Estrategias para mejorar la lectura en la familia

Durante los últimos años, organizaciones como la “American Booksellers Association”, la “Association of Booksellers for Children” y la “American Library” han promovido la idea de que el proceso lector empieza en casa, con los adultos leyendo a los niños. Muchos sistemas educativos han adoptado programas en los que los padres se comprometen a leer en voz alta con sus hijos durante un tiempo específico cada día. La “American Academy of Pediatrics” anima a los pediatras a dar a los niños menores de cinco años un libro cada vez que tienen consulta con ellos. Se bombardea a los padres con la idea de que la escuela en sí misma no puede producir lectores y se les dice que está en sus manos iniciar este proceso cuando los niños son muy pequeños, rodeándolos de libros y leyéndoles a diario. Conformar una biblioteca en casa, no importa lo modesta que sea, es un elemento clave en el proceso. 

Todo esto es bien intencionado y bueno en sí mismo. Sin embargo, de acuerdo con lo que los libreros y bibliotecarios han podido observar, también puede producir gran ansiedad y sentimientos de culpa en algunos padres y madres a los que les surgen interrogantes a los que, en muchas ocasiones, no tienen respuesta. ¿Qué pasa si dejan de leer un día? ¿Puedes leerme “Abran paso a los patitos” por centésima vez? ¿Podemos leer otro capítulo? ¿Podemos leer este libro largo, largo, largo? Los padres con frecuencia están muy cansados, ocupados o tensos para leer. Leer en familia toma tiempo e implica compromiso, y las buenas intenciones se pierden fácilmente y se diluyen en las minucias de cada día.

Comprar libros para niños puede ser, en muchos casos, una tarea incómoda para los padres y las madres. Existen padres y madres que han oído decir a los amigos que leer a los hijos es importante, pero no saben por dónde empezar. Sus propias experiencias de lectura en la infancia están perdidas en la confusa vaguedad de su memoria. Enfrentarse al vertiginoso despliegue de los libros actualmente disponibles para niños puede resultar abrumador.

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Para resolver, en la medida de lo posible, todas estas dificultades, propondremos una serie de sugerencias que ayuden a hacer de la visita a la librería una experiencia positiva. Hay una gran diferencia entre escoger libros en una biblioteca y escoger libros en una librería. Introducir el elemento comercial genera recelos en padres normalmente sensatos. En la biblioteca, los padres tienden a ser más flexibles y laxos con sus hijos en la selección de los libros (después de todo, las equivocaciones no cuestan y el libro se puede devolver). Sin embargo, cuando el libro va a ser comprado, la transacción se vuelve más significativa y el asunto del “valor relativo” del libro adquiere mayor importancia que el asunto de si el niño lo va a leer y a disfrutar. Algunos consejos sencillos pueden aumentar las posibilidades de hacer coincidir de manera exitosa libro y niño.

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Las estrategias de lectura vienen a representar un conjunto de procedimientos cuya intención es alcanzar la comprensión global del texto. De ahí que contribuyan a desarrollar habilidades básicas en los estudiantes y lectores en general.

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Pensar en la lectura como un hecho estratégico es saber que leer es una actividad personal, voluntaria en primera instancia, en la cual los lectores pueden comportarse de forma diferente dependiendo del tipo de texto, el propósito y el tema tratado. Entonces, para lograr comprender un texto será necesario suscitar acciones que propicien la multiplicidad de lecturas. Las estrategias se enseñan con el propósito de que el alumno comprenda el texto y de crear lectores autónomos, capaces de entender inteligentemente un texto, independientemente del tema. En cuanto a las misiones que llevan consigo una estrategia de lectura, esta autora menciona las siguientes (Solé, 2002):

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  • Comprensión de los propósitos implícitos y explícitos de la lectura.
  • Activación de conocimientos previos que se ajusten a la temática a desarrollar.
  • Enfoque de la atención en lo básico, dejando de lado lo superficial o irrelevante para ese momento.
  • Establecimiento de las relaciones entre el contenido por ejecutar y el contenido del texto por utilizar en la estrategia.
  • Verificación permanente en relación al logro de la comprensión del texto.
  • Elaboración y comprobación constante de inferencias e hipótesis diversas que contribuyan a solucionar problemas durante o después de la lectura.

Es así como la comprensión del texto es en principio endógena y particular, para luego transformarse en intercambio social, producto de la experiencia compartida. La estrategia, en primer lugar, es internalizada por el docente y el alumno, luego ambos las ejecutan sin inconvenientes.

