Reseñas literarias: ¡Castigado sin leer! y otras

Reseñas literarias: ¡Castigado sin leer! y otras

Cuando el conejito de trapo comenzó a buscar a sus amigos para irse todos juntos a dormir, uno de ellos se puso a llorar desconsoladamente: ¡Le habían castigado sin leer! pidieron ayuda a un capellán del ejército que después de contarles su memorias de guerra, se puso en contacto con los ladrones de  montañas   reunidos en asamblea  muy agitados porque el jefe de la banda había declarado en TV que el mar no siempre es azul.

Reseñas literarias: ¡Castigado sin leer! y otras

INFANTIL

Pop-up. ¿Dónde está? ¡A dormir!.-  Dawn Sirett .-Editorial Bruño

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Conejito de Trapo está buscando a sus amigos para irse juntos a la cama. ¡Ayúdale a encontrarlos levantando las solapas! Un libro lleno de sorpresas y llamativos pop-ups que fomentan la interacción, el lenguaje, la memoria y la imaginación, para que los niños aprendan jugando. (A partir de 12 meses)

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¡Castigado sin leer!.- Santiago García-Clairac.-Editorial   Algar

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Salgo de casa por la mañana y me encuentro con mis primos Fran y Camelia, que me están esperando en el rellano del quinto piso para ir juntos al colegio. Es la ventaja de vivir en el mismo edificio y de ser vecinos, puerta con puerta. O la desventaja, según se mire. –Me han dicho que te vigile –me advierte Fran–. Si te veo con un libro, tendré que informar a mis padres. Y no creas que no lo haré.

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El libro favorito de Gregorio está a punto de salir a la venta y él está entusiasmado. Pero un día, tras humillar a su primo en clase, su padre le castiga sin leer un mes. Gregorio no se lo puede creer, aunque se promete a sí mismo que cumplirá su castigo. Eso sí, con la ayuda de su abuelo –dueño de la librería El Gran Lector– y su amiga Camelia podrá descubrir las aventuras que esconde su libro favorito sin romper su promesa… (A partir de 10 años)

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 Los ladrones de montañas.- Autor: Carlos Salem.-Ilustradora: María Simavilla.-Editorial  Edebé

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No estoy asustada. Estoy furiosa. No soy una matona. Pero haré lo que tenga que hacer. Soy Minerva Watson. Alguien se ha llevado a mi madre. Y se arrepentirá de haberlo hecho.

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Cuando voy a buscar a mi madre a su despacho, descubro que ha desaparecido. Delante de su ordenador, todavía encendido, se alzan siete pequeños montículos de arena y tierra. Siete montañas en miniatura que constituyen mi única pista. No estoy asustada. Estoy furiosa. No soy una matona. Pero haré lo que tenga que hacer. Alguien se ha llevado a mi madre. ¡Y se arrepentirá de haberlo hecho!  (A partir de 10 años)

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JUVENIL

El mar no siempre es azul.-Silvia Martínez-Markus.-Ediciones  Palabra

Decidí concentrarme en llegar al espigón nadando lo más rápido posible. De reojo y a unos metros detrás de mí, descubrí un objeto alargado que me seguía. Parecía una cresta dentada y oscura de varios metros de largo, que sobresalía de la superficie…Era la primera vez que sentía miedo, pánico, en el mar. Nadé veloz hasta que vislumbré las luces del espigón. Pero antes de alcanzarlo, algo frío pasó a mi lado, rozándome. Sentí dolor, como si me hubieran dado un corte en la aleta…

Stella debe aceptar su destino cuando el día de su dieciséis cumpleaños descubre un secreto que hará tambalearse los cimientos de su apacible vida en un pueblo costero del Mediterráneo.

Crecer lleva consigo muchas responsabilidades, algo de lo que Stella se dará cuenta con la ayuda de sus amigos. Se enfrentará a una espléndida aventura y combatirá el mal ante su enemigo, quien solo pretende conseguir el poder y esclavizar a todas las criaturas marinas.

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Además, una historia de amor se cuela entre las páginas de este libro, lo que supone un gran motivo para que Stella siga luchando en la misión de buscar respuestas en un mundo azul -que no siempre es azul-, desconocido y… peligroso. (A partir de 14 años)

ADULTOS

Memorias de la guerra de un capellán.-Tres años en la célebre brigada irlandesa del ejército del Potomac.-William Corby.-Editorial el Buey Mudo

Cansado de lo que había visto, oído e imaginado, traté de olvidarme de todo y descansar. Pero pronto aparecieron largas filas de soldados marchando al compás de los tambores y el pífano; oficiales cabalgando al galope, las fundas repiqueteando a sus costados, mientras las brillantes hojas ondeaban al viento, acompañando a sus órdenes de marchar «¡Adelante!». Tras ellos, la artillería ligera, deshaciendo cualquier obstáculo; mientras, en los flancos, los hombres de la caballería ligera, a lomos de caballos finamente engualdrapados, bien dispuestos para el salvaje ejercicio, volaban por encima de la infantería para cubrir los peligrosos avances del enemigo en cada uno de los lados. Las expresiones: «¡Adelante!», «¡Paso ligero!», «¡Carguen!», «¡Preparen!», «¡Apunten!», «¡Fuego!», retumbaban con tonalidades guerreras; y el pasmoso campo de batalla se presentaba en extensión panorámica: mosquetes que entrechocaban, cañones que disparaban, proyectiles que explotaban…

Durante la campaña militar, el Padre Corby recoge sus impresiones de la Guerra de Secesión Norteamericana en la que está participando. Será la celebración del vigésimo quinto aniversario de la batalla de Gettysburg, el que le lleve a recopilar dichas notas y componer estas Memorias de guerra de un capellán, inéditas en nuestro idioma hasta hoy. En ellas ofrece un relato vivaz, honesto y reflexivo de cuanto experimenta como participante en la campaña.

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No estamos ante un libro de historia, sino ante un libro histórico; un viaje en el tiempo, un lúcido fragmento de vida. El Padre Corby vive la guerra y la narra desde dentro, expuesto a sus horrores y absurdos, pero también a sus actos heroicos y a sus divertidas anécdotas. A través de los ojos de este hombre valeroso y ferviente -influido también, como todos, por los paradigmas intelectuales de su época-, bondadoso y muy respetuoso con la milicia, nos sumergimos en una contienda que cambió para siempre la historia de los Estados Unidos y, por extensión, la del mundo entero.

William Corby fue un sacerdote y educador católico nacido en Detroit en 1833. Estudia en la Universidad de Notre Dame y se incorpora a la Congregación de la Santa Cruz, una orden religiosa. En 1860, acabados sus estudios, es ordenado sacerdote, y sirve como pastor de una parroquia en Indiana.

En 1861 al desatarse las hostilidades de lo que será la Guerra de Secesión, William Corby viaja a Washington D.C. para atender las necesidades espirituales de los soldados católicos de dicho ejército. En diciembre de ese año es nombrado capellán del Ochenta y ocho regimiento de Nueva York, una de las unidades de la afamada Brigada Irlandesa, a la que acompaña durante un periplo de tres años.

Al término de la campaña, Corby retorna a Notre Dame, que por entonces es solo el germen de la inmensa y prestigiosa institución que es hoy en la que llega a ser uno de sus primeros presidentes: “el segundo fundador de Notre Dame”. Finalizado el brillante desempeño de sus funciones, vuelve a ejercer como párroco en Watertown, terminando sus días como residente en su amada universidad.

 

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