La importancia del mediador en la lectura intercultural

Si la lectura y la escritura constituyen dos prácticas sociales y culturales, además necesita de la figura de un mediador intercultural, ya que se encuentra inmersa en la misma raíz y en contacto con las diferentes culturas.

En la sociedad actual, en la que asistimos a una creciente presencia de personas que pertenecen a otras culturas, se exige que haya una creciente voluntad por poner los medios adecuados para que no surjan conflictos a veces dramáticos, o simplemente para resolver conflictos cotidianos y dar respuesta a una necesidad del propio Estado español y no sólo del inmigrante, sino de la sociedad en general.

La figura del mediador intercultural en la lectura

Una figura nueva, un poco confusa para muchas personas y organismos, empieza a emerger con fuerza, porque la situación actual está cambiando y exige que se cuente con personas que pueden ayudar en la resolución de conflictos o simplemente en el entendimiento de las dos partes implicadas: el acogedor y el acogido. Esta figura profesional, a veces voluntaria, es el mediador intercultural y se da siempre que hay culturas distintas en contacto.

La mediación intercultural en el campo de la inmigración es reciente. Los primeros años se trabajaba desde la improvisación, llamando a algún amigo o amiga para traducir o hacer de enlace entre la Administración Pública y el inmigrante.

Hoy se solicita al mediador intercultural en el ámbito social, sanitario, jurídico o laboral, ya que son éstos los aspectos fundamentales que preocupan a cualquier individuo.

Hay comunidades autónomas que han reconocido la necesidad de la presencia del mediador intercultural, y por lo tanto se han creado puestos de trabajo con un perfil delimitado y bien definido.

Muchas veces la labor del mediador intercultural en la Comunidad Valenciana la realiza un voluntario perteneciente al país de origen del inmigrante, y alguna vez se solicitan los servicios de un intérprete que, como veremos más adelante, no siempre puede mediar.

La labor del mediador intercultural es una tarea amplia, necesaria, útil, delicada y apasionante. El mediador intercultural acude allí donde hay dos culturas distintas en contacto, y a veces en conflicto. Su objetivo principal es acercar posturas y hacer que las dos partes se entiendan.

Incluso cuando no hay un problema de lengua, el mediador consigue que el inmigrante le hable de forma diferente a como lo hace con el profesional del organismo público.

Constituye algo más que un traductor o intérprete. Se trata de la persona que interpreta lenguas y lenguajes, verbales y no verbales. El mediador intercultural debe tener un dominio de las dos lenguas y ser capaz de transmitir mensajes claros y comprensibles para las dos partes, el acogido y el acogedor.

El mediador debe estar empapado de las dos culturas, la del país de origen del inmigrante y la del país de acogida. Es necesaria en la mediación intercultural una persona que conozca los giros, las expresiones hechas, los lenguajes no verbales, los gestos corporales, pues muchos de ellos son culturales y facilitan mucha información sobre el estado, la actitud o la reacción de una persona en una situación dada.

El mediador intercultural es, por tanto, un puente entre dos culturas, un puente con un punto de partida y otro de llegada; el mediador conoce perfectamente los dos puntos, su labor es hacer el trayecto correcta y prudentemente para alcanzar el objetivo de la travesía: unir, acercar, diluir tensiones y conseguir que haya una comunicación real entre ambas partes.

Los inmigrantes ven en el mediador a una persona más cercana que el profesional, su mera presencia altera el equilibrio de poder, que a menudo suele ser desigual entre las partes.

Un mediador intercultural, además de tener un dominio de las dos lenguas tanto a nivel oral como escrito, debería transmitir confianza a las dos partes y facilitar un ambiente relajado.

Los organismos públicos, cuando solicitan la actuación de un mediador o mediadora, no esperan solamente que informe y oriente a la persona de otra cultura, sino que sea un enlace válido, tranquilizador, comunicador.

La labor de mediador o mediadora intercultural

La labor del mediador o mediadora es complicada y muy delicada, se necesita una formación académica, pero también una sensibilidad especial y un sentido de la solidaridad muy presente, y estas cualidades las da la experiencia vital de cada persona y el grado de compromiso que adquirimos frente a las personas necesitadas.

La mediación intercultural en el ámbito social se basa en la atención directa a una persona que vive una situación de extrema necesidad y falta de apoyo en el país de acogida.

El papel del mediador o mediadora es frustrante a menudo, ya que, en ocasiones, se hace imposible la intervención e incluso las dos partes se encierran en su etnocentrismo, en su posición de poder o de desfavorecido. Puede suceder que se deje a un lado la imparcialidad y neutralidad que deben caracterizan al mediador. Este es uno de los principales problemas.

El mediador o mediadora intercultural y la lectura

Teniendo en cuenta todo lo expuesto anteriormente se debe tener en cuenta como aspectos relevantes:

  • Los acervos. Los niños y niñas requieren tener acceso a una amplia variedad de libros. El desarrollo del gusto lector depende en gran medida de la calidad y variedad de los libros con los que éste se relacione. Pero no se trata sólo de que existan los libros, sino de que estén disponibles para el lector o lectora, es decir, ofrecer un espacio favorecedor para la lectura en el que se propicie la familiaridad con los materiales.
  • El mediador. Los niñas y niñas requieren de este intermediario, de un mediador que facilite sus primeros encuentros con los libros, que les ayude a descubrir el significado, la emoción y el gozo que encierran, que mantenga su interés en la lectura hasta que llegue a formar parte indispensable de su vida cotidiana. La afición a la lectura depende de la relación estrecha significativa con personas que valoren y disfruten la lectura, que contagien con su entusiasmo al lector.
  • La libertad, el tiempo y el espacio para leer y compartir la lectura. Leer es una actividad que necesita tiempo y requiere de un lugar. Sólo se aprende a leer leyendo, sólo se forman lectores si se les provee del tiempo para leer y se propicia un ambiente para hacerlo, fomentando sentimientos positivos hacia la lectura.
  • Un ambiente estimulante. Existe una retroalimentación entre la lectura y la vida: una mayor riqueza de experiencias hace posible una mejor lectura, y el libro, al llevar al lector a reflexionar sobre la experiencia, o bien recrearla, le permite vivencias posteriores más profundas. Un niño o niña que no juegue, no vea, no escuche, que no se relacione afectivamente, que no esté expuesto a una estimulación variada e interesante, no podrá encontrar resonancias en los libros. A partir de las historias afloran no sólo las ideas, sino también las emociones. Al compartir un cuento con los niños se echa a andar un proceso que va más allá de la lectura, se crean vínculos, se engarzan lazos afectivos.

Los cuatro factores mencionados se interrelacionan y son interdependientes, sin embargo, el elemento que motoriza el proceso de promoción es el adulto mediador o mediadora, que tiende el puente entre el niño/a y el libro, orienta e influye en el proceso de la lectura y a la vez se ve influenciado por los intercambios con el niño o niña lectores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.