Pasión por una sonata por Héctor Plácido

Pasión por una sonata por Héctor Plácido

Este post es quizás uno de los más difíciles de escribir para mí hasta la fecha, aun teniendo muy claro lo que siento acerca de lo que voy a hablaros. Tal vez sea una contradicción, quién sabe, pero esto de ponerse a escribir es lo que tiene. Sentarte delante del ordenador ante una página en blanco y sumergirte voluntariamente en el océano de tu mente y de tu corazón no es tarea fácil. Es curioso, que siendo una persona que me considero apasionada en todo me cueste escribir acerca de un término que lo tengo en un altar. Y es que hoy os vengo a hablar de la pasión. ¿Preparados? Seré breve…

Pasión por una sonata por Héctor Plácido

Voy a intentarlo, pero necesitaré vuestra ayuda. Sí, de ese que está al otro lado y ya mira estas líneas con ojos de desconfianza. ¿Por dónde nos saldrá…? ¿Hablará de música? No os asustéis. Sí, hablaré de música, pero como la música está en todo, a todo me referiré en realidad. Y es que la pasión es algo tan natural, tan consustancial a la vida, tan sencilla y que tengo tan asumida como parte de mí que me cuesta hablar de lo evidente. Sin duda me resulta más fácil vivirla, experimentarla. La pasión resulta un término que puede dar lugar a interpretaciones únicamente en una dirección y por lo tanto ser considerado un apelativo incluso negativo o inadecuado, y no es así. La pasión lo es TODO. Os podría poner 500 ejemplos y me quedaría corto. La pasión existe por doquier y en todas las cosas. El termino pasión lo relaciono mucho con otro término: el entusiasmo. Utilizo indistintamente en mi interior para referirme o definir todo aquello que vivo con intensidad con estas dos palabras. Descubrir una obra y ponerme a investigar sobre ella, estudiarla, escucharla en bucle hasta desentrañar todos sus secretos. Comerme un bocadillo con su “papel albal” y disfrutar del momento. Observar un atardecer y experimentar como se transforma la luz. Comprar una barra de pan y olerla mientras caminas hacia casa. Meterme en la cocina y ver el proceso de hacer uno de mis platos preferidos, ¡la paella!, mientras “pico” un poco de queso, unas olivas y disfruto de una buena cerveza. Reírme de mí mismo e incluso agobiarme mientras se me derrite un cucurucho de chocolate en mis manos en pleno verano paseando por el mar. Disfrutar como un niño mientras despega el avión de la pista hacia el horizonte mientras miro sin quitar ojo a los motores. Etc.… Y es que el mundo últimamente camina por otros derroteros.
Se ha instalado y de forma masiva otro “sentido común” y en otros casos una hipócrita tendencia a lo políticamente correcto. Y es que ahora parece que debemos ser seres aislados, fríos y que solo busquen sus metas e intereses individuales. Nos han inyectado una vida con prisas y locura colectiva donde nos perdemos minuto a minuto el milagro de vivir con verdadera y sana intensidad, en soledad o en compañía. Creo firmemente que hoy poco se disfruta y aprende de las pequeñas cosas. Hoy gobierna el miedo, el miedo a perder. Hoy tal vez gobierna la mentira colectiva de querer aparentar quien no se es. Hoy tal vez gobierna la corrección política a nivel global que con sutiles slogans y en apariencia inofensivas prebendas en realidad no construyen una verdadera fraternidad e igualdad entre los seres humanos. Hoy en día vivimos en la sociedad del llamado “consumo” o “bienestar”, donde se supone que una gran mayoría de población puede acceder a bienes y mejorar su calidad de vida, y es cierto. Pero no es menos cierto que no se observa una auténtica alegría o plenitud en el ser humano. Parece faltar algo. Una especie de vacío que envuelve a todos y que nos ahoga sin remedio. ¿Qué será? ¿Cuál será el remedio a nuestra falta de realización en la vida? ¿Qué ingrediente falta en esta “ensalada”? En mi opinión falta algo que no se puede comprar, algo que no encontraremos en ningún supermercado. Yo os lo diré. En mi opinión falta pasión. Entusiasmo… Creo que es la “vinagreta” que da sentido a la ensalada. Es el pegamento que nos une a esta vida, comprenderla con todos sus dolores e incluso horrores. Es todo aquello que transforma nuestra experiencia aquí en la tierra. Sin pasión, sin entusiasmo, es muy difícil poder disfrutar en esta vida de algo.
Dante Alighieri decía algo que me encanta: “La pasión no puede comprenderla quien no la experimenta”. La vida es experiencia pura. Su lenguaje es el de la práctica constante de lo que ocurre. Puedes ser un pez dentro de una pecera dando vueltas, un pequeño roedor corriendo en su ruedecita y no entender nada. Una vida no vivida, no experimentada, es algo de lo que se puede morir. Equivocarte en una nota al piano es insignificante, pero tocar sin pasión es imperdonable. Eso decía sabiamente Beethoven. Alguien que aprendió “gracias” a la sordera el valor de la experiencia, el valor del fuego incandescente que debe quemar en nuestro interior en pro de que realicemos el viaje a lo infinito. Sin pasión no hay vida, pero tampoco hay eternidad.
Escribo estas líneas desde el portátil y colocado este a la derecha del atril del piano. Sobre el mismo, una obra: La gran sonata en Si m de Franz Liszt.

