En los últimos tiempos, los aumentos desmesurados de la gasolina, así como de los productos básicos alimenticios, causan desagrado en gran parte de la población española. Sin embargo, nadie dice nada frente al creciente aumento. Parece que como ciudadanos nos “autocensuramos”, mientras nuestros sueldos no llegan ni a la mitad del mes.

Los repentinos altos costos de los alimentos, sorprende hasta al más incrédulo. Quienes tienen sueldos mayores al mínimo; también se ven afectados ante el alto costo de la vida. Parece que el Covid, la guerra y la viruela del mono, nos pasa factura justo cuando llega el buen tiempo. Cuando los ciudadanos estamos distraídos en disfrutar de las vacaciones de verano, y no prestamos mayor atención a los precios.

No se llega a fin de mes

La realidad de la mayoría de los ciudadanos que viven en España, es que sus sueldos no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas y llegar a fin de mes con algo en los bolsillos. Muchos ven con preocupación el aumento de hasta un 100% de productos como la mayonesa, margarina, el pan para sándwiches, el aceite, el arroz, los huevos, así como los productos de higiene personal, entre muchos otros, que ahora mismo, son inaccesibles, para quienes ganan un sueldo mínimo en España.

El gas, el agua y la luz, son temas que preocupan a todos desde hace algún tiempo. Sin embargo, el aumento de estos servicios, no llega a su fin. Los gobernantes tapan el sol con un dedo, al presentar un proyecto para bajar los impuestos de algunos de los productos antes mencionados, pero la amarga situación, duele en los hogares de los ciudadanos que viven en España.

Llegar a fin de mes con unos pocos euros en la cuenta bancaria, se ha hecho algo casi imposible para los ciudadanos comunes. La capacidad de ahorro no existe. Las nuevas generaciones, se verán en la necesidad de vivir con sus padres a pesar de haber formado una familia. Se desvanece poco a poco, el sueño de los jóvenes que desean adquirir independencia.

Sin darnos cuenta, nos vamos sumergiendo en una inestabilidad económica, que parece hundirnos en la pobreza a quienes trabajamos con un sueldo mínimo. El aumento de los productos y servicios va a la velocidad de una montaña rusa, y mantiene a los ciudadanos en vilo, esperando que los precios “bajen”. Pero lo cierto es que en este caso no cabe el refrán “todo lo que sube baja”. Ahora mismo, lo que aumenta, seguirá aumentando.

La lógica economista

Luego de situaciones desestabilizadoras, las políticas de Estado, deben responder de una forma oportuna y adecuada para afectar, lo menos posible, a los ciudadanos, empleados o empleadores; para que la economía del país funcione de la mejor manera. Aumentar los precios a límites insospechados no es la cura.

Desgarrar a los trabajadores con los impuestos tampoco mejora la economía de un país. Aumentar los sueldos, traería como consecuencia la crecida de costes en todo, como un efecto dominó. El autónomo, debe aumentar el sueldo a sus empleados, así mismo, aumentará la mano de obra, y hasta los recursos de producción de leche, carne, entre otros alimentos de primera necesidad, tendrán que subir sus precios, pues los costes de elaboración serán más altos.

Trabajar en proyectos sustentables y realistas, es sin duda, la mejor opción para mejorar la economía del país. Es importante tomar en cuenta las opiniones de los ciudadanos. Pues somos nosotros los que pagamos impuestos, y hacemos que funcione el aparato productivo y económico del país.

Presentar propósitos ideales y sostenibles, es la clave para mejorar la situación actual que se vive en España. Trabajar en conjunto es primordial, cuando se desea que la mayoría de habitantes de un país, no se vean afectados frente a la economía.

“El mercado de 50 euros, ahora llega a 100”

No podemos hacer de la vista gorda ante los elevados costos de la mayoría de productos alimentarios, que se encuentran en los mercados de España. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”… en esta frase se resume gran parte de este apartado. Si como residentes o ciudadanos españoles, no exigimos, nuestras bocas serán silenciadas.

Si hacemos ahora de la “vista gorda”, a pesar de vernos afectados frente al aumento descontrolado de los alimentos, y de los servicios públicos en general, no tendremos voz para hacernos escuchar. Perderemos el derecho de exigir precios justos y compatibles con nuestras ganancias.

“Un mercado de 50 euros, ahora llega a 100… “comenta decepcionada una ciudadana tras salir de un comercio de comida. “El salario no alcanza, los precios siguen en crecida y lo que más preocupa es que nadie dice nada. El sueldo se desvanece, en tres o cuatro bolsas de comida. Los meses se hacen más largos porque es imposible llegar a los últimos días con algunos euros en el bolsillo… Ya ni pensar en la posibilidad de ahorrar, para viajar, o para adquirir una vivienda. Es que suena imposible”, asegura Susana, una empleada de 38 años, madre de una pequeña hija de 4; quien se entristece al ver que por más que trabaje, el salario no le es suficiente para cubrir con todos los gastos.

Tras hacer un recorrido entre los comercios alimentarios de España, puedo corroborar, que los precios siguen en evidente aumento. Quiero darle un voto de confianza a los especialistas y gobernantes, para que podamos salir bien librados de esta situación que afecta gravemente los bolsillos de todos los habitantes de España.

Quizá sería necesario, crear más puestos de trabajo. Hacer más fácil y accesible la figura del autónomo, ofrecer más oportunidades a las nuevas generaciones. Entregar herramientas de empleo a los estudiantes de bachillerato, para que aprendan desde jóvenes a ganarse la vida. Menos “ayudas o bonos”, y más instrumentos para crear una población independiente, con deseos de superación.

Valorar a los empleados. Que día a día, luchan como en una carrera de obstáculos, para sacar adelante a sus familiares. Ofrecer empleos justos, que cumplan con las normas establecidas por la ley. No olvidemos que un país se mueve, por aquellos que salen a trabajar día tras día; buscando su sustento.

Fabiola Maldonado

 

Duelen los bolsillos de los españoles por Fabiola Maldonado
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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