Nació en Lyon en 1900, en una de las familias aristócratas. Su vida empezó en 1922, cuando recibió su licencia de piloto; a partir de entonces solo era realmente feliz cuando se encontraba frente a los mandos de un aeroplano. Volaba a menudo por todo el mundo y ayudó a inaugurar rutas de correo por vía aérea en el norte de África, el Atlántico Sur y Sudamérica. Se vio obligado varias veces a llevar a cabo aterrizajes de emergencias con los pequeños y poco fiables aeroplanos que les tocaron a los aviadores de aquellos tiempos, y en cierta ocasión él y su avión permanecieron perdidos durante muchos días; mientras yacía gravemente herido en el ardiente Sáhara, comenzó a delirar. Tal vez esos delirios fueran, después de todo, la fuente de inspiración para escribir El principito.

Este fue su último libro, pero hubo otros antes; lo único que le gustaba hacer a Saint-Exupéry además de volar era escribir sobre la aviación. Dos de sus mejores libros son Vuelo nocturno (1931) y Tierra de hombres (1939). Estas obras comparten una cualidad que tal vez nadie más ha sabido infundir al tema de la aviación: a medida que se lee, el sonido del motor se va debilitando hasta desaparecer y el lector queda suspendido en el aire a solas consigo mismo en un nuevo elemento siempre soñado por el hombre pero nunca antes conquistado.

Saint-Exupéry se alistó en las fuerzas aéreas francesas tan pronto como estalló la segunda guerra mundial en 1939; cuando Francia cayó huyó a Estados Unidos y allí en 1943 escribió El principito.

(Breve historia del leer. Charles Van Doren. Ariel, 2009)