Luego de más de cinco años fuera de Venezuela, una ciudadana regresa a su tierra con la esperanza de encontrarse con un nuevo panorama. Aquella venezolana con nacionalidad extranjera, no encontró su camino fuera de su tierra natal. A tan solo semanas de regresar, descubrió, que su Venezuela de antes no existía más.

Entendió que pasarían años para volver a reconstruir, lo que ella una vez consideró su hogar. Una tierra donde la alegría brotaba a montones, donde la buena onda y la algarabía eran parte de la cultura. Para ese entonces, en el año 1.953, Venezuela era un país potente. Para ese momento, los ciudadanos sabían que existían grandes oportunidades para hacer familia y crecer en aquella tierra latina.

En aquellas calles, la buena música y el baile se convirtieron en parte de la cotidianidad venezolana. La libertad de expresión corría como el cauce de un río. Venezuela era entonces un lugar de ensueño, para dar una buena educación a los niños buscando un mejor futuro. El país tropical se convirtió entonces en el refugio de  muchos extranjeros que de otras partes del mundo huían de sus tierras buscando refugio.

Entonces era un pueblo maravilloso; esperanzado, con ganas de trabajar para que la economía del país saliera adelante. Fue pasando el tiempo y con él, los cambios políticos llegaron para dar un cambio de 180 grados. Aquí llega el año 1.999 y nadie esperaba que con él vendría el fin de la libertad. Siempre pensamos que era imposible que un país tan próspero pudiera albergar una “dictadura”. El tiempo y camino fue demostrándonos que los gobernantes de Venezuela, eran dictadores y comenzaba.

“Caminar por calles desconocidas”

Así describe las calles de Venezuela, Luisa Castellanos, luego de llegar a su tierra. Luisa en una entrevista se atrevió a contar que con su retorno tenía la finalidad de retomar su vida anterior; sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Al llegar se dio cuenta de que todo estaba “igual, pero muy cambiado”, parece algo incomprensible. Con su voz aguda me expresó que sentía mucho dolor por como vio la ciudad capital de Venezuela, Caracas. “Pobre pueblo, un país tan rico y la gente muriendo de hambre”, expresó Luisa. Ella recorrió gran parte de la ciudad en los primeros días de su retorno y cuenta que la gente busca comida aún entre la basura algo de comer, “pero ya ni entre la basura se encuentran restos de comida”.

“Muchos hacen colas frente algún basurero municipal, para poder conseguir algo que llevar a casa, pues el sueldo para gran parte de la población no es más del equivalente a 2 dólares; situación que me impactó, pues cuando estaba afuera me decían que todo el mundo ganaba en dólares. Pues me di cuenta de que NO todo el mundo tiene la dicha de ganar en dólares, o en otra moneda extranjera. Y justo aquí viene el problema, pues los precios de mercado Sí son en dólares”, comenta con tristeza Luisa.

¿Qué pasa hoy en Venezuela?

Pues aunque parece incomprensible, es muy sencillo de explicar. Hay un pueblo que está acostumbrado a las carencias, pues los dictadores llevan más de 20 años gobernando el país. Ya no se asombra por la escasez, ni reclama sus derechos. Se ha convertido en una población pasiva. Han aceptado esa realidad, y ya no les quedan fuerzas para seguir de pié, por ello se quedan de rodillas frente al régimen de Nicolás Maduro.

En bolsas de basura colocadas en el suelo, parte de la población, recibe lo que antes conocíamos como las “bolsas Clap”. En un momento las bolsas traían alimentos de calidad, para que los ciudadanos pudieran nutrirse; aquello no era regalado claro, había que pagar algo por la bolsa, y muy poca gente podía acceder a ella.

Hoy en el piso se ven las bolsas clap amontonadas, mientras un representante del gobierno pasa lista entre la cola de los ciudadanos, para hacerles entrega de la comida. Tristemente son bolsas que no traen alimentos nutritivos. Trae algún arroz, pasta, y algún otro acompañante. Muchos de los que están en la fila, se van con las manos vacías, pues no alcanzan las bolsas para todos los inscritos en el “programa de alimentación”.

Lógicamente el panorama de la ciudadanía, es la desnutrición de niños y adultos. Lamentablemente la desnutrición en edades jóvenes de nuestras vidas, nos puede ocasionar grandes problemas, que serán para toda la vida. Por otra parte, los adultos se quitan la comida de la boca para dársela a sus pequeños. Es sin duda un drama que cada día se agudiza más.