Una habilidad de lectura se concibe, en este estudio, como un conjunto de procedimientos organizados orientados al logro de una meta, una de ellas será ayudar al alumnado a construir su aprendizaje. Para ello se debe tener en consideración que (Fraca, 2002):

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  • La lectura debe enseñarse estratégicamente. Esto implica propiciar un ambiente para un aprendizaje efectivo, constructivo y significativo, lo que exige estar preparado para proporcionar estrategias y aprendizajes acordes con los requerimientos curriculares que permitan la permanencia o modificación de creencias, actitudes y comportamientos.
  • Se deben emplear estrategias que promuevan la reflexión.
  • Conocer el tipo de conocimiento que se desea impartir y la información curricular que se desea abordar.
  • Tener claro el conocimiento acerca de los objetivos y metas que se desean obtener, así como las habilidades cognitivas y metacognitivas que debe lograr el alumno o alumna.
  • Prestar atención durante todo el proceso, así como indagar en los marcos de conocimiento previo del estudiantado.
  • Considerar los diferentes ritmos de aprendizajes, actitudes, motivaciones e intereses.

Llevar adelante un programa de lectura con nuestro hijo requiere por nuestra parte entusiasmo y certeza. El entusiasmo será el ingrediente que aderezará y comunicará alegría, juego y distracción, maneras naturales de aprender del niño; la certeza nos ayudará a confiar plenamente en que nuestro hijo puede leer con facilidad y que eso es bueno para él. Con estas dos actitudes básicas estaremos transmitiendo al niño la importancia de la tarea que emprendemos, a la vez que nos ofrecemos a compartir con él nuevos momentos de aprendizaje y descubrimiento. A partir de aquí:

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Tomar el tiempo necesario. El tiempo dedicado a escoger un libro es tan importante como el tiempo dedicado a leerlo. Una acción precipitada no es nunca satisfactoria. Se debe reservar un tiempo para visitar la librería. Vale la pena viajar un poco más lejos a una buena librería para niños o a una librería general con una excelente sección para niños. Allí pueden recibir ayuda de alguien competente y bien informado.

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No siempre es posible ir de compras sin los niños, pero si un día se puede visitar la librería sin ellos se podrá aprovechar mejor el tiempo y posiblemente disfrutarlo. Si se va con ellos, se deben integrar como parte activa de la experiencia de comprar. A los niños más grandes se les debe dar tiempo para hojear por sí mismos. Hágales saber con anticipación si podrán comprar algo y cuénteles las restricciones de precio y cantidad. Si se establecen los límites con anterioridad se pueden evitar las discusiones en la caja. Ensaye los libros con los niños menores. Para evitar la frustración es buena idea ver si su hijo responde o no al título que usted seleccionó. Tenga en cuenta que si el libro lo atrapa, usted tendrá que leerlo una y otra vez.

Confianza en uno mismo. Se debe aparentar saber mucho más de lo que en realidad se sabe y ser tan específico como se pueda al solicitar ayuda.

Hay varios conceptos erróneos a los que se enfrentan los libreros una y otra vez. Uno de ellos hace referencia a la idea de que hay un tiempo “adecuado” para empezar a leer a los niños. Otro, que por alguna razón parece ser muy apreciado por algunos padres, plantea que hay una especie de canon de la literatura infantil, una especie de colección de “Grandes libros” que pueden ser adquiridos para garantizar que los hijos e hijas vayan más adelante que cualquier otro niño de dos años y continúe teniendo éxito hasta ingresar en Harvard. Y el tercero afirma que hay una manera correcta de leer a los niños, una especie de Santo Grial en el tono y la expresión, que asegura que cualquier experiencia de lectura sea memorable.

Todas estas creencias son falsas. Nunca es muy temprano, pero tampoco muy tarde para leerle a un niño. El tiempo perdido se puede recuperar. Lo importante es empezar ahora. Aunque algunos libros han adquirido el estatus de “clásicos”, ningún conjunto de títulos va a satisfacer las necesidades de todos los niños y niñas. Libros que atraen y agradan a un niño pueden decepcionar a otro. Y lo importante, con respecto a la lectura, no es el cómo se hace, sino el hecho de que se hace. Establecer la conexión de lectura entre padres e hijos es un aspecto mucho más importante que desarrollar excelentes habilidades lectoras.

Se deben seleccionar libros con los que los propios padres y madres disfruten. Si el padre o la madre odian un libro el desagrado se transmitirá a los hijos e hijas y la experiencia de lectura se reducirá a una tarea, no será una actividad placentera.

