Andrés Bello (Caracas 1781-Santiago de Chile 1865)

Humanista venezolano. Temperamento metódico y disciplinado, estaba dotado de una extraordinaria capacidad intelectual, desarrollada, casi simultáneamente por muy diversas disciplinas: pedagogía, legislación, filología, el periodismo, ensayo y poesía. Cabe distinguir tres etapas en su vida. La primera en Caracas alcanza hasta 1810. Allí curso estudios de filosofía y literatura. Pronto alternó la dedicación a la enseñanza con la actividad literaria y periodística. Fue redactor de la Gazeta de Caracas (1808) y El Lucero (1809). Compuso piezas dramáticas en verso y poemas de corte neoclásico entre los que figuran A la vacuna y El Arauco y escribió en prosa un breve Resumen de la historia de Venezuela, incluido en el Calendario manual y guía universal de forasteros en Venezuela para el año 1810.  Enviado a Londres en 1810, como delegado de la Junta Revolucionaria de Caracas se inició la segunda fase de su actividad, que había de prolongarse hasta 1829. Fue éste un periodo de continuas estrecheces económicas pero decisivo para su formación intelectual. Conoció a escritores y pensadores británicos como James Mill y lord Holland y trabó amistad con Blanco-White, J.J. Mora y otros emigrados españoles; frecuentó el British Museum donde inició sus investigaciones sobre literatura medieval y filología, y fundó con el colombiano J. García del Río las revistas Biblioteca Americana (1823) y Repertorio Americano (1826-27) ambas de orientación divulgativa y miscelánea. En la primera apareció su composición en silvas Alocución a la poesía en la que propuso una vuelta a la naturaleza autóctona y un programa de independencia literaria. El poema responde en parte a su entrega a la causa de la autonomía iberoamericana. Una vez conseguida ésta, publicó en las páginas iniciales de la segunda revista citada La agricultura en la zona tórrida, que había de formar parte de sus Silvas americanas. Este poema constituye una glorificación del campo y del paisaje tropical americano, así como una exposición de las virtudes representativas de una mentalidad de filiación ilustrada.  En la última fase de su vida llevó a cabo una intensa labor humanística y educadora: dirigió el periódico El Araucano; organizó la Universidad de Santiago, de la que fue el primer rector en 1843 y fue el principal promotor del Código civil chileno, el primero original en su género entre los aparecidos en Iberoamérica.

Los trabajos lingüísticos de A. Bello constituyen la faceta más original de su labor. Su obra central es la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos (editada en Santiago de Chile 1841). Es pretensión fundamental del autor lograr que la gramática de la lengua eduque a los ciudadanos en las buenas maneras de hablar; advierte del peligro de los neologismos y barbarismos, pero sin mantener una postura cerrada y purista. El criterio de selección vendrá dado por la lengua de los escritores clásicos y por el uso que de esta lengua hagan los hispanohablantes ilustrados. Tras esta postura docente se advierte un cuerpo teórico que sorprende por su absoluta modernidad. Abandona las ideas de la gramática general y rechaza el paralelismo lógico-idiomático. Con este planteamiento se rompía con la vieja tradición lingüística de utilizar las teorías de la gramática latina para la castellana, defecto que aparecía en exceso en la teoría gramatical de la Real Academia. Reduce Bello las partes de la oración, eliminando el pronombre y la interjección; para la clasificación de palabras recurre a un criterio funcional, puesto que la clasificación de las palabras es propiamente una clasificación de oficios gramaticales. Otra enorme novedad es su transcendental análisis del sistema de tiempos verbales, donde introduce una nueva visión y una terminología viva todavía partiendo del concepto del tiempo como algo relativo, expuesto en su libro Filosofía del entendimiento. Fruto de esta labor, iniciada en sus años londinenses, fue Análisis ideolójica de los tiempos de la conjugación castellana (1841).

Un problema que preocupó a Bello, como a otros emigrantes en Londres, fue el de la unificación ortográfica que él planteó como necesidad de la educación americana. Igual que en sus ideas gramaticales, Bello intenta deslatinizar la ortografía, substituir los criterios de tipo etimológico por otros más simples de tipo fonético. En 1823, con Juan García del Río, publicó sus Indicaciones sobre la convivencia de simplificar i uniformar la ortografía en América, artículo que fue el preludio de todos sus trabajos posteriores, a los que se unió el intento de Sarmiento en 1841, que culminaron con la adopción oficial por parte de la nación chilena hasta el decreto de 20 de agosto de 1927. También con fines didácticos y erudito publicó su Ortología y métrica (1835) que se vio enriquecida posteriormente con las notas de M.A. Caro. Bello nota la importancia de las pausas y hace soberbias investigaciones sobre el verso asonante y sobre la importancia del acento en el ritmo.

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