Visita Biblioteca Nacional de España ¡Un día inolvidable!

Los últimos días del año 2014 jugaban a morir, al tiempo que dos intrépidas aventureras: Eva María Galán y Rebecca van Winter nos disponíamos a convertir en realidad un sueño; visitar la Biblioteca Nacional de España, ese magnífico lugar con el que tantas veces habíamos soñado e imaginado.

Tuvimos la suerte de tener dos cicerones de excepción que a continuación os presentaré que convirtieron en mágico ese sueño.

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Es por esto, que conjuntamente hemos aunado recuerdos y sentimientos para dar forma a este texto y ya que soy la primera en romper el hielo os contaré—ahora que no nos oye nadie—que nos embarcamos en esta aventura investigadora y literaria para matar dos pájaros de un solo tiro, si se me permite el símil.

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Primero porque nos estaban esperando, para hacer de Cicerón, nada más y nada menos que Doña Milagros del Corral—directora de la Biblioteca Nacional durante los años 2007 al 2010 y artífice de llevar una Biblioteca que cuenta en su interior con más de 30 millones de volúmenes entre sus entrañas de los años setenta, al siglo XXI, al ser la pionera y la forjadora de un equipo de trabajo unificado y amante de las letras. A apostar por la digitalización y por posicionar la BNE en el paisaje europeo, latinoamericano y mundial— y D. Antonio León-Sotelo actual jefe del servicio de actividades culturales, y de cual tantas cosas bellas aprendimos.

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—Perdona Rebecca que te interrumpa. Creo que debemos narrar las cosas con detenimiento y desde el principio para que nuestros lectores no se pierdan, ¿no te parece?

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Levanto las manos y sonrío.

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—¡Eva, llevas razón!

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—Se te ha olvidado algo que hicimos nada más llegar…

—¿Desayunar?, por que llegamos famélicas.

Eva ríe mi ocurrencia.

—Bueno, eso también, pero no iban por ahí los tiros. Te recuerdo que yo me encargue de la programación de la agenda—levanta las manos—reconozco que apretada.

—¡muy, muy apretada!

Eva sonríe.

—¡Vale!. Muy, muy apretada y lo primero que hicimos fue validar nuestros carnets de investigadoras de la BNE (Biblioteca Nacional de España) in situ ¡vamos!. La excusa perfecta para mover cielo y tierra y como siempre conseguir todo lo que nos proponemos. Un carnet dirigido a personas que están realizando una investigación con una vigencia de tres años y que permite consultar todos los fondos de la Biblioteca, excepto aquellos cuya consulta o utilización se halle restringida por razones de seguridad o conservación. Esa fue la justificación de nuestro viaje a Madrid.

—¡Cierto, llevas razón! Fueron tantas cosas las realizadas en un día de excursión que se me olvida el orden.

Eva guiña un ojo.

—Por eso lo desarrollamos juntas…ya sabes, cuatro ojos y dos mentes; mejor que una ¿Ok?

—Ok—le sonrío.

—Y ahora sí, el segundo punto, aunque no por importancia. La visita a la Biblioteca privada del Palacio Real de la mano de Pablo Andrés Escapa. Menos mal que lo dejamos para la tarde—sonríe.

—¡Bien, Eva! y ahora que hemos posicionado a nuestros lectores en el motivo de nuestro viaje ¿qué destacarías al conocer en persona a Milagros del Corral y a Antonio León-Sotelo Amat, que con tanto esmero nos llevaron y explicaron cada sala en la BNE?

—¡Uf! De Milagros destacar tantas y tantas cosas; una mujer como pocas existen en este planeta o en este mundo de locos. Una mujer con alma, con carisma y con un corazón que no le cabe en el pecho, con una amabilidad aplastante y con un conocimiento impresionante. Nos abrió las puertas de la que fue su casa para hacer uno de nuestros sueños realidad, acceder de su mano a todos los rincones de ese magnífico lugar.—evoca Eva; evocamos juntas ese momento.

De nuevo Eva se adelanta a mis propios pensamientos.

—¿Te acuerdas cuando entramos en la sala de recepción donde se reúnen los consejeros de la Biblioteca y eligen al nuev@ director/a de la Biblioteca Nacional?—asiento ensimismada—. Entrar en esa sala donde guardan a modo de exposición curiosidades de la misma; armarios antiquísimos; los tapices… Acceder a la sala de estudio, ¡que gusto estudiar en ese magnífico lugar!

—Oh perdernos por los depósitos de la Biblioteca. ¡Qué maravilla!

—¿Te acuerdas el entusiasmo de las dos, los recuerdos que evocamos al ver las fichas manuales tan bien conservadas, para rematar la visita? ¿Y la Sala Cervantes? ¡qué magia destila! Una sala donde se guardan incunables, libros de fondo antiguo, etc. y con una vigilancia extrema con cámaras hasta en los focos de la luz— sonríe preñada de nostalgia y recuerdos—¿Y tú? ¿Qué destacarías?

Pienso durante unos segundos.

—Profesionalidad y amor, ¡no perdón!…pasión de ambos; Milagros y Antonio, por su trabajo, al margen de una visión de futuro inmensas, no solo por apostar por una «obra faraónica» la Digitalización de los volúmenes, vuelvo a recordar que son más de 30 millones de piezas y suma y sigue cada año, sino por acometer otra propuesta muy, muy novedosa y titánica: barrer internet e intentar archivar cuanto en ella aparece.

—¡Sin duda!—asiente Eva—, a mí por ejemplo, me resultó increíble que se recogieran muestras de todo: menús de restaurantes; recordatorios de comunión y tarjetas de boda; envoltorios de papel con los que iban envueltas antes las naranjas; folletos del Carrefour para que dentro de 100 años o más, cuando investiguen acerca del mercado y la manera de publicitar, se pueda comparar, exhibir y explicar cómo se hacía. Todo ello está englobado dentro de la colección Ephemera: tarjetas postales, menús de época, anuncios publicitarios, recordatorios de comunión, y un sinfín de cosas más.

—¿Y recuerdas los recortables de moda con los que jugábamos de niñas que estaban expuestos en una vitrina? Eso me encantó—evoco presa de la emoción.

—Sí, a mí también me gustó mucho, pero ¿sabes lo que más?, aparte de no cerrar la boca durante toda la visita. El entusiasmo que transmitía la gente que allí estaba trabajando, la ilusión y las ganas con que se veía que realizaban su trabajo y el buen ambiente entre compañeros que se respiraba.

Y es cierto queridos lectores de Eva y de su web: Alquiblaweb y de mi página web: Rebecca van Winter. Cuando trabajas por motivación, en aquello que te gusta, el trabajo, no es tal, sino una bendición, un placer, un juego, habrás oído cientos de veces que transmites a aquellos que están a tu alrededor y en eso coincidimos las dos al observar a la familia de la Biblioteca Nacional de España; profesionalidad, y el amor por los libros que se respira allí, como si todo hubiera sido regado con el mismo perfume.

El perfume del saber.

Rebecca van Winter y Eva María Galan

 

 

 

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