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Practicar la escucha. Si los padres no buscan el tiempo, van camino de hacerle perder a sus hijos el entusiasmo por los libros; y si ellos están cansados de los libros para los más pequeños, va a perder el entusiasmo también. Los hijos son los que hacen saber para qué tipo de libros están listos en la medida en que crezcan. Con frecuencia observamos a los padres haciendo caso omiso de los gustos e intereses de sus hijos. De esta manera, los libros adquiridos con la mejor intención del mundo permanecerán sin ser leídos o amados.

El nivel de lectura que se sugiere en algunos libros desorienta y hace que muchos padres de niños y niñas en edad escolar pierdan el sentido en la selección de un libro. Una y otra vez escuchamos a los padres preguntar por libros para el “nivel de sexto curso”, y después de interrogarlos juiciosamente, descubrimos que el libro que quieren comprar es para un niño de “tercer curso”. Cuando sugerimos libros más apropiados para su edad, nos encontramos con la objeción, “Pero si su profesora dice que su nivel de lectura es de sexto curso”.

El nivel de lectura es sólo una parte de la ecuación. La práctica editorial de imprimir el nivel de lectura en los libros es una maldición comercial más que una bendición. Pocas cosas son más tristes que privar a un niño de la oportunidad de leer un libro realmente excepcional, debido a que el nivel de lectura no coincide con las expectativas de sus padres.

Con respecto a la noción de precocidad se exagera con mucha frecuencia. Aunque un niño sea precoz, esto no significa que no necesite leer y disfrutar los mismos libros que disfrutan y leen sus compañeros de clase. Si todos los niños de “quinto curso”, por ejemplo, están devorando una determinada serie editorial, es realmente perjudicial para cualquier niño no tener acceso a esos libros por no ser lo suficientemente sofisticados o por no tener una medalla en la carátula. Los niños necesitan ciertos libros en ciertos momentos y si se les escucha atentamente, ellos nos harán saber cuáles son.

Dar un paso atrás. Saber cuándo pasar desapercibido es fundamental con los adolescentes. En la medida en que los niños crecen, los padres descubren que su control sobre las lecturas de sus hijos se desvanece. Una vez que los niños y las niñas aprenden a leer se vuelve imposible para casi todos los padres y madres, no importa lo comprometidos que estén, leer todo lo que sus hijos leen. Esto no necesariamente es algo negativo. Para los adultos nada es más personal que la selección del material que leen. Lo mismo ocurre con los adolescentes. Leer a esta edad es un asunto completamente privado.

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Con frecuencia los libreros se encuentran lidiando con un padre o una madre extremadamente comprometido y un niño o niña de carácter taciturno. No se produce absolutamente ninguna respuesta cuando se les pide que hagan alguna aportación sobre sus deseos lectores, ya que en esta situación los pequeños y pequeñas se sienten muy incómodos hablando con un extraño mientras sus padres los escuchan.

Este es el punto en el que un padre comprensivo se retira y permite al librero conversar a solas con el niño o con la niña. Cualquier librero competente puede descubrir todas estas cosas en pocos minutos a solas con el pequeño o pequeña. Y posiblemente, lo mejor sea dejarlo solo un tiempo para que pueda hojear por sí mismo; casi cualquier niño o niña encuentra algo para leer si se le permite escoger.

Padres que se horrorizan frente a la posibilidad de humillar públicamente a su hijo, desafortunadamente pueden hacerlo en una librería sin darse cuenta. Se podría afirmar, sin duda alguna, que comprar libros de educación sexual debe hacerse sin la compañía de los hijos. No importa lo cómoda y abierta que sea la relación, para un niño o niña nunca es lo suficientemente abierta como para incluir en el asunto al personal de la librería o a los clientes que estén presentes. Esto también se aplica a niños con algún tipo de problema, desde miopía hasta dificultades de aprendizaje; no se deben exponer a ser parte de una discusión acerca de qué libros son útiles para resolver el problema.

Relajación. Comprar libros para niños puede ser muy divertido, y poseer un libro puede ser inmensamente gratificante para sus hijos o hijas. No se debe insistir en que cada libro tiene que tener un gran mérito literario. Ciertamente no se tienen que comprar libros “chatarra” (y los buenos libreros esperan que sus libros no caigan en esta categoría), pero es necesario que los niños y niñas se expongan a una amplia gama de materiales, de manera que puedan desarrollar su propio gusto literario. Muchos pequeños o pequeñas pasan por etapas en las que leen sólo un tipo de libros y excluyen todos los demás. Con frecuencia, estos libros pertenecen a series de alguna clase, pero también hay niños o niñas que centran su atención en libros fantásticos, o en historias de animales, o en títulos de “Tintín”. Estas etapas causan una gran preocupación en los padres, pero generalmente son pasajeras. Un padre comprensivo puede usar estas etapas para enseñarle a su hijo estrategias de negociación o habilidades matemáticas. La mayoría de estas modas tienen que ver más con la presión de los compañeros que con cualquier otra cosa.

