Imhotep (2650-2600 a.C)

Ha pasado a la historia por ser el primer constructor de pirámides, pero Imhotep era mucho más que eso. Hasta que se descubrió en 1926 una inscripción junto a la pirámide escolanada de Zoser – el faraón al que sirvió -, los especialistas se inclinaban a pensar que era una figura legendaria. Los logros en vida de este personaje propiciaron su deificación en tiempos del Imperio Nuevo, culto que sobrevivió a la caída del Imperio romano: fue practicado hasta el siglo VI de nuestra era. Constituye uno de los pocos casos conocidos de un simple mortal, no adscrito a la familia real, adorado como un Dios en Egipto durante más de 2.500 años. Y lo que cimentó esta insólita mitificación fueron sus aportaciones al campo de la medicina.

Sabemos que nació allá por el año 2650 a.C. en Ankhtowe y que era hijo del ilustre arquitecto Kanofer, de quien aprendió el oficio. Otro dato biográfico certero es que fue contemporáneo de Zoser, el segundo faraón de la III dinastía. Mago, sacerdote, médico y funcionario, Imhotep se convirtió en uno de los hombres más excepcionales de su tiempo.

Solo alguien de su talla podría ocupar un puesto en la administración estatal como el de visir, hombre de la máxima confianza del soberano y supervisor directo del tesoro, la política exterior y los asuntos judiciales. Imhotep (2650-2600 a.C)

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A tenor de los escasos testimonios escritos que dan noticia de su vida y legado, Imhotep “aquel que viene de la paz”, brilló, como ya se ha dicho, en dos facetas: la arquitectura y la medicina. En primer lugar, concibió la pirámide de Saqqara, diseñada como una audaz sucesión de mastabas superpuestas y cada vez más pequeñas. Previsto en principio como una simple ampliación de la sepultura del faraón, el proyecto alcanzó los 60 m de altura, como una especie de escalera para ascender a los cielos que se pudiera divisar desde el lejano palmeral de Menfis.

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También pudo haber sido, según un testimonio epigráfico, el responsable del templo inacabado de Sejemjet, que sucedió a Zoser. Tal vez la muerte del propio Imhotep interrumpió la construcción de este nuevo complejo. Asimismo pudo ser el autor de una enciclopedia de arquitectura que cuajó como obra de referencia en Egipto.

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Por Roberto Piorno (con información de Pablo Colado)

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