Una pianista que me apasiona y admiro muchísimo. La georgiana Kathia Buniatishvili.

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De esta obra en su día echaron “pestes” renombrados compositores y pianistas como Johannes Brahms o Clara Schumann. Esta última, gran pianista y esposa del gran compositor Robert Schumann dijo de ella: “Qué de ruido sin razón. Ningún pensamiento sano, todo está enredado. Ya ni siquiera se encuentra un encadenamiento armónico claro”. Brahms, según cuenta la historia se quedó literalmente “durmiendo” mientras Liszt la interpretaba para él. Como se suele decir: “Para gustos, colores”. Si es cierta la anécdota de Brahms, no puedo entenderlo conociendo bien como conozco la sonata de Liszt. Y con las palabras de Clara Schumann no puedo estar más en desacuerdo. Como decía antes, “para gustos los colores”. Richard Strauss sin embargo la subió a un altar diciendo de ella: “Si Liszt sólo hubiera escrito esta sonata, gigantesca obra salida de una sola célula habría bastado para demostrar la fuerza de su espíritu”. Richard Wagner le escribió por carta a su autor acerca de la sonata diciendo que era: “bella, grandiosa, amable, profunda y noble: sublime, como tú”.

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FRANZ LISZT (1811-1886)

Para mí, esta sonata es un monumento hecho sonido. Una catedral de enorme belleza y lógica arquitectónica. Sin duda, una de las obras más endiabladas técnicamente de toda la historia del piano. Una obra que pocos pianistas se atreven a llevar a los escenarios debido a las enormes exigencias técnicas y expresivas de la obra. Una composición de 30 minutos ininterrumpidos de duración donde el pianista tiene no solo que sortear un sinfín de dificultades sino “soportar” la gran losa psicológica de una obra colosal. Una composición de una pasión desenfrenada en ocasiones, pero de una sensibilidad e intimismo en otras que estremece. Misteriosa desde el comienzo, donde dos notas en “staccato” en el registro grave del piano y una escala descendente de sonidos nos anuncia de modo amenazante y profundo el camino “iniciático” que está por venir. La gran Sonata de Franz Liszt es en mi opinión un “peregrinaje” desde el comienzo hasta el final. Un camino por el sendero del espíritu humano.
Líneas atrás os hacía referencia a las palabras de Dante Alighieri: “La pasión no puede comprenderla quien no la experimenta”. Así es. La pasión entendida como un todo. No vista únicamente como sinónimo de materialidad, desenfreno, pomposidad o exageración. También vista con los ojos del entusiasmo por lo noble, lo sencillo, lo íntimo, lo puro y elevado. Esta obra contiene en mi opinión todas las cualidades que resumen mi concepto de “pasión”. Esa lucha dual entre el “más allá” y el “más acá”. Como el mismo Franz Liszt decía: “Todas las artes se basan en dos principios, la realidad y la idealidad.”
La gran Sonata para piano de Liszt junto al Concierto para piano N.º 1 de Chopin son sin lugar a duda dos obras “clave” en mi vida. La segunda de ellas hizo en su día de cupido para enamorarme del piano. La primera, hizo y hace en la actualidad de faro que ilumina el camino de este entusiasta marinero por los mares del espíritu.

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Héctor Plácido

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PD: Si os ha gustado este post os recomiendo este sobre Franz Liszt que escribí hace tiempo.

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