Aún me cuesta comprender como pueden existir personas que estén de acuerdo con los bombardeos que Rusia ha llevado a cabo durante estas últimas semanas, donde centenares de personas pierden la vida en una “guerra sin sentido”. Miles de Ucranianos lo pierden todo en tan solo segundos y aún no comprendemos que el sufrimiento de algunos es la alegría de otros.

Duele aceptar como en pleno siglo XXI, se cree que con conflictos armados se pueden arreglar las cosas. Es incomprensible como por unos pocos, obsesionados por hacer el mal, se paraliza medio mundo y otra parte de él, sigue su vida como si no les afectara en nada.

Lastima pensar que miles de familias ya no tienen hogar, han perdido lo más preciado. Son obligados a salir huyendo de su tierra natal para sobrevivir. Refugiados a los que la guerra solo les deja la pesadilla de volver a empezar sin la oportunidad de mirar atrás.

Mientras ¿Qué hacen los medios de comunicación?

El arma más letal dentro de una guerra, es sin duda la desinformación. Y es justo aquí donde debo frenar un poco, para demostrar lo grave que es la falta de información en pleno conflicto. Para un gobierno totalitario, su mejor arma es mantener a los ciudadanos sin información. Crear caos, sembrar el pánico y manejar a la ciudadanía es mucho más fácil cuando se controlan los medios de comunicación.

El gobierno totalitario, en este caso el presidido por Putin, lleva años manejando a su antojo los medios de comunicación de Rusia. Calla a los periodistas, quienes por miedo o por mantener sus puestos de trabajo, deben reseñar y comunicar lo que viene directamente del Estado. Esto no solo ocurre en Rusia, países como Cuba, Venezuela, Argentina, entre muchos otros, también tienen mandatarios que controlan completamente los medios de comunicación; manejando así a los ciudadanos, quienes se mantienen desinformados en todo momento y solo escuchan, lo que el gobierno les desea transmitir.

En una guerra suelen estar garantizados los derechos de los periodistas, quienes viajan hasta los países en conflicto, para llevar la noticia a otras partes del mundo. Pero parece que en lo que creía, hace un par de semanas, sería una “guerra corta”, no respeta ni periodistas, ni civiles, ni mucho menos un hospital materno infantil.

Con gran tristeza, he visto como en las calles de Ucrania la vida no vale nada para Putin, quien hasta ahora no pretende dar alto al fuego. Mueren niños, madres, familias enteras y hasta periodistas que han arriesgado su vida para informar al resto del mundo de lo que ocurre durante este conflicto.

Pero, ¿esta estamos preparados para una tercera guerra mundial?

Aunque hasta ahora nadie se atreve a decir que estamos a las puertas de una tercera guerra mundial, es cierto que las maniobras de los militares rusos encienden las alarmas de los países miembros de la OTAN, quienes parece que no permitirán mayores derramamientos de sangre; o al menos eso es lo que esperamos todos, “que se frene esta guerra absurda”.

En los últimos años hemos pasado por todo, desde el COVID, hasta los fuertes vientos del Sáhara, pasando por la guerra declarada por Putin, por terremotos recientes en Japón, que mantienen en alerta a la población por posible tsunami. Pero a esta altura nos parece un chiste hablar de la tercera guerra mundial.

Desde mi perspectiva, la tercera guerra mundial dio inicio a finales del 2019, cuando se dieron a conocer los primeros casos de la infección por Covid-19. Aquí es cuando empieza todo. El mundo se paralizó; familiares, amigos y conocidos murieron a causa de esta enfermedad desconocida. El terror se apoderó de todos. De nuevo la desinformación fue fundamental para mantener en vilo a los ciudadanos.

Hasta ahora se desconoce gran parte de la realidad de lo que pareció ser el inicio de una guerra, aparentemente creada en un laboratorio. Aún vemos radicales que no desean ponerse la vacuna, y otros tantos, siguen con temor de ser contagiados por esta enfermedad, la cual a mi manera de ver, la pasaremos todos en un determinado momento.

Los más jóvenes creen que lo que sucede actualmente en Ucrania es parte de un videojuego, o que no les afectará en ningún momento. No hemos educado a la juventud de ahora para enfrentarse a una guerra. La juventud se encuentra sumergida en los equipos electrónicos y desconocen que fuera de ese mundo irreal, existe el ahora.

Nos preocupamos, pero ¿nos ocupamos?

Es cierto, que cientos de organizaciones sin fines de lucro se han entregado de lleno a ayudar a los miles de afectados por la guerra en Ucrania. Pero también es innegable, que algunos “vivos”, si se les puede llamar así, o mal intencionados, han aprovechado la oportunidad, para saquear, robar y atentar, a quienes de buena fe, han aportado su grano de arena para ayudar a los ucranianos.

Con desconcierto, vemos que en las fronteras de Ucrania, la desinformación, el miedo y la incertidumbre se apodera de los miles de ciudadanos que tratan de salir del país en busca de refugio. Imágenes desgarradoras de familias enteras, madres con sus hijos y hasta de niños que caminan en soledad, salen a la vista de todos; mientras el peligroso mundo de la trata de personas se encuentra ahí mismo, caminando entre ellos; como si se tratara de uno de los muchos afectados por la guerra; “con ojos de cordero, ofrecen ayuda y engañan a los más vulnerables”.

A estas alturas, los políticos siguen en su política. Putin en su guerra absurda. El resto de los países del mundo mirando las noticias de cómo avanza la situación en Ucrania. Las ONG tratando de hacer llegar la ayuda a los lugares en conflicto. Mientras que el resto de ciudadanos del mundo nos encontramos divididos… algunos prefieren no saber lo que ocurre, otros ayudan como pueden, y muchos siguen su vida con la convicción de que aquello “jamás pasará en sus países”

No es momento de reproches, es tiempo de unión y de mantener objetividad. Para los refugiados; el mayor apoyo, pues tener que huir de su hogar, dejando todo atrás, con el corazón destrozado por las familias que se han roto debido a las muertes, es de “guerreros”.

Para los políticos; dejen la politiquería y hagan algo real para frenar la masacre que ocurre cada minuto a escasos kilómetros de nuestros territorios. Para los ciudadanos que “miran a otro lado”, no se olviden que no estamos exentos de vivir situaciones como esta. Para los periodistas de guerra, que van dejando su pellejo en los lugares de mayor tensión de Ucrania “Gracias”, sin ustedes nadie conocería la realidad.

Para las organizaciones que han hecho hasta lo imposible por ayudar, entregar insumos y hasta sacar de la línea de fuego a civiles desarmados, a familias, a niños, y a todos los afectados por esta “guerra absurda”, gracias. Sólo el que mira a través del dolor del otro y puede sentir empatía, sabe realmente lo que es vivir.

Y para todos esos héroes anónimos que están en la línea de fuego; Gracias… No hay palabras, solo agradecimientos. “Hay que ser valiente para arriesgarlo todo por salvar un país y poner frente a un ejército asesino”…

 

Cuando la guerra se ponga de moda por Fabiola Maldonado Mastrojeni
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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