Exposición: El tiempo detenido. El legado de Don Emeterio Cuadrado Díaz

La exposición celebra fotográficamente, la fructífera vida de Emetrio Cuadrado Díaz, uno de los padres de la arqueología. Su profesión de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos le propició desarrollar científicamente su vocación por la arqueología, llevada al extremo de excavar y estudiar durante cuarenta años el complejo ibérico de El Cigarralejo (Mula). Colección que será el germen de este museo, al cederla al Estado para su exhibición en beneficio de la cultura en general y de sus paisanos en particular.

Sus seguidores que hoy ostentan puestos de responsabilidad en la arqueología nacional o regional, han impulsado este homenaje que honra tanto al maestro como a sus discípulos y que ha propiciado el pueblo de Mula a través de la Asociación de Amigos del Museo de El Cigarralejo (ASAMIC) Exposición: El tiempo detenido

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EMETRIO CUADRADO: EL HOMBRE

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Nacido en 1907 en calle Frenería, de Murcia, fue el único hijo de un médico muleño que tras estudiar en París, introdujo en la Región la exploración por Rayos X. Recibió de sus padres y de los hermanos maristas una esmerada formación. Estudiando bachiller fundó la “Sociedad cultural Minerva”. Como deporte practicó esgrima, en el casino.

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Cursa en Madrid sus estudios en la Escuela de Caminos, Canales y Puertos, que finaliza en 1931. Se casa con Maria del Rosario Isasa y se traslada a Cartagena, destinado como director de obra de los canales de Taibilla para traer el agua a Cartagena desde las sierras de Albacete.

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Con dos hijos, le sorprende la guerra civil siendo encarcelado, juzgado y liberado, gracias al testimonio de sus obreros. Tras el conflicto civil completa su familia con otros cuatro vástagos y desde la tenencia de alcaldía de Cartagena impulsa la actividad cultural como la creación del Museo Arqueológico Municipal. Al finalizar las obras, recibe las cruces del mérito naval y civil por su labor, y es contratado por la empresa Aguas del Zadorra. En Álava construye presas y conducciones y traslada a su familia a Vitoria. Allí permanece cuatro años hasta que contratado por el Canal de Isabel II, se instala en Madrid. Su afición a la arqueología ya se habría acrecentado con el descubrimiento del complejo ibérico de El Cigarralejo, yacimiento que le ocupará el resto de su existencia.

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En Madrid frecuenta las tertulias en el café Zahara de la Gran Vía, junto con diversos profesionales e intelectuales próximos al Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Cada vez dedica más tiempo, esfuerzo y recursos a la arqueología, condicionando que las vacaciones estivales sean en Mula. Amplia su casa de la calle de Los Sastres, para acoger a hijos, amigos y colaboradores. Su “afición” arqueológica desemboca en la fundación de ASAMAR, (anagrama de la Asociación de Amigos de la Arqueología), desde cuya presidencia impulsa una intensa actividad cultural que atrae a profesionales y universitarios. Ya jubilado, es condecorado con la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio y se dedica plenamente a su pasión arqueológica. Redondea su labor con la cesión al estado de la colección extraída de la necrópolis con la que se crea el Museo de Arte Ibérico. El Cigarralejo a instalar en el Palacio del Marqués de Mena Hermosa adquirido a estos efectos por el Ayuntamiento que lo nombra “Hijo adoptivo” de la localidad y pone su nombre a una calle. Proliferan las publicaciones sobre sus estudios, viaja con su Asociación a las fuentes de la Arqueología (Egipto, Sumer, México, India) y la Universidad de Murcia le inviste como Doctor Honoris Causa.

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EMETRIO CUADRADO DÍAZ: EL ARQUÉOLOGO

El interés por la historia que heredó nuestro protagonista de su padre, queda demostrado en las leyendas de corte medieval que escribió de mozalbete, influenciadas por las obras románticas de su casa de Mula. Pero fue la gran oportunidad que le brindaron las obras del Canal del Taibilla las que condujeron al descubrimiento de la arqueología. Los múltiples yacimientos encontrados a lo largo de la construcción del canal le abrieron el interés hacia esta nueva ciencia, aún en mantillas. Los primeros hallazgos fueron el yacimiento de Macalón (Nerpio), seguido del de la Encarnación (Caravaca), pero el que significó su bautismo arqueológico fue el argárico de la Almoloya (Pliego) que excavó y publicó con el apoyo de la Comisaria General de Excavaciones Arqueológicas, que le nombró Comisario de Excavaciones de Cartagena. Publicó sobre la expansión de la cultura del Argar y su armamento.

Tras el dramático periodo de la guerra desde su puesto de Teniente de Alcalde de Cartangena, consigue la creación del Museo Arqueológico de la ciudad apoyando la iniciativa del entonces jovencísimo Antonio Beltrán, con el que crea los Congresos Arqueológicos del Sudeste que se celebraron cinco años, ascendiendo al ámbito nacional y que tuvieron gran influencia en el desarrollo de la ciencia arqueológica peninsular.

En 1945 descubre casualmente el complejo ibérico de El Cigarralejo (poblado santuario y necrópolis), cuyo estudio le ocupará el resto de su vida. Los restos del santuario dieron como fruto, además de la planimetría del edificio, el hallazgo de los ex votos, muchos de ellos enterrados en una favissa, (producto de una ocultación ritual), entre los que se encuentran los representantes de équidos. Concluyó en que la advocación del sitio sagrado podría ser la diosa Potnia Teron, protectora de los caballos. Desde el santuario se domina el bancal inmediato al escarpe del río Mula, donde otra casualidad alumbró la situación de la necrópolis al encontrarse una olla llena de cenizas, al plantar un frutal. Compró el bancal y desde entonces dedicó sus vacaciones estivales de los siguientes cuarenta años a excavar la necrópolis con la inestimable colaboración permanente de su esposa y la eventual de alguno de sus hijos. Con el tiempo construyó una casilla de treinta metros cuadrados donde pernoctar a la que, adjudicó el apelativo de Hotel Necropol, para ganar el tiempo de los desplazamientos. Acogedor y abierto a todos los interesados en el tema, por allí y por su casa de Mula pasaron muchos especialistas y profesores de la materia de España, Francia, Portugal y Alemania, así como alumnos de la universidad murciana. La severa y novedosa metodología con la que se excavó el yacimiento, propia de una geómetra ingeniero y la sistemática clasificación con que se fueron ordenando los ricos materiales extraídos de las más de cuatrocientas tumbas excavadas la encuadran cronológicamente entre los siglos IV y I anteriores a nuestra era.

Fruto de sus investigaciones fue la publicación por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de los ajuares de los más de trescientas tumbas, cuyas conclusiones han alumbrado los trabajos de los iberistas de las generaciones posteriores. Sus investigaciones publicadas sobre el armamento, la cerámica de barniz rojo o la fíbula anular hispánica, siguen estando de máxima vigencia.

Sus contactos con científicos de otras nacionalidades, como el Instituto Arqueológico Alemán del que era miembro, le granjeó el reconocimiento internacional. Fue comisario de excavaciones de Guadalajara donde, realizó excavaciones en yacimientos celtibéricos. Funda Asamar que presidió hasta su muerte y que acogió a muchos conferenciantes, desde catedráticos a simples alumnos universitarios que con el paso del tiempo detentarían puestos de responsabilidad en el panorama cultural de nuestra patria.

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