Entrevista a Mario Peloche escritor de Hécate

Entrevista a Mario Peloche escritor de Hécate

Hoy entrevisto a Mario Peloche, gaditano de nacimiento, bombero de profesión y escritor de vocación. Su trayectoria literaria se desarrolla entre obras publicadas a modo individual y grupal, entre las que destaca El molino de Dios  y Hécate entre otras.

Entrevista a Mario Peloche escritor de Hécate

1- ¿Quién es Mario Peloche y cuáles son sus sueños? Pues…soy un tipo normal, un currante, uno que ha cumplido mucho de sus sueños, quizás porque estos eran pocos, y se resumían y se reducían a palabras y a sentimientos. Y de ambos voy cumplido.

2.- ¿Cómo un día un bombero forestal de profesión y biólogo de formación un día se decide a escribir? Pues porque antes, mucho antes que bombero fui lector, un niño apasionado y ensimismado con los libros; más tarde llegó la necesidad de crear mis propias historias, más como reto de superación personal y de verme reflejado en lo que escribía que por mero afán literario. Y después llegó la profesión, casi por azar.

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3.- ¿Qué es para usted la escritura o la poesía? Es…muchas cosas. No todo, porque hay vida más allá de las letras, pero mucho: cuando estás inmerso en la escritura, es obsesión, pulsión. Necesidad de expulsar de ti eso —historia, personajes, voces— que no te deja tranquilo, que no te deja dormir; y cuando no estás escribiendo, sigues rodeado de letras, de libros: documentándote para tus historias, releyendo los clásicos, dejándote llevar por tus vicios literarios inconfesables, por historias sencillas, por lo que te pida el cuerpo.

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4.- ¿Qué evolución presenta a la hora de escribir sus novelas, por ejemplo, qué evolución presenta de El molino de Dios a Hecate? ¿Podria compartir algún fragmento de sus novelas para los lectores de Alquibla? Escribir es un ejercicio, y, como tal, creo honestamente que ahora escribo mejor que cuando empecé… por el mero hecho de que ahora escribo más, que escribo de continuo; porque he contactado y trabajado con otros escritores, con correctores, con editores; porque he profundizado y variado mis lecturas. Y así —solo así— pules tu estilo, limas errores.

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FRAGMENTO DE “HÉCATE”

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[…] Vuelvo a soñar. Es curioso. Sueño que observo a mi yo niño soñando. Paradójico, o quizás sólo demasiado enrevesado. Me veo tumbado en la cama de mi habitación, aquella que tuve de pequeño en la antigua casa de mis padres, junto al poster de dinosaurios que tanto me gustaba. En realidad sólo me intuyo, porque como siempre, he realizado el consuetudinario ritual de niñez por el que elevo cada noche la sábana a la categoría de muralla infranqueable para lo que aceche fuera, y mi cuerpo y la colcha forman una crisálida apenas esbozada en el haz de la cama.
El bulto que formo (formaba) rebulle inquieto mientras murmulla. De golpe recuerdo, y recuerdos y sueños, hijos de la misma madre trastornada, se amalgaman hasta que se hacen tan grandes que no puedo abarcarlos y salen de mí como mariposas de alas oscuras, y ahora sólo soy yo, el yo –niño y el yo– hombre que a la vez sueña y recuerda.

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FRAGMENTO DE “EL MOLINO DE DIOS”

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Y su rechazo fue la segunda cosa que me cambió. Cebó mi mecha, encendió mi cólera. Me puse a gritar y a destrozar todo lo que estaba al alcance de mis manos, sin que mis padres fueran capaces de detenerme. Tuvieron que llamar a urgencias, y por fin los enfermeros lograron sedarme. Después de este brote violento, mis progenitores decidieron internarme en un psiquiátrico para, según ellos, rehabilitarme de mi adicción a las drogas. Eran otros tiempos, tiempos en los que en este tipo de centros se curaban en salud —tiene gracia la cosa— y la opinión del enfermo valía menos que nada. Me ingresaron sin un estudio previo, basándose tan solo en la versión de mis padres y en mi historial de visitas al psiquiatra, junto a onanistas compulsivos, violadores, depravados con delitos de sangre… Paradójicamente, acallaron mis gritos y mis protestas con drogas, drogas para tratar mi adicción a las drogas, drogas que me quemaban la mente y me hacían menos que un individuo. Y como en mi estado de no ser seguía sintiendo, lo demostraba debatiéndome, gritando, enervando mi cuerpo hasta el paroxismo. Así que optaron por amordazarme y atarme de brazos y piernas a la cama. Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro sogas que me la guardan. La razón que arguyeron, hoc est simplicisimum, la misma por la que ataron a un árbol a José Arcadio Buendía: porque yo estaba loco. Y así estuve, entre pinchazo y pinchazo —Diacepam, Clonacepam, Nitracepam, Loracepam, en mi cabeza todos hacen ¡PAM!, ¡PAM!, ¡PAM!— drogas que fluían incandescentes por la fragua de mi cuerpo. Pasé cuarenta y ocho horas así, drogado, atado. CUARENTA Y OCHO. Dos mil ochocientos ochenta minutos. Ciento setenta y dos mil ochocientos segundos. Uno detrás de otro, un dos, un, dos, desfile de fantasmas de soldados muertos mucho tiempo atrás. Eso pensé al principio, creyendo que mi mente enajenada mezclaba, como mi léxico al transcribirlo ahora, visiones y porciones de tiempo. Pero hubo un momento en que advertí que esos seres me miraban, y como buen yonqui distinguí en sus ojos brillantes mi misma adicción —aunque la suya, comprendí mucho después, era a la vida—, y en sus cuerpos luminosos, en su deslizar fluido a través de la materia, una conciencia, una existencia.

