Granada: tierra soñada por mi por Héctor Plácido

Granada: tierra soñada por mi por Héctor Plácido

Ya lo cantaba la letra de Agustín Lara: “Granada, tierra soñada por mí…” Y así es. Tierra de historia, fantasía, melancolía, magia, flores, bellas mujeres, cantares, de embrujo, de amores… ¿Quién no ha sentido todos y cada uno de esos adjetivos de los que hablaba Lara?

Granada: tierra soñada por mi por Héctor Plácido

Mi amor por esa tierra es inmenso y se basa en dos pilares. Por un lado, Granada encarna una de las manifestaciones musicales, poéticas y pictóricas más ricas de nuestra España. Como músico me fascina su folclore, sus armonías ricas en colores y ritmo. Es una Tierra de compositores, cantaores, hombres de pluma y verso fluido, claro y la vez recóndito. Por otro lado, es la tierra de mi familia materna, la tierra que inspiró mis primeras composiciones de piano. En última instancia, es la tierra que aún hoy sigue fascinándome.

Y es que a pesar de que uno se considere un hombre del mundo, uno tiene sus raíces y las venera. Hay vínculos que por azar nos acompañan y debemos hacer conscientes. Hace seis años viajé a Granada después de haberlo hecho con mis padres muchísimos años atrás, momento del que guardo una foto muy especial. Un retrato de los tres desde el famoso mirador de San Nicolás, con la Alhambra a nuestras espaldas. Una foto que tengo en mi estudio junto al piano y mis más preciados símbolos.

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En un viaje reciente visité, como no, la casa que habitó en la Alhambra el Maestro Manuel de Falla. Fue emocionante recorrer los pasillos de aquella residencia. Una morada austera, tranquila. Ver su mobiliario, su sombrero colgado, su bastón, sus medicamentos. Todo tal cual lo dejó el maestro tras su partida de España una vez acabada la desgraciada guerra civil. Finalmente llegué a un salón, en el piso de arriba. Allí vi una mesa redonda no muy grande en el centro, una alfombra, la misma que setenta años antes había pisado D. Manuel, Federico… Un escritorio a la derecha, y una ventana al fondo. Cientos de pensamientos y ensoñaciones circulaban por mi cabeza en ese momento. Siempre que visito la casa de algún compositor, vienen a mí las mismas emociones. Construía en mis ojos noches de tertulias, sueños, ilusiones, poemas y sonidos. Tras mi vuelta a la realidad, contemplé un piano vertical a la izquierda de la habitación. No dudé en pedir permiso para tocarlo.

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Pensé: ¡Qué experiencia tan maravillosa sería deslizar mis dedos por las mismas teclas que el Maestro Falla tocó! ¡Y Federico García Lorca! ¿Quién sabe? No cabía en mí solo de pensarlo. Así que me lancé. Me acerqué al responsable de la casa-museo y le aseguré que era pianista y que trataría el instrumento con el mayor de los mimos y cuidados. Prometí que no lo rompería. Mi petición fue aceptada y allá fui.

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Toqué lo primero que me vino a la cabeza y lo que mis dedos podían dar de sí estando de vacaciones y afectados por los “nervios” que me provocaba la atenta mirada de un señor algo incrédulo ante quien decía ser pianista, pero que lucía un atuendo bastante informal ya que vestía de pantalón corto y aires de turista.

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Toqué “Sacromonte” de las Danzas gitanas de otro de los grandes, del sevillano Joaquín Turina. Fue algo atrevido por mi parte tocar una pieza así. Tal vez, aquel señor esperaba algo de Falla…No sé. Sin embargo, y en cualquier caso, fue un momento muy especial y altamente emocionante que se vio culminado cuando me aseguraron que la única persona que había tocado ese piano antes que yo había sido el ilustre ¡Plácido Domingo! Sí, habéis leído bien. La vida es maravillosa y está llena de sorpresas increíbles.

Una vez abandoné la casa-museo del Maestro, visité la Alhambra. Falla y su residencia había dejado una impronta en mi espíritu. Estaba totalmente entusiasmado con todo lo que mis ojos habían visto y sentido mi espíritu. Al pasear por los mágicos jardines de la Alhambra solo tenía una obra en mi cabeza. ¿Os imagináis cuál? Os lo diré: Noche en los jardines de España, para piano y orquesta, del Maestro Falla por supuesto. ¡Cómo me gustaría tocarla! No cesaban de sonar en mi cabeza las primeras notas del primer movimiento de esta obra, “En el Generalife”. Conozco bien esta pieza y la amo con toda mi alma, Además, este año cumple el centenario de su primera interpretación. El Maestro la finalizó en 1915, dedicándosela a Ricardo Viñes, un célebre pianista de entonces. La primera ejecución fue el 9 de abril de 1916 en el Teatro Real de Madrid por la Orquesta Sinfónica de Madrid dirigida por Enrique Fernández Arbós y José Cubiles al piano. Toda una efeméride. Tal vez, sea una de las obras más maravillosas de toda la literatura musical española.

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¿Queréis soñar despiertos? Id a “Granada, tierra soñada por mí…”

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Aquí os dejo unas hermosas imágenes con la música del primer movimiento (En el Generalife) de “Noche en los Jardines de España” del Maestro Manuel de Falla.

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