Literatura australiana

Dos grandes temas recorren la literatura australiana: un sentimiento de exilio en una tierra extraña, hostil, aislada del mundo occidental y un sentimiento de orgullo nacionalista frente a un mundo nuevo en el que el hombre podrá construir una sociedad justa. A la literatura del exilio, practicada por los colonos ingleses interesados en la naturaleza y en los aborígenes australianos, y por los poetas nostálgicos de la poesía inglesa del siglo XVII, se sumó a partir de 1850, una literatura popular suscitada por el crecimiento demográfico debido a la fiebre del oro.  En los años 1880-90 surgió una generación de <<baladistas>>, seguidores de Adam Lindsay Gordon, cantores de la Australia rural, del <<bush>>. La novela, destinada todavía a un público británico cuando era producida por autores ingleses de paso encontró raíces más auténticas con novelistas como Marcus Clarke o Rolf Bolderewood. En el transcurso de los años ochenta, gracias a la eclosión de un sentimiento nacionalista acompañado de aspiraciones independentistas y democráticas, el Bulletin de Sydney, semanario político y literario, abrió sus columnas a los autores de relatos y baladas que tratan escenas de la vida australiana. El único novelista destacable de esos años es Joseph Furphy.

A comienzos del siglo XX, la literatura australiana osciló entre la imitación de las producciones inglesas y la originalidad propia; sin embargo, aparecieron muy diversas fuentes de inspiración entre poetas como Christopher Brennan. La poesía del periodo de entreguerras, influida por la filosofía vitalista de la revista Visión, inspirada por Norman Lindsay, invita a una fantasía vigorosa. A finales de los años treinta, este movimiento cedió el terreno a los Jindyworobaks, grupo formado por Rex Ingamells que trató de dar a sus versos un carácter auténticamente australiano inspirándose en la cultura y los mitos aborígenes. También hubo que esperar a los años treinta para que apareciera una auténtica tradición novelística australiana cuyo objetivo es representar de manera realista el medio físico y social del país.

La posguerra asistió al florecimiento de la poesía australiana con Kenneth Slessor, A.D. Hope, etc. La poesía femenina abundante y llena de vigor, está representada por Judith Wright, Rosemary Dobson y Kath Walker, primera poeta australiana aborigen que conoció una gran popularidad.

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