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FRAGMENTO DE “OJOS NEGROS SOBRE EL TÁMESIS”

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Observé la jarra que sujetaban mis manos, y el líquido oscuro que contenía. Porque más que obsesión con el cuadro en sí, mi fijación era por los ojos. Esos ojos negros.
Pupilas de cebada oscura, de hollín en la ventana, de la noche que llega.
Soplo la espuma blanca, y es mi aliento que recorre la palidez de su cuerpo.
Acerco el vaso a mis labios, presa de una sed súbita, lujuriosa, insaciable. La carne de mis dedos sujetándolo, al trasluz del cristal, un remedo de labios. No es su color, pero yo lo veo mientras inclino
la jarra, arrebol hecho boca, carmesí de lengua que entra en mi boca, y bebemos de ambos.
Ella se derrama por mi garganta.

5.- ¿Cuál es su lugar favorito para ponerse a escribir? ¿Encuentra la paz cuando se pone a escribir? Escribir es la guerra. Cuando afronto el momento, sentado frente al cuaderno o el ordenador, me encuentro nervioso, desubicado, implicado. Vuelcas pasión, intentas dar lo mejor de ti, pero muchas veces no hay reciprocidad, y recibes del folio silencios, elipsis, muecas. Pero tienes que seguir, tienes que esforzarte, no hay otra. Hay días en que las cosas salen mejor, las frases acuden raudas, fluidas, y otros en que las ideas se enquistan, se arrastran, y hay que aceptarlo como viene.
Y… cualquier rincón tranquilo me vale para escribir. Solo necesito eso, soledad, tranquilidad y silencio.

6.- ¿Piensa seguir escribiendo?¿Tiene proyectos en marcha? Creo que cuando te pones en marcha en esto de escribir, no hay vuelta atrás. Esto, como ya he dicho y escrito en algún sitio, es una maldición. Así que sí, pienso seguir escribiendo. Necesito seguir escribiendo. Las meninges y las vísceras me exigen seguir escribiendo. No queda otra que hacerlas caso, que hacerme caso.
Con respecto a mis nuevos proyectos, tengo una novela corta terminada basada en la vida de Érzsebet Báthory, la conocida como “condesa sangrienta”, que está pendiente de publicación. Y en este momento escribo otra historia que vuelve a tocar el tema de Dios y de su antagonista, como hice en “El molino de Dios”, aunque de una manera que linda más con la novela de terror.

7.- ¿Por qué tipo de género se decanta a la hora de escribir sus novelas y por qué eso y no otro? Nunca he escrito nada pensando en el género de lo que escribía. Siempre lo he hecho por apetencia, por pulsión, expresando lo que me nacía. Por esa razón, además de por mis lecturas, que han sido muy eclécticas, me surgen historias que tocan distintos géneros. “Hécate” era un thriller psicológico con elementos mitológicos y científicos; “Ojos negros sobre el Támesis”, sin embargo, es una historia de misterio ambientada en el Londres victoriano. Y “El molino de Dios” es una novela que nos costó encuadrar a mi editora y a mí. Al final nos decantamos por la ficción sobrenatural, pero en ella también hay elementos filosóficos, metafísicos, de la ciencia ficción, religiosos y de misterio.

8.- ¿Tiene alguna anécdota que contar? Pues en la primera presentación de mi novela “El Molino de Dios” en Cáceres, un señor se presentó ante mí con ella, y me pidió que se la dedicara a «Oso de la montaña». Y eso hice, claro. Cada cual puede llamarse como quiera.

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9.- ¿Qué tipo de lectura podríamos encontrar en la mesita de noche de su casa? Muy variadas. Intento alternar novelas de enjundia, tanto clásicas como actuales, con otras que se acercan más a los géneros que toco: el misterio, el suspense, la ciencia ficción. Como ejemplo, mis últimas lecturas han sido “El museo de la inocencia”, de Oranh Pamuk, y “La caverna de las ideas”, de José Carlos Somoza. Ahora mismo estoy con “El clamor de los bosques”, de Richard Powers.

10.- ¿Qué piensa del trato que se da a la cultura en España?¿y a las bibliotecas? Creo, por propia experiencia como lector, en la importancia innegable que tienen las bibliotecas en cuanto la promoción de la lectura, de acercarla y de explicarla a los usuarios, de hacerla atractiva. De  aprovechar las nuevas tecnologías para enganchar a las nuevas generaciones.
Por eso creo que toda ayuda —económica, promocional, etc.— es poca para las bibliotecas en particular y para la cultura en general. Conozco (también por experiencia) el caso de alguna biblioteca en la que he estado y que hace tiempo que no pueden renovar sus libros por falta de presupuesto.

11.- ¿Qué piensa de Alquibla www.alquiblaweb.com como página de difusión de la cultura? Pues que me parece una iniciativa tan valiente como necesaria, ya que, partiendo de la idea de dar visibilidad a las bibliotecas, se genera una publicación cultural en la que caben escritores, lecturas, entrevistas…
Y me parece casi increíble además que de una iniciativa particular se haya conseguido una difusión tan enorme como la que actualmente tiene.

Algo que añadir,…

Pues agradecer la posibilidad de darme conocer un poco más que me ha ofrecido Alquibla, especialmente a su hacedora,  Eva María Galán Sempere.
Que tu encomiable labor de difusión cultural continúe llegando cada vez a más interesados.

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