Con vergüenza llega a mis manos los porcentajes de ganancias del autor de algún libro, frente al editor, distribuidor y el minorista. Lo cierto es que por desgracia, quien pasa horas, días, semanas, meses y hasta años, creando una obra literaria, solo recibe el 10% de las ganancias de la misma. Mientras que el editor del libro, llega a tener un porcentaje del 30%, al igual que el distribuidor y el minorista.

Lo cierto es que sin ese pequeño 10%, que vendría siendo el escritor, no existiría ganancia alguna. El porcentaje que recibe el autor de un libro, es sin duda más que vergonzoso; no llega a ser significativo con respecto al trabajo que lleva crear un libro, plasmar una historia y atreverse a mostrarla al mundo.

Cuando desaparezcan los escritores, no habrá que editar, ni que vender y lamentablemente, no existirá buena literatura actual; pues el mercado egoísta, acaparador y codicioso, no valora de forma equilibrada al creador de una obra. Entre la tecnología y las crecientes herramientas digitales, terminarán por acabar completamente con las ilusiones de quienes desean ver plasmado en papel su libro.

Horas de trabajo sin compensación

Mientras un escritor pasa años dándole forma a una historia, a sus personajes, ambientándola y recreándola de la mejor forma posible, para poder presentarla ante alguna editorial y que finalmente el libro vea la luz; los editores, distribuidores y minoristas, solo esperan la pequeña oportunidad para llevarse la más grande tajada de ganancias; de un trabajo que no ha sido suyo. De un libro del cual quizá desconozcan hasta su historia y las horas de esfuerzo que tuvo que invertir en un proyecto del cual solo recibirá, lo que yo llamaría una “burla” para el autor de un libro.

Nadie vive del aire. Y el escritor de un libro debe recibir un pago que sea correspondiente al esfuerzo que ha invertido al plasmar su obra. Un 10% de las ganancias, definitivamente, es una vergüenza y puede traer como consecuencia, que el mercado literario desaparezca. Y con él la cultura y el interés en la lectura y la escritura.

Libros sin hojas y bibliotecas sin libros

Al conocer esta dura realidad; solo queda decir que el futuro que podemos esperar, es el de las bibliotecas desmanteladas, la cultura marginada. Una enseñanza empobrecida, carente de cultura e historia. Adultos condenados a repetir su propia historia. Desinterés por los estudios y hasta el abandono de las escuelas.

Parece sacado de un libro de ficción todo esto, pero la realidad es que el mercado editorial no es para nada justo con quienes se “queman las pestañas”, detrás de sus ordenadores, para sacar adelante algún libro. Hasta ahora muchos pensábamos que un escritor podría vivir de sus obras, pero está claro que los autores crean sus libros por “hobbies”. Mientras que los editores y los distribuidores, pueden coexistir únicamente con las ganancias que les da su empleo en la industria literaria.

¿Queda espacio para nuevos autores?

Aunque soy de las personas que apuesta por la buena fe de las personas; hay que ser sinceros. En el mundo literario existe espacio para todos. Para quienes escriben libros de historia, de acción, comedias románticas, novelas negras, entre otras. Pero también es cierto, que mientras más bajos sean los ingresos de los autores tras publicar sus obras, menos escritores se verán estimulados a expresarse a través de las letras.

Quiero pensar que estos rangos de ganancias son ficticios. Y que los autores tienen la posibilidad de ganar más con sus obras. Pero lamentablemente es la realidad que viven actualmente los escritores.

Por ello no debemos olvidar, que la literatura hace historia, crea mentes brillantes y desarrolla cultura en el mundo. Cada autor aporta diferentes visiones de las mismas realidades. No podemos pasar por alto, que los escritores crean nuevos y maravillosos mundos donde podemos refugiarnos. Escritos que más adelante serán parte de la historia.

Es por esto que tenemos el deber de valorar y reconocer (no solo de forma empírica), sino también de manera económica el esfuerzo que hacen los escritores, tras pasar meses o años plasmando su narrativa, para que cuando salga a la luz sea reconocida y valorada.

En este punto parece que nos falta mucho por crecer y apreciar; y esto solo lo podemos encontrar detrás de las páginas de los libros, entre las paredes de una biblioteca. Que no desaparezcan los nuevos autores. Y que se les dé una valoración justa a los escritores, no un vergonzoso 10% de las ganancias de “su” libro.

Fabiola Maldonado

Cuando desaparezcan los escritores por Fabiola Maldonado Mastrojeni
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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