La lectura y la sociedad del conocimiento

Si recordamos la pirámide de Maslow, el ejercicio lector no quedaría encuadrado en la base de la pirámide, entre las necesidades básicas, sino más bien en la zona más alta de la misma. Este hecho objetivo provoca que muchas personas vivan su día a día sin la necesidad de acercarse a un libro, prefiriendo otro tipo de entretenimientos para ocupar su tiempo libre.

La lectura y la sociedad del conocimiento

De todas formas esta posición hacia la lectura no es algo nuevo o característico de nuestra sociedad porque, si a las estadísticas nos remitimos, nunca antes ha habido tantos lectores. En otras épocas los escritores eran unos pocos eruditos y los lectores unos pocos nobles o burgueses que disponían de tiempo porque no realizaban ningún trabajo, en muchos casos, y tenían medios económicos para adquirir los libros. La lectura se convertía más en un acto de exclusión que de inclusión.

Sabiendo esto es importante partir de esta premisa para analizar la realidad de una manera menos pesimista, aunque si bien se deben analizar los datos y ser conscientes de que la lectura ha de ser una actividad fomentada y promocionada, puesto que supone la base del conocimiento, elemento fundamental para el desarrollo de las personas.

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Analizando la situación actual vemos que España es el quinto país del mundo en producción editorial, con más de 60.000 novedades anuales; es decir, somos una gran potencia editorial, aunque no tanto lectora, comparándolo con el nivel de ventas y aún menos en el nivel de lectura. Esto se debe en su mayoría a las exigencias que propone el mercado: como ya hemos mencionado, en la actualidad, el ocio suele relacionarse con actividades grupales donde las nuevas tecnologías (televisión, cine, internet, videojuegos) desempeñan un papel protagonista.

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La mayoría de las veces se suele fijar la vista en la escuela y se olvida el entorno social y familiar del escolar para el desarrollo y fomento de la lectura, elemento de suma importancia si tenemos en cuenta que el hábito de la lectura voluntaria suele adquirirse en casa, no en la escuela, puesto que se ha demostrado que muchas de las conductas son aprendidas por los niños en el medio familiar. Deberemos tener en cuenta, de esta manera, tres elementos de gran importancia para el desarrollo de las cualidades lectoras en el escolar:

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  • La familia: debe ser la base desde la que se asienten los hábitos lectores. El niño/a debe ver en casa un ambiente propicio para la lectura. Es más fácil que el niño adopte este hábito si ve que los padres leen.
  • La escuela: es la encargada de llevar a cabo lo que se ha venido asentando y propiciando desde casa, la encargada de la competencia lectora. Debe continuarse el ambiente lector con estrategias que impulsen este hábito.
  • La biblioteca: es un complemento del aula y debe estar al servicio del desarrollo curricular.

Se habla de una desnaturalización lectora que afecta a lo que se lee, aunque no a la cantidad de lecturas (Gil Calvo, 2001). Como acabamos de mencionar hoy hay más lectores que nunca en la historia; pero la pregunta que surge es: ¿qué se lee? Las funciones de la literatura son muchas, según las distintas maneras de acercarnos a los textos: desde ampliar nuestro conocimiento del mundo hasta el mero entretenimiento, siendo todas las alternativas igual de respetables.

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De lo que no cabe la menor duda es de que en la sociedad del conocimiento la competencia lectora debe ser una exigencia para todos los ciudadanos. La lectura es el hábito desde el que debe construirse la sociedad del conocimiento como elemento que integra a todas las personas. La alfabetización es un derecho universal de todas las sociedades, porque el valor instrumental de la lectura permitirá a los ciudadanos participar, autónoma y libremente, en la sociedad del conocimiento. La sociedad del conocimiento está, por tanto, íntimamente relacionada con la lectura; o a la inversa, si se quiere.

Lectores tradicionales y nuevos lectores

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Se está comprobando últimamente un aumento de usuarios de bibliotecas y de actividades de animación a la lectura, aunque este aumento no es indicativo de que se produzca un aumento en la actividad lectora, ya que muchos usuarios acuden a las bibliotecas a solicitar material audiovisual o a navegar por internet.

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Por otra parte, las actividades de animación a la lectura muchas veces se reducen a hechos puntuales, a un espectáculo con cuentacuentos o a un juego que tiene más que ver con el ocio y el tiempo libre que con la promoción de la lectura.

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Los cambios en los modos de comunicación y en la sociedad hacen que la lectura tenga que afrontar nuevos retos, retos que van a exigir lectores capaces de responder desde la libertad y la autonomía crítica. En este caso debemos hablar de dos tipos de lectores:

  • Lector tradicional: es un lector de libros, lector competente, lector literario que, además, lee en los nuevos soportes de lectura.
  • Lector nuevo: se trata de un lector interesado por la incorporación de las nuevas tecnologías a la sociedad. Es un lector que utiliza este soporte para leer y que nunca ha sido lector habitual de libros. Tiene dificultad para discriminar mensajes y para comprender y expresar mensajes abstractos.

2 pensamientos sobre “La lectura y la sociedad del conocimiento

    1. Gracias por sus felicitaciones. Le invito a continuar leyendo los artículos que publico. UN cordial saludo y gracias de nuevo. Eva

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