Esa pequeña hada mágica había nacido con un único propósito. Llegó para brillar con sus encantos y deslumbrar con su sonrisa a todo aquel que le conocía. Era de manos chicas. De ojos azules, tan claros como el cielo mismo. Su cabellera larga y negra, como la noche intensa, se dejaba acariciar por el viento. Sus alas, aunque diminutas, y cristalinas, parecían el paradisíaco Caló des Moro, de Mallorca.

Como si fuera mi destino

Aprendió a volar muy pronto. Le tocó crecer aunque deseaba seguir siendo pequeñita. Su luz corría junto a ella y la acompañaba como lo hace la sombra al andar. Comprendió que debía hacer algo por el mundo; pues a través de su casita del árbol, donde vivía, acogedora y muy calentita, podía ver lo que pasaba en el mundo de los humanos.

Para la hadita todo aquello era incomprensible. Pues miraba como la tierra se iba desmoronando. Aquel lugar donde había aprendido a volar se hacía casi irreconocible para ella. No entendía de asesinatos ni de guerras. No comprendía diferencias por raza, religión, color, natalidad o ideologías.

Mientras miraba desde la ventana de su hogar, sólo podía pensar en salvar al mundo, de lo que ella consideraba eran crueldades que sufrían los más vulnerables.

Se puso su traje de gala y voló

Sus alas revoloteaban emocionadas por viajar entre los alrededores de aquel majestuoso mundo. Su vestimenta de color verde intenso, brillaba como el sol mismo. No podía esperar… voló muy alto, y entre la lejanía veía con tristeza aquella realidad que comprendió sola no podría cambiar.

Sus hermosos ojos azules se llenaron de lágrimas, pero no dejó de volar. Se posó en la ventana de una casa, desde donde podía ver a un pequeño que aprendía a dar sus primeros pasos. Descansó mientras sonreía al mirar la ternura y la pureza de aquel bebé. Secó sus lágrimas y le llegó una magnífica idea… No debía cambiar el mundo, debía salvar la ternura de los más pequeños. Rescataría la pureza de la niñez… “eso necesita el mundo se dijo”.

Voló lo más pronto que pudo. Preparó suficiente de polvo mágico y con su vestido verde y su larga cabellera negra, se dispuso a rescatar la pureza de todos los niños del mundo. Entre magia, risas, poesías y canciones, pasó años la hadita salvando lo más importante, la niñez. Rodeada de mil colores, jugaba como una más entre los columpios de un parque…como si no hubiera un mañana disfrutaba en cada rincón.

Cuando de pronto se acercó otra hada y le preguntó:

  • ¿Qué haces aquí, entre tantos humanos?

Sus ojos azules se abrieron como nunca antes y mientras se columpiaba pensaba lo que debía responderle a aquella desconocida…

  • Salvo el mundo – dijo con total seguridad, mientras sus cabellos bailaban con el viento.
  • Pero, si el mundo está todo destrozado… los ciudadanos no han cuidado de su tierra, ¿qué vas a salvar? – siguió la hada de cabellos rubios y de piel morena.
  • Salvo la infancia, la pureza, la inocencia… estos pequeños serán el futuro, y si los salvo a ellos estoy salvando al mundo. Les enseño a reír a carcajadas, a soñar en grande y a no perder la esperanza. Les muestro que se puede tener una vida libre de violencia. Que no existe diferencia entre ninguno y que el amor es el “valor” más importante que se debe conservar – Respondió tranquilamente, mientras dejaba de columpiarse y miraba al cielo.

Se sentía satisfecha de tantos años de empeño, para forjar un futuro mejor a los más jóvenes. Pero algo le faltaba… entonces le extendió su minúscula mano a aquella hada de cabellos rubios, y por unos minutos volaron juntas. Comprendió que ella sola no podía salvar el mundo, pensó que necesitaba de un ejército de hadas para lograrlo, así que invitó a su nueva amiga, de alas grandes y brillantes, a unirse a su misión…

Entre centellas de colores y un intenso brillo, las dos hadas descendieron. Se sentaron en un banco del parque mientras el viento hacía volar las hojas otoñales a su alrededor. El polvo mágico caía como lluvia en aquel lugar. El resplandor era suficiente para deslumbrar a quienes podían verlas. Sin decirse una palabra, ambas volaron tan alto como pudieron, y en lo que parecía una fiesta de fuegos artificiales y colores, la tarde calló, dejando un atardecer rosa impresionante…

La historia cuenta que desde entonces, las dos hadas recorren el mundo, salvando la inocencia, mientras buscan más haditas, que se unan para “salvar el mundo”… Los más pequeños describen que un ejército de hadas hermosas, de muchos colores, les han visitado en sus parques, escuelas y hogares. Desde entonces muchos pueden ver los hermosos destellos que van dejando en sus recorridos las hadas destinadas a salvar el mundo.

Hoy en día hay muchas; pero aquella hadita, de ojos grandes y azules como el cielo, de cabellos negros y de vestimenta verde brillante, aún vuela por el mundo, llevando un mensaje de amor y esperanza a las futuras generaciones.

A ese hermoso ejército de Hadas. En especial a mi hermosa Hadita Vane…

Fabiola Maldonado

 

Como si fuera mi destino por Fabiola Maldonado
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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