El camino fue elegido, pero luego descubres aquello, impensable hasta entonces, que puede llegar a ocurrir mientras llegas a tu destino. Con una maleta de sueños y con la cabeza repleta de recuerdos, te encuentras a miles de kilómetros, del lugar que te vio nacer.

La crisis generada durante años en Venezuela, expulsó cerca de cuatro millones de ciudadanos hasta el 2019; personas de bien, emprendedores, muchos que jamás imaginaron dejar atrás todo lo que conocían, lo que llamaban hasta entonces “su paraíso”.

Lamentablemente no todos corren con la misma suerte, algunos han muerto en el intento de  que conseguir su “libertad”, otros al final de tanto luchar consiguen llegar. La salida es dura, la más económica la frontera con Colombia y en donde los más pobres deciden arriesgarse solos o con la familia y allá van, con la mirada puesta en lo que fue ayer, y con la esperanza de lo que será mañana. Todo queda atrás casas, apartamentos comprados con mucho sacrificio, padres, abuelos tíos, primos  en fin toda una vida, una familia separada por un tema político-social.

Así llegan al terminal de autobuses que los llevará a su destino. Dormirán poco o nada pero el cansancio los vencerán, ya los de la línea de buses les habían dado algunas orientaciones de cómo hacer al llegar a la frontera entre Venezuela y Colombia, pues los  militares encargados, así como los delincuentes que se pasean por estos lugares, conocen estrategias para hostigar  a los viajeros, que además de nerviosos, llevan poco dinero para su viaje de ilusiones.

No es fácil dejar todo atrás; los recuerdos, las amistades, las vivencias, es una mezcla de todo, melancolía, tristeza y hasta felicidad para, algunos, pues la “libertad” que se puede encontrar en otros territorios del mundo, supera el tema de estar lejos de la familia, de empezar de cero y comenzar una nueva vida…

Luego vienen los momentos de recaída y de mayor melancolía. Cuando te encuentras en una habitación de 2X2, sin familia, sin el trabajo deseado, sin un duro en el bolsillo y con la tristeza de no poder ayudar a tus amistades, familiares y compatriotas, porque el dinero que ganas no te alcanza para vivir de manera digna.

Llegan los rechazos; en muchos casos, por tener una forma diferente de hablar, por ser de Venezuela; esto debido a que delincuentes con pasaporte venezolano han llegado a otros países a dejar una huella negativa en nuestra cultura; cuando lo cierto es que los “buenos somos más”, somos más los venezolanos amables, sinceros y entregados; trabajadores, luchadores incansables y con la firme esperanza de volver a su tierra.

Aunque hoy me encuentre a miles de kilómetros de mi hogar, cada vez me siento más cerca de su cultura, de su pasión, de su música, de lo que me inspira a seguir de pié esforzándome para alcanzar un mejor futuro, allá en mi paraíso.

No somos una tierra de delincuentes; somos un país que ha sufrido una batalla social y política por muchos años, y que solo quedan los destrozos de la Venezuela que fue algún día; pero os prometo que no será como antes, la transformación que nuestra tierra tendrá será tan maravillosa, como inesperada, y seremos como el Ave Fénix…

A kilómetros de mi hogar por Fabiola Maldonado Mastrojeni
Comparte en:

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.
Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para fines de afiliación y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad
Una mirada al mundo de las bibliotecas