Se debe intentar no ser tan sobreprotector frente a las lecturas de los hijos e hijas. Es válido querer saber si un libro contiene algo que pueda afectar a su hijo, pero los niños y las niñas son asombrosamente flexibles. En tanto los libros traten situaciones difíciles, pueden ayudar a los niños a sensibilizarse frente al mundo que les rodea. Rechazar un libro porque los padres protagonistas se divorcian, o porque un abuelo muy querido muere, le quita al niño y a la niña la posibilidad de imaginar qué haría en esa situación y de ver cómo otras personas la manejan.

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He aquí unas cuantas líneas de actuación que también pueden resultar interesantes:

  • Crear en casa un ambiente de lectura. Ver al padre o a la madre con un libro o un periódico en las manos se convierte en una referencia importante del propio comportamiento. Supone además que en la familia hay ratos dedicados a la lectura a los que los hijos se pueden sumar.
  • Hablar sobre libros. Oír cómo se comenta el interés (o incluso el aburrimiento, por qué no) que suscita la novela que tienes entre manos, prolonga la actividad lectora; se crea una transmisión de saberes y de comunicación muy importante para cimentar el gusto lector.
  • Leer los libros apropiados para tú hijo. Acercarse a la inmensa oferta actual de libros infantiles y compartirlos con los hijos va a suponer para muchos padres el descubrimiento de una literatura rica y variada, que proporciona momentos de conversación e intercambio con los niños.
  • Buscar entre esta oferta temas que conecten con sus aficiones. Hay libros infantiles sobre muchos campos y dirigidos a mentalidades y edades muy variadas. No hay duda de que sobre lo que le gusta a tú hijo hay también títulos interesantes que le pueden atrapar.
  • Convertir la tele en una aliada, no en un enemigo. Si la pequeña pantalla es lo que realmente le engancha, hay que fijarse en sus programas y películas preferidos y tratar de buscar libros relacionados con su pasión. Tenemos ya garantizado un mínimo de interés.
  • Conocer la biblioteca pública del barrio. Los fondos de la sección infantil y juvenil de las bibliotecas públicas ofrecen muchos más libros de los que se pueden tener en casa. Suelen celebrarse, además, actividades de animación a la lectura y encuentros con otros lectores.
  • Incluir en las salidas de compras una vuelta por una buena librería. Aunque no se compre nada, es bueno ver las novedades que han aparecido, o qué hay sobre un autor o un tema que le interesó.
  • Tratar de averiguar qué tipo de lector es nuestro hijo y respetar sus ritmos. Hay lectores compulsivos, que no paran hasta que hayan terminado el libro. Los hay, en cambio, calmosos. Hay lectores a quienes les gusta releer el mismo libro y los hay ávidos de novedades. Los hay noctámbulos y diurnos. Darle un margen a su manera de leer contribuye a consolidar el hábito.
  • No empeñarse en que le guste lo mismo que a sus padres. Hay que recordar que se está forjando su gusto por la lectura, no el de papá y mamá. Y hay que saber esperar para dar los libros adecuados en el momento oportuno.

Para terminar, el consejo más importante: no hay que impacientarse si vemos que estas estrategias no funcionan a la primera. Justamente porque actúan de manera indirecta, cuesta a veces que arraiguen desde el primer momento. A base de tantear, de descubrir sus aficiones y sus inquietudes, se puede ir marcando la línea por la que desarrollar este hábito de manera efectiva y, sobre todo, afectiva.

Sobre todo, se deben disfrutar las etapas de lectura de los hijos y las hijas: de la fase de los libros álbum de los más pequeños a la fase de las novelas de los adolescentes. No dejen de leer en voz alta juntos, aun cuando los niños y las niñas ya hayan aprendido a leer por sí mismos. Hay muchos libros que merecen ser compartidos. Y no debe causar preocupación el hecho de adherirse a rígidos horarios diarios de lectura; simplemente se debe generar una atmósfera en donde la lectura sea promovida y valorada. Con un poco de imaginación y mucho trabajo se puede garantizar que en el futuro los lectores, ya maduros, recuerden sus experiencias de lectura en familia como un momento idílico de cálida y tenue luminosidad.

1 pensamiento sobre “Estrategias para mejorar la lectura en la familia

  1. Interesante tema para los padres y bibliotecarios, que va a servir como base fundamental, en el desarrollo y estrategias que pueden mejorar el estímulo para crear el hábito por la lectura.

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