La xenofobia se ha puesto de moda en todos los rincones del mundo. Sin buscar culpables, ni señalar a nadie, lo cierto es que no se puede juzgar a otras personas por su manera de hablar o por sus raíces. Nadie elige donde nacer ni donde vivir. Años atrás, cientos de españoles emigraban a Suramérica en búsqueda de una mejor vida, alejándose de la dictadura de Franco.

Pero lo triste es que vamos olvidando quienes nos tendieron la mano cuando más lo necesitamos. Países como Venezuela, Colombia, Argentina, Ecuador, entre otros, fueron los hogares de miles de refugiados españoles que huían del terror a la guerra.

Ciudadanos del mundo discriminados por su acento por Fabiola Maldonado

Actualmente, miles de venezolanos nos hemos visto en la necesidad de salir de nuestros hogares, para buscar un futuro de oportunidades. Hemos sido obligados a salir de nuestra zona de confort. Nos ha tocado dejar todo atrás. Hemos abandonado nuestras casas y empleos, por algo incierto.

No hemos salido de nuestros países por comodidad; todo lo contrario, hemos sido obligados a salir de ellos, por correr riesgo de nuestra propia integridad. Huimos sin tener la posibilidad de mirar atrás. Un par de maletas y muchos sueños por cumplir son tus únicos compañeros. Luego de pasar por grandes dificultades para llegar al destino que tenías planteado, encuentras la gran pared humana llamada “Xenofobia”. Que tristeza ver cómo nos odiamos por nuestras diferentes formas de hablar. Qué lástima ver como un mundo tan “actualizado” sigue ondeando la bandera del racismo.

El odio se apodera de muchos, que por desconocimiento, señalan a quienes no hablamos igual. Nos quitan oportunidades de empleo por ser nacidos en otro continente. No valoran nuestros estudios y nos tratan de ignorantes, cuando más de uno ha venido bien preparado desde su país de origen; con la única finalidad de encontrar bienestar y ofrecerles un futuro a nuestros niños.

Qué dolor me da ver en los ojos de otros desconocidos, la xenofobia. Personas que jamás se han parado a pensar por todo lo que se pasa al salir de tú país; y que con solo abrir la boca pueden insultarte, hacerte sentir como un “bueno para nada”, o un vagabundo que va por el mundo “chupando la sangre” de los demás, como una sanguijuela.

Nada más alejado de la realidad

¿Por qué somos diferentes?

Muchas veces he tenido la intención de preguntarle a alguien que piense que es más que yo, por haber nacido en tal o cual país, ¿por qué cree que es diferente a mí? Lo cierto es que jamás me he atrevido, porque estoy segura que esa persona no tiene la culpa de pensar así. Quizá le han criado de esa forma. Con el firme pensamiento de que los extranjeros venimos a quitarles puestos de trabajo y oportunidades a quienes son oriundos de estas tierras.

Pero, mirando hacia la historia, vemos que la gran parte de los países suramericanos fueron conquistados por españoles. Tomaron oportunidades; educaron a nuestros indígenas e incluso se mezclaron con los nativos de aquellas regiones del mundo, es decir, “echaron sus raíces”. Para entonces fuimos colonia española por un buen tiempo. Los xenofóbicos no se toman el tiempo para revisar un poco en la historia y verificar que de lo que hablo aquí es totalmente cierto; y que quizá aquel latino nacido en Venezuela o en Colombia, es tan español, como uno nacido en Barcelona.

“Soy española y sin embargo, sufro de xenofobia por mi forma de hablar”

Recientemente he sido víctima de odio por mi manera de expresarme. Y es que aunque mi familia es de España y yo soy ciudadana retornada, crecí, me crié y estudié en Venezuela. Así pues, mi acento no puede ser otro, es más venezolano que “una arepa” (comida típica de Venezuela, preparada con masa de maíz).

En una de las oportunidades en las que me he sentido víctima de Xenofobia, fue en una peluquería con mucho renombre en la ciudad de Alicante (a la cual no nombraré por respeto a su dueño, a pesar de que él no tuvo ninguno por mí). En este lugar fui bien recibida, hasta que dije “hola”. Y es que mi “hola” no suena igual al de un nativo alicantino. Cada uno tiene su acento muy peculiar y especial. Desde ese momento, una de mis grandes pesadillas se dio lugar en aquel recinto de cuatro paredes.

Me dio vergüenza ajena. Pues el resto de la clientela se sentía verdaderamente mal, frente al comportamiento de este individuo que parece no tener respeto por quienes somos diferentes. A mi manera de ver, si estás en un puesto de trabajo de cara al público, te debes a él. Un peluquero se debe a sus clientes. Da igual su nacionalidad, su manera de vestir, de hablar o de andar. Salí de aquel lugar bastante decepcionada del ser humano.

No te contratan por ser extranjero

La llamada de una amiga, me da la gran noticia de que podría tener la oportunidad de trabajar algunas horas con una persona que me llamaría para quedar y conocernos. Pues así fue. La llamada llegó hace un par de semanas. Esta persona me ofrecía algunas horas para trabajar con ella; me preguntó mi disponibilidad y se despidió diciendo “te llamo para que quedemos en estos días”….

No recibí la siguiente llamada. Y es que luego de encontrarme con mi amiga, me comenta que la señora no me contrataría para el puesto de trabajo por ser extranjera. ¿Es que soy menos valiosa por haber nacido en otro país?¿Es que no valgo como profesional por haber estudiado en Venezuela?¿Es que mi acento puede perjudicarte como persona?¿quizá sea que puedo contagiarte de alguna enfermedad por ser suramericana? En este punto necesito que alguien me lo explique; pues lo cierto es que no lo comprendo.

Les respeto, pero no los comprendo…

Mis abuelos fueron bien recibidos junto a sus hijos (mis padres) cuando emigraron de España por la grave situación que se vivía en aquel entonces con Franco. No fueron señalados por venir de otra tierra, ni por tener un acento diferente. Recuerdo bien las palabras de mi padre un día; “aquí el talento extranjero es muy valorado”, aquella frase caló en mí por años. Quizá por error, o por creer que en otros países también se valoraba el talento extranjero, tomé mi par de maletas y sin tener tiempo de decir adiós, dejé atrás todo lo que conocía.

El tiempo pone todo en su lugar

Poco a poco, con esfuerzo, perseverancia y mucha paciencia he comprendido que a la fuerza ni calzar se puede. Me sabido sobreponer a quienes por racismo, desconocimiento o indiferencia, hacen que la vida del inmigrante sea más dura. Con firmeza he logrado llegar lejos y he marcado la diferencia a donde quiera que voy. He comprendido que no a todos tengo que gustar… Que las personas que te quieran, lo harán así hables en chino o en francés.

El tiempo me ha demostrado que nadie vale más que nadie. Que no importa donde nacemos. Que no somos árboles y podemos movernos a donde sea necesario. He comprendido que el odio y la xenofobia se pueden erradicar desde el seno de las familias. Me he sorprendido al juntar diferentes culturas; pues las maravillas que salen de esto, pueden cambiar al mundo.

Quizá para muchos sea una simple extranjera que salió de su hogar para buscar un futuro mejor, pero para otros tantos seré una venezolana que no se cansa de luchar, que no se rinde frente al primer obstáculo. Seré de las obstinadas que si se caen se levantan… “no cambiaré el mundo, pero al menos dejaré huella en él”

 

Ciudadanos del mundo discriminados por su acento por Fabiola Maldonado
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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