Vienen las navidades y junto a ellas las fiestas y celebraciones entre amigos, familiares, compañeros de trabajo… y a pesar de que llevamos cerca de dos años viendo pasar frente a nuestros ojos la gran desgracia de muerte, tristeza y desolación que nos ha traído la pandemia por el Covid-19, parece que los adultos no terminados de tomar verdadera conciencia sobre la enfermedad que ha azotado al mundo.

Y es que “no hay peor ciego, que el que no quiere ver”

Es increíble ver cómo vacunados o no, hacen lo que quieren por las calles, no solo en las grandes ciudades de España, sino por todo el mundo; parece que ya no tenemos memoria ni conciencia, y que la pandemia no nos enseñó nada. Seguimos con vida luego del largo confinamiento que destruyó económica, social y emocionalmente a todos los ciudadanos del planeta, pero se nos acerca otra gran ola de la enfermedad, la cual parece que no queremos ver, o que simplemente tratamos de “tapar el sol con un dedo”.

Las personas vacunadas contra el virus, se creen “inmortales”, y quienes no se han puesto la vacuna por decisión propia, parece no importarles nada; los expertos han indicado claramente que no existe diferencia entre vacunados y no vacunados; cualquier persona puede contraer la enfermedad, y lo más preocupante es que los pequeños aún no cuentan con un plan de vacunación, para evitar contagios en las escuelas.

Sin embargo, pareciera que nada de esto nos importara como sociedad; pasamos el día de bar en bar, riendo a carcajadas, algo que parece que en pocas semanas, muchos estarán lamentando, pues parece que lo que se avecina es otro año con incontables contagios por Covid-19 y lo más triste es que sea por falta de conciencia de los adultos; que somos quienes deberíamos estar más atentos de cuidar de nuestra familia, sobre todo en estos tiempos decembrinos.

Nos quejamos de que no tuvimos vacaciones; que este año no pudimos ir de crucero, pero yo me pregunto, ¿eso importa más que la salud del mundo? ¿Un rato de diversión, a cambio del mal sabor a Covid-19? Yo no veo necesarias unas vacaciones en momentos críticos, en tiempos de crisis no podemos pensar de forma individual; pues lo que haga el otro nos puede afectar a los demás, pero lo cierto es que importa más ir de vacaciones o pasearse de bar en bar, que preocuparse por la “pandemia”.

Parece que el  virus ha borrado los recuerdos de los espantosos días de confinamiento que tuvimos que pasar durante casi seis meses del año 2020; Es cuestión de conciencia, de sincerarnos, y de tomar una decisión para evitar que la enfermedad siga tomando fuerza, y matando a nuestros amigos y familiares.

No se trata de una vacuna; de si se han puesto tres dosis o no, se trata de que no es momento de exponerse; con tristeza veo a los jóvenes en las calles festejando sin ningún tipo de precaución, exponiendo su vida y la de su familia; pero con vergüenza veo a los adultos celebrando “sin mascarillas” ni distanciamiento, poniendo en peligro de nuevo la salud mundial.

No nos bastó con todas las empresas quebradas y todos los bares cerrados, que tuvieron que enfrentarse a una gran crisis económica; no fue suficiente con los cientos de miles de fallecidos, ni los noticieros repletos de mensajes de luto… Seguimos sin querer ver lo que viene luego de que celebremos a lo grande, con botellas de champaña el inicio del 2022.

Como adultos no quisimos ver, ni ser responsables frente a lo que se no presenta nuevamente con el virus y ahora con sus tantas variantes, seguimos con los ojos cerrados, sin pensar en el mañana… en un mañana (que espero me equivoque) nos traerá más tristeza, despedidas y mayor desolación en los hogares del mundo.

Estamos a tiempo de reflexionar y de celebrar estas navidades en casa, sin realizar mucho festejo, para que en el diciembre del próximo año, sí podamos gritar a los cuatro vientos, que la pandemia ha desaparecido y que finalmente podemos hacer vida normal y no seguir con la “nueva normalidad”…

¿Adultos sin conciencia? por Fabiola Maldonado Mastrojeni
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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