“No se puede ir al supermercado con 2 dólares, pues ya solo 1 kilo de harina te cuesta eso; es verdad hay de todo, pero a qué precios”, describe Luisa. Una persona que gana sueldo mínimo en Venezuela hoy en día ni vive ni sobrevive. Necesita de algún familiar que esté fuera de las fronteras del país latino, le haga llegar algo de dinero, pues “por más que se trabaje, no te alcanza para adquirir los alimentos de primera necesidad”.

Así es la vida en Venezuela estos días. Se hablaba de una gran apertura económica para este país, pero no es cierto. Los bolsillos se los llenan solo los gobernantes y el “pobre pueblo” sigue pasando calamidades.

“Ni agua, ni luz ni gas”, la increíble realidad de Venezuela

Para muchos lo que me cuenta Luisa debe ser falso; pero lo cierto es que ella lleva varias semanas en el país, y ya desde hace dos semanas no le llega nada de agua a su vivienda. “es una situación normal”, le comentan los vecinos. Su compañero de siempre, un balde de agua, para poder limpiar la vajilla, mantener aseada toda la vivienda y los baños.

“El balde también me acompaña al bañarme”

Es que Luisa ahora se vuelve a bañarse con agua de lluvia. Una realidad que no vivía desde hace al menos  años cuando salió de Venezuela. Cocina con agua de lluvia. “Menos mal que en Caracas llueve de vez en cuando, no sé cómo haré los días de sequía”. Lo más incomprensible es ver que los ciudadanos no reclamen sus derechos. Es indigno no tener agua, si las represas del país están llenas del preciado líquido, fundamental para vivir.

La luz cuando yo me fui de Venezuela, faltaba por días enteros. Morían personas en los hospitales por no poder mantener los respiradores encendidos. Bebés prematuros perdieron la batalla, por no tener las incubadoras encendidas. En aquel entonces, para el año 2017, los que pudieron donaron plantas eléctricas a los hospitales; pero no era suficiente la potencia para poder salvar tantas vidas.

Hoy la realidad no es muy distinta

“La luz se va por ratos largos durante el día. Miro esos países de fuera, como en el que estuve durante esta temporada, y no comprendo cómo no valoran el tener agua, luz, gas y comida”. En Venezuela aún se ven sonrisas. Y a pesar de las dificultades que pasa el ciudadano, no faltan las ganas de seguir luchando. Es un pueblo que no se rinde, pero que se ha cansado de luchar.

“Muchas casas tienen cocina de leña”, comenta Luisa. Ahora mientras hace la cola para adquirir una bombona de gas, entiende por qué… “Debes llegar en horas de la madrugada a hacer la fila para comprar la bombona, pero hay la posibilidad que cuando sea tu turno, se haya terminado el gas, ese día me senté en la acera a llorar”, cuenta con tristeza Luisa.

Quienes salieron hace 5 ó 6 años, conocían de esta realidad, el problema es que se ha agudizado de tal manera, que es impresionante verla tan de cerca. De aquella apertura económica ni rastro. De aquellos sueldos en dólares de los que me hablaron ni pista, y de la mejor calidad de vida ni la sombra… asegura Luisa durante la entrevista.

Que tristeza ver un país tan hermoso y rico, destruido por un grupo pequeño. El dolor de caminar por las calles destrozadas de esa Venezuela hermosa, apaga tu energía. Mirar de frente a esos niños que corren solos por las calles, porque sus familiares los abandonaron por no tener para darles de comer, te rompe el alma y te deja rota como persona.

No podemos ver las realidades de estos países como si no nos pertenecieran. Creo que Venezuela debe ser ejemplo de lo que puede llegar a hacer la “izquierda” en una país que hasta que se instauró ese gobierno, era rico. Ver de lejos aquella realidad es querer tapar el sol con un dedo. Esto puede pasar en cualquier país del mundo, en cualquier continente. En un segundo, se pierde todo.

Que elijan lo que puedes o no comer, tu vestimenta, la falta de medios de comunicación… Todo esto es un combo explosivo que destruye todo lo que conocías. Cuando me dicen “esto no es Venezuela”, me parte el alma, porque sé muy bien, que un gobierno así se puede instaurar en cualquier rincón del mundo. Y créeme si te digo que duele tener que dejar todo atrás para buscar un mejor futuro.

Lo he vivido en carne propia, he empezado mil veces, no por mí, sino por mi familia, pero la verdad es que duele… duele tener a tú gente tan lejos. Duele sentirte un eterno desconocido. Duele sentir que no perteneces. Y no escapé por miedo a la dictadura. Lucharía contra ella una y mil veces más de ser posible… lo hice para darle un futuro a mi bien más preciado, mi [email protected]

Levántate Venezuela, es tu momento…

Fabiola Maldonado

“Pobre pueblo” por Fabiola Maldonado Mastrojeni
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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