y que solo algunos pocos de sus maestros anuncian, propugnan o provocan un cambio, como en arte será el extranjerizante modo cortesano el que inicie nuevos rumbos.

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