La maravillosa mezcla de comidas, sabores, olores, colores y diferentes tradiciones, desfilan por las calles de los rincones de España. Se apagan las miradas de miles de ucranianos que buscan refugio tras ver como se derrumban sus sueños y su tierra, por la guerra insólita iniciada por Rusia. Se cuelan lágrimas por los ojos de aquel venezolano que dejó todo atrás debido a la grave situación que vive su país.

Se escucha el acento de los colombianos, que vinieron buscando un mejor futuro para su familia; y que en la mayoría de los casos trabajan arduamente para llevar el sustento de quienes se quedaron en Colombia. Se apagan las sonrisas de los argentinos, que alguna vez soñaron con una nueva oportunidad. Y es que en España somos eso. Un poco de aquí y de allá. Somos españoles, ecuatorianos, chilenos, peruanos, ingleses, americanos, cubanos, venezolanos, ucranianos, entre muchas otras culturas. Todos siguiendo el bien común. Buscando un “final feliz”.

El mestizaje mejora la cultura

El resultado de la mezcla de tantas culturas dentro de España, es el complemento de nuevos conocimientos, nuevas historias, nuevas tradiciones, nuevas comidas… que más adelante serán típicas de este maravilloso país.

Cada inmigrante trae consigo sorprendentes aprendizajes, conocimientos; que luego formarán ser parte de la cultura de España. Nuestros hijos se casarán con ciudadanos del mundo. Tendremos nuevos colores. Ojos verdes, azules, marrones, se verán entre las calles de España… aunque existen grandes detractores de esta teoría, personalmente, me quedo con quienes apuestan a lo positivo, que puede traer la llegada de inmigrantes a España.

Anastasiya, una joven ucraniana de al menos unos 40 años, que lleva tan solo 5 meses residenciada en este país europeo, cuenta entre lágrimas, “las costumbres de Ucrania llevan años de antigüedad, pero una de las más especiales es la que se celebra el 7 de julio, en la noche del solsticio de verano. Es una fiesta que se llama La Noche Kubala, día en el que la leyenda cuenta que nacen flores mágicas”.

Así pues, los ucranianos creen que quien encuentra una flor de helecho en el bosque será muy rico y feliz. “Las niñas ponen guirnaldas en el agua y si se las enaltecen se cree que se casará pronto”. Así mismo, Anastasiya cuenta que el fuego es fundamental, “consideramos que tiene poderes para curar enfermedades”, asegura la joven con especial emoción.

“Las típicas arepas venezolanas, se podrán rellenar con la tortilla de patatas, pues sería una explosión de sabor”, describe un venezolano residenciado en Madrid, la ciudad natal de su abuelo. “Sin duda una mezcla del folklore venezolano y español, sería un espectáculo. Entre faldas flamencas y bailes sapateaos, la fiesta no terminaría nunca”, asegura con emoción José Antonio, quien lleva 4 años en España.

Por su parte, Luis, cuenta que la gastronomía colombiana, junto con la bandeja paisa, haría un buen equipo en la mesa de los españoles. “frijoles, arroz, sobrebarriga (corte de carne) y chicharrón, sería el acompañante perfecto para un buen churrasco… la fiesta la ponemos entre acordeones y bachatas”. Luis cuenta que tras sus 8 años viviendo en territorio español, agradece el acompañamiento y apoyo que le han brindado todas las personas que se han acercado a él. Actualmente tiene un empleo fijo, en el que se desempeña como mecánico desde hace al menos 4 años. “soy responsable, colaborador y muy amable, algo típico de mi pueblo”.

Ecuador se hace presente con la señora Mercedes, quien lleva en España más de 20 años. “He adoptado la cultura española en mi vida, en la de mis hijos y mis nietos, pero sigo haciendo el tradicional ceviche, que en las ciudades costeras es muy solicitado”, cuenta entre risas. “En mi familia tenemos diferentes culturas, una de mis hijas se casó con un español, de Sevilla, y mi nieta ha nacido allá; el amor no tiene nacionalidades ni banderas”, asegura Mercedes.

Retrocediendo a la historia

En la historia contemporánea, podemos recordar como nuestros padres o abuelos salieron de España, debido a la guerra, la post guerra y luego por la situación que implantó Franco. Para aquel momento los países latinoamericanos eran una excelente opción para los españoles que buscaban rehacer su vida. Muchos buscaron alojamiento en Argentina, Chile, Colombia y Venezuela. Formaron familia. Y empezó el mestizaje que hoy conocemos como “contemporáneo”.

Para ese momento, Latinoamérica les brindó apoyo, refugio y hogar a todos los emigrantes europeos que escapaban de la terrible situación, que puso en jaque a gran parte de la ciudadanía. Incluso estos países llegaron a abrigar a niños alemanes huérfanos, que posteriormente fueron adoptados por familias latinas.

Le damos la vuelta a la tortilla

Hoy, muchos ciudadanos latinos buscan una segunda oportunidad, siendo un destino atractivo, los países europeos. Desean una segunda oportunidad para ofrecer seguridad y bienestar a sus familias, así como lo pudieron ofrecer sus países, hace unas décadas, a muchos ciudadanos europeos.

En esta época llena de avances tecnológicos, y redes masivas de información, se ponen de moda nuevos fenómenos sociales como la xenofobia, neo-racismo, lo que hace más difícil la integración social entre ciudadanos de diferentes nacionalidades que llegan buscando una segunda oportunidad.

Nadie quiere “robarle el trabajo” a nadie. Ni quitarle el médico de cabecera a otros. Lo único que buscan los inmigrantes cuando llegan a otras tierras, es mejorar su calidad de vida. Aportar conocimientos al país al que llegan. Desean formar parte de algo. Sentirse uno más dentro de aquella tierra desconocida.

Recordemos el mundo no para de girar… y la tortilla puede volverse a voltear.

Fabiola Maldonado

El mundo no pertenece a nadie
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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