A fuego lento por Héctor Plácido

A fuego lento por Héctor Plácido

Cuando le preguntabas a mi abuela Plácida cuál era en su opinión el secreto del arte de cocinar, te respondía: “Madrugar. A la comida hay que mimarla, se debe hacer a fuego lento”. Y es que todo en esta vida debe crearse con mimo, dedicación y paciencia, mucha paciencia.

Al mimo no se le pone hora ni se le impone la dictadura del tiempo ni del reloj. El mimo implica que algo se hace con delicadeza, con esmero y eso requiere que abandonemos las prisas y nos entreguemos a la lentitud. Como reza un proverbio persa: “La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”.
A excepción de algunos momentos, siempre me he considerado una persona con mucha paciencia en todos los aspectos de mi vida. No tengo tendencia a la desesperación y a las prisas por conseguir mis objetivos. Considero que tengo la facilidad de mirar a mi alrededor y disfrutar del camino sin la desesperación por saber si algún alcanzaré mis objetivos.
En mi faceta de compositor he rubricado cientos y cientos de páginas de manuscritos con la sola seguridad de tener delante de mí tiempo sin límite y una senda que recorrer. ¿Os lo imagináis? Pues sí, como antaño. Trabajo con un lápiz y su olor a grafito, un escritorio, papel pautado, goma, una regla para delimitar compases y mucha, mucha liturgia.

En muchas ocasiones me han preguntado (unos de buena fe y otros en tono burlón): “Pero hombre, ¿cómo compones todo eso a mano teniendo hoy en día los ordenadores para hacerlo?”. Y tienen razón. Probablemente ahorraría mucho tiempo haciendo este trabajo de una sola vez; sin embargo, prefiero hacerlo a mano.
No reniego del avance tecnológico y del gran ahorro de tiempo que supone, en este caso, componer con el ordenador. De hecho, todas mis obras acaban siendo copiadas y editadas digitalmente para su mejor comprensión, lectura y difusión. Sin embargo, no acepto el argumento del ahorro del tiempo y os explicaré la razón.
La mejor música que creó Mozart fue la que compuso sin patrocinios y sin las presiones de la estética del mecenas que las encargaba ni las exigencias de la moda. Por el contrario, su mejor obra fue aquella que surgió desde la libertad y para la libertad.
Como decía el gran pianista y compositor Ferruccio Busoni: “La música nació libre y su destino es conquistar la libertad.” Para mí, trabajar a la “antigua usanza” es una forma espiritual de afrontar el trabajo de composición musical. No hay mayor belleza que cocinar música a fuego lento. No he encontrado mejor forma de hacer “oficio” real, sin atajos, sin artificios, sin falsas pretensiones que la de escribir sin máquinas. Con tu cabeza, tus conocimientos y sin parches.

En mi caso, la mayoría de las veces no compongo música para percibir dinero a cambio, sino como pura y dura expresión personal. Es una necesidad vital de plasmar mis ideas, sentimientos y emociones. Sí. No puedo evitar ser un romántico en esto y acordarme de todos los maestros que nos han precedido: Bach, Mozart, Beethoven, Schumann, Chopin, Liszt, Brahms, Wagner, Verdi, Puccini, Rachmaninoff, Ravel…
Hoy, queremos tenerlo todo de inmediato, rápido y casi sin esfuerzo. Sustituimos el camino por la meta, solo entendemos la ecuación tiempo-beneficio. Todos conocéis la famosa metáfora: “El tiempo es oro”. Olvidamos que la construcción de las pirámides y las catedrales se extendieron a lo largo de los siglos. Se invirtieron en ellas innumerables riquezas y costaron muchas vidas humanas. No veo mayor declaración de amor que la de aquellos que realizaron tamañas obras sabiendo que nunca las verían terminadas.
Cuando pienso en esto solo me viene un pensamiento a la cabeza: las grandes obras llevan su tiempo. Crear una gran obra requiere trabajo, esfuerzo, reflexión, espera, esmero, cuidado, … A veces tanto, que ni siquiera el impulsor  la ve finalizada.
Os pondré algunos ejemplos de lo que digo. Si Bach se hubiera aliado con la dictadura del tiempo jamás habría podido firmar más de mil obras, muchas de ellas, templos musicales que sobrevivirán por siempre. Si Mozart hubiera sucumbido a la dictadura del tiempo nunca habría comenzado a escribir su “Requiem en re m”, su última composición a puertas de la muerte, obra que sabía que jamás terminaría. Si Beethoven se hubiera dejado arrastrar por la dictadura del tiempo nunca habría escrito, entre muchas otras obras, 32 sontas para piano y su gran catedral sinfónica como es la 9ª sinfonía, esta última de más de una hora de duración. Obras que sabía que jamás podría escuchar. Bueno, si las escuchaba…De igual modo, Wagner nunca habría escrito 13 óperas, todas ellas de colosales dimensiones. Y es que todos ellos, por poner solo algunos ejemplos, no se dejaron seducir por la dictadura de la inmediatez, del reloj, del camino fácil y escaparon de él para cumplir sus peculiares destinos y realizar su viaje interior. Eso, les hizo eternos.

Caminamos hacia un futuro de avances tecnológicos y saltos en la calidad de vida de los seres humanos de forma exponencial. Cada día todo está más conectado y accesible a nuestras manos y deseos, pero, por el contrario, nos hemos dejado por el camino la espiritualidad de la que bebieron las grandes almas del pasado. Hemos renunciado casi sin darnos cuentas a las grandes virtudes por lo inmediato y rentable. La evolución no es una línea recta, no es perfecta. Creo que en ocasiones deberíamos poner el freno a la locomotora y repensar qué camino estamos tomando en muchos ámbitos.

La siguiente pregunta que se me ha formulado en muchas ocasiones para cerrar la conversación ha sido: “¿Crees que de vivir Bach, Mozart, Beethoven y tantos otros en nuestro tiempo no habrían utilizado máquinas para servirse en su trabajo?“ Quien sabe, pero de lo que estoy convencido es que ellos vivieron por alguna razón en aquel tiempo, y realizaron su trabajo interno en esas realidades. A mí me ha tocado vivir en este tiempo y no quiero rendirme ante él. No quiero ser su prisionero y por eso me rebelo. Creo en la eternidad. Por este motivo, cuando alguien me pregunta por qué compongo sin usar tecnología, suelo responder: “Si todo es tan magnífico y el arte de componer música un acto tan rápido, sencillo y mercantilizado, ¿dónde están en la actualidad los Bach, los Mozart, los Beethoven, los Wagner?

Yo no soy ni por asomo ellos, pero creo en su “sistema”. La eternidad.

 

 

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