¿Qué es música? por Héctor Plácido

¿Qué es música? por Héctor Plácido

¿Qué es música? ¿Qué significa su presencia, su existencia? ¿Nos describe algo? ¿Puede hacerlo?  Un ejemplo cualquiera. Cuando nos sumergimos en una obra maestra como “Scheherezade” de Rimsky Korsakov, una partitura que me apasiona desde niño, y escuchamos ese milagroso solo de fagot, seguido por el oboe junto al arpa, es difícil no viajar a Oriente e imaginar la historia de “las mil y una noches”.

¿Qué es música? por Héctor Plácido

Casi pareces verla, casi pareces tener tacto, casi pareces oler las múltiples fragancias de las flores. Casi sientes estar en medio de la escena junto al Sultán y sentir en tu piel el miedo del momento. Porque la música sin duda con su extraño lenguaje parece explicar y dar sentido de forma más “real” a través de ordenar el sonido  a cualquier emoción humana. Cuenta la historia que el Sultán ha sido traicionado por su esposa y es por ello que decreta que todos los días cuando caiga el sol se casará con una mujer diferente, la cual será asesinada a la mañana siguiente… Scheherezade, traza un plan para que eso no vuelva a ocurrir y así salvar su vida.  El plan consistía en contar una historia al Sultán a las primeras horas de la noche. Al amanecer el cuento no debía acabar, dejando así al Sultán intrigado en cual sería su desenlace, permitiendo a Scheherezade vivir otro día más. Sin duda, cuando escuchamos esta obra maestra sentimos estas emociones humanas, las percibimos como reales viviendo en su lenguaje. ¿Puede ser descrita en sonidos la maldad? ¿Y el miedo?¿La inteligencia?¿ La astucia?¿El amor?¿Y los lugares donde ocurren las escenas? Sin duda que sí…No porque haya sonidos que ordenados de una determinada manera signifiquen una o tal cosa. La música es un lenguaje divino, encriptado en un pentagrama que solo el creador sabe el secreto de su palabra. Hace poco escuché en una serie televisiva una frase que define muy bien lo que estoy intentando transmitir: “Todo en este mundo es mágico, excepto para el mago”. Porque lo que crea la mente del compositor no es para definir únicamente la realidad “conocida”, sino para crear otra más allá de ella. Es lo más parecido a la magia. La música es una realidad en sí. La música puede describir la realidad conocida a través de sonidos, dar vida a escenas cotidianas a través de la ilusión sonora, no obstante este arte tiene un fin mucho más elevado y misterioso que cumplir. Repito, la música es una realidad en sí… No necesita en última instancia explicaciones, descripciones. A Beethoven le molestaba enormemente que sus editores le sugirieran “títulos” para sus creaciones y conseguir así describir lo que ni siquiera el autor había imaginado. Una de las 32 sonatas para piano que compuso Beethoven la conocemos por el sobrenombre de “Claro de luna”, otra por el de “Appassionata”, otra por el de “La tempestad”. Ninguno de estos títulos fueron puestos por Beethoven. Fueron sus editores quienes vieron en estos gestos de marketing un éxito más que seguro a la hora de vender las partituras y hacerlas más atractivas  hacia el público. Chopin al igual que Beethoven, evitó titular sus obras más allá de la forma convencional. “Sonata”, “Concierto”, “Trio”, “Preludio” etc… Chopín definía el continente. Del contenido solo su creador sabía de él. Del contenido debía ser el intérprete, el oyente quien diera el sentido. Les entiendo perfectamente. Conociendo las biografías de ambos y su concepto sagrado de la composición musical no puede ser de otra forma. La música es una realidad en sí…

Santa Teresa de Jesús decía: “Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta.” Humildemente yo añadiré algo, considerando a la música como lenguaje sagrado que es.

“La música no necesita explicación. Ella ya ES en sí misma. Ella por sí sola se basta. Es una experiencia que lo abarca todo. Jamás llegarás a ella través de la mente, sino más allá de ella. Nadie puede enseñarte el secreto último. Solo su compositor (su creador) conoce lo que la anima. Solo podrás acercarte a su altar con la constante aplicación de tu YO más profundo hacia este misterioso y elevado arte. Y al igual que la naturaleza, que es una de las más altas expresiones de belleza, la música es naturaleza. Beethoven bien lo sabía. Sonido vestido de hojas que nacen, vuelan y mueren tras expresarse. Luz más allá del bosque y esperanza tras la larga travesía. Principio y fin del árbol de la vida…

 

Héctor Plácido.

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