Esta Semana Santa vuelve a ser la de años anteriores a la pandemia. Dos años sin ver a la gente caminar por las calles de las ciudades del mundo, demostrando su fe y devoción. Dos años de no poder ver sonrisas, sino solo expresarnos a través de la mirada. Tiempo de reflexión y de comprensión. Esta Semana Santa no puede ser como las anteriores; en esta oportunidad tenemos la oportunidad de mejorar las cosas. No nos quedemos atrás de la fila, seamos de los primeros…

Dos años sin ver a los niños felices disfrutando con sus padres y familiares del Domingo de Ramos. Aquellas sonrisas valían oro. Me paré por unos segundos a mirar la pureza de los más pequeños y comprendí que debemos ser más como ellos. Mirar con ilusión, soñando en grande, aunque volvamos a sentirnos pequeños. Esa esperanza que se nos escapó al hacernos mayores.

Tiempo de oración y de esperanza

Entre conflictos bélicos, la pandemia y la crisis económica que va golpeando al mundo, llega la Semana Santa, para llenar de esperanza a los creyentes. Algunos hacen promesas. Otros disfrutan de las procesiones y de los monumentos que pasean por las calles. Sin duda, la Semana Santa ha llegado en el mejor momento.

Creyentes y no creyentes, se dejan deslumbrar por los hermosos pasos de cada procesión. Los niños esperan sus caramelos y miran con emoción las imágenes dispuestas para estas fechas. Dos años, suena poco, pero lo cierto es que hacían falta los tambores en las calles. La gente caminando, orando y haciendo sus promesas. Era tiempo de que llegara la Semana Santa.

El ambiente de estas fechas es festivo. La gente aprovecha para descansar de sus jornadas laborales. Quienes estamos cerca de la playa, tomaremos el sol, respiraremos aire fresco. Llegó el tiempo de estar en el aquí y en el ahora. No es momento de reprochar o de poner en entredicho las creencias de los demás. Ha llegado el momento de la unión. Y esto ha sido un legado que nos ha dejado la pandemia y la guerra en Ucrania.

Más allá de que la Semana Santa sea una celebración de los católicos, todos podemos celebrarla a nuestra manera. Con nuestras creencias, respetando a los demás. Comprendiendo que la oración ayuda en estos momentos difíciles. Así como el Covid llegó para quedarse, la guerra contra Ucrania, no se frenará de la noche a la mañana; y una oración, un contacto con el universo, con Dios, o como le llames, puede ayudar a que las cosas mejoren.

Más allá del catolicismo

Tengo mis creencias muy marcadas; y aunque me considero católica, encuentro muchas diferencias con esta religión y con cualquier otra, con las que verdaderamente no me siento identificada. Sin embargo, fielmente confío en nuestro ser superior, en mi caso llamado “Dios”, que nos ayuda en las buenas y en las malas.

Por eso celebro esta Semana Santa muy a mi manera. Hago mis promesas. Oro por quienes están sufriendo en la guerra y en otros países que se encuentran en franco conflicto, tanto político, económico, como social. Tomo mi tiempo para reflexionar. Y dar gracias a Dios por lo que tengo y lo que no tengo. Por seguir en este plano. Por no soltar mi mano cuando lo he necesitado. Por ello te invito a seguir las procesiones. Caminar con esperanza. Perderte entre la gente y la hermosa energía que se siente durante las procesiones.

Te invito a ponerte en los zapatos de quienes están luchando por sus vidas en otros rincones del mundo. A disfrutar de la Semana Santa, mientras reflexionamos que lo que ocurre a nuestro alrededor, también nos puede pasar a nosotros, por muy loco que parezca. Nada es eterno.

En este tiempo te invito a reflexionar. A valorar lo que tenemos. Tanto lo espiritual, como en el ámbito familiar. Muchas veces pasamos años sin tratarnos con alguien de nuestra familia, y vamos perdiendo el tiempo que tenemos en este mundo terrenal. Si algo me dejó la pandemia, fue el pedir perdón cuando me he equivocado y saber decir te quiero desde el más profundo del corazón; pues uno no sabe cuándo puede ser la última vez que vuelvas a ver a esa persona.

La pandemia me enseñó a no dar por sentado las cosas. A preguntar antes de criticar. A mirar primero mis errores que los de los demás… En esta Semana Santa, además de salir a la playa, tomar el sol y disfrutar de las vacaciones; recordemos todo lo vivido durante la pandemia. La soledad que nos embargó esa etapa. Las carencias afectivas. El no poder abrazar. La falta de besos, de muestras de afecto.

No perdamos el tiempo en discusiones que no nos llevan a nada. Aprovechemos nuestro tiempo en la tierra para dejar una huella positiva. Para ayudar a los demás. Para demostrar que podemos ser mejores. Aprendamos de la pandemia, y de los conflictos bélicos; que de una guerra no sacamos nada bueno. Que de los conflictos perdemos siempre, aunque nos sentamos vencedores.

Caminemos en la procesiones y perdámonos entre la algarabía de la gente. Admiremos la vida. Sin reproches ni tristezas. Caminemos con la esperanza de que las cosas van a mejorar para todos. Con la certeza de que haciendo el bien, el universo nos lo devolverá con más fuerza. Caminemos entre la gente y no miremos de reojo al que esté necesitado; miremos de frente, porque en esa persona puede estar Dios.

Fabiola Maldonado

En tiempos de procesiones por Fabiola Maldonado Mastrojeni
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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