Entrevista a Luