El silencio es su sinónimo. La depresión y soledad es parte de sus causas. Al ser una enfermedad invisible, la gente no se escapa de las garras de la muerte. El suicidio suena como un suave silbido entre los ciudadanos de España y del mundo; que no le damos la importancia necesaria a esta enfermedad, que acaba con la vida de un gran número de personas, dejando un silencio ensordecedor entre los familiares de las víctimas de esta enfermedad; que no avisa, que no cuenta con la atención adecuada en el sistema de salud, y a la cual no le damos mayor importancia.

La nueva pandemia por Fabiola Maldonado Mastrojeni

El suicidio muchas veces es poco relevante en los debates sobre la salud, o en medios de comunicación; cuando en España es considerada una de las primeras causas de muerte violenta; es decir no es provocada por una enfermedad que podamos ver, ni por algún hecho relacionado con el crimen. Lo peor es que se lleva a más y más personas cada año. Esta enfermedad mental, acaba con la vida de muchos; artistas, periodistas, y ciudadanos comunes, quienes sufren en silencio de una enfermedad que los lleva al vacío, terminando con sus vidas.

Actualmente, con el sistema de salud colapsado por la pandemia del Covid, se puede decir que las cifras relacionadas con esta muerte extrema han aumentado considerablemente. Y es que los pacientes con alguna patología como depresión, trastorno límite de la personalidad, u otra enfermedad considerada de la salud mental, no son tratadas a tiempo, por falta de especialistas.

Los pacientes se ven en la necesidad de sufrir en silencio de la pandemia que los lleva a la muerte inesperada por todos. El suicidio. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística, para el 2020 se produjeron 3.941 fallecimientos por esta causa; cerca de un 8% más que en el 2019.

Las cifras a nivel mundial son aún más alarmantes, si se puede decir; pues según datos de la Organización Mundial de la Salud, una de cada 100 muertes se debe al suicidio. Parece increíble, pero la enfermedad del silencio deja sin oxígeno a una persona cada 40 segundos a nivel mundial. Cifra ciertamente alarmante; y que hasta el momento seguimos sin hacer nada relevante para prevenir estas pérdidas humanas.

La pandemia invisible no tiene importancia

Año tras año vemos como aumentan las cifras de suicidios en el mundo; y como ciudadanos nos falta mucho por aprender sobre esta enfermedad, que aunque no se vea físicamente, va deteriorando a la persona que la padece, hasta el punto de “no retorno”, que es el momento cuando la persona decide quitarse la vida.

Chequeos regulares podrían prevenir el suicidio

Miles de personas buscan una mejoría, y al no encontrar algún lugar donde acudir, recurren a la opción más rápida… eligen la muerte. Esto es algo que desde las instituciones de salud debemos cambiar. Se debe estudiar la conducta de las personas que sufren de algún trastorno mental, el cual podría llevarlos a la muerte.

Tratar el tema sin mayores “tapujos”, e informar a la población de las enfermedades que atacan de forma silenciosa, puede ser una opción rápida, para atajar a tiempo el suicidio. Comunicar en las escuelas, institutos y universidades, sobre la depresión, sus causas y características, ayudaría a frenar la ola de suicidios de los últimos tiempos.

La pandemia en menores de edad

Cada vez más vemos a jóvenes quitarse la vida, por asuntos que nosotros vemos sin sentido; pero que por motivos de la adolescencia, pueden llevar a los menores de edad a buscar una salida fácil a sus problemas cotidianos. Conversar con nuestros hijos sobre los cambios que puede traer el desarrollo, así como enseñarles a ser libres e independientes, aprendiendo a defenderse en caso de ser víctimas de bulling, ayudaría a frenar las alarmantes cifras de menores que pierden la vida a causa de una depresión.

Normalizar la enfermedad

Comunicar que “no estamos locos”, y que se padece de una enfermedad invisible, puede ser significativo para las personas que padecen de algún trastorno mental. Abrir espacios de ayuda y de información para familias, para evitar que la depresión se lleve a algún familiar. Tomar en cuenta que “Sí se padece de una enfermedad”, aunque no la podamos ver es fundamental, para reconocer que tenemos un problema y que debemos ser tratados por un especialista (como ocurre cuando nos fracturamos una pierna, que debemos recurrir a un traumatólogo).

Cuando hablamos de ir a un psiquiatra, o psicólogo, es para muchos, sinónimo de “estar locos”, y lo cierto es que la mayoría (por no decir todos), necesitamos de la asesoría de una especialista, que nos guíe y nos asesore en nuestro día a día. Aunque parezca mentira, todos necesitamos, en algún momento de nuestras vidas, acudir a un especialista en salud mental, que nos brinde su experiencia, para poder superar un episodio de nuestras vidas.

Facilitemos espacios de comunicación

No esperemos que el problema siga su curso, mientras el resto de la población se hace de la vista gorda… Debemos crear espacios de comunicación e información para las familias afectadas y de esta manera prevenir que el silencio del suicidio detenga nuestra vida o la de algún familiar.

Es un tema serio; se necesitan más especialistas y menos detractores. Abarquemos el tema para frenar la pandemia silenciosa que nos roba la vida de miles de personas cada día. Enseñemos, desde casa a nuestros pequeños a ser respetuosos, para evitar el bulling y así prevenir suicidios de los más jóvenes. Todos tenemos derecho a vivir plenamente; a contar con una salud mental adecuada, controlada; con especialistas respetuosos que ayuden a la mejoría del paciente, tomándose en serio su situación mental.

Muchas veces una “pastillita” no es suficiente para quienes padecen de este infierno silencioso.

Fabiola Maldonado

 

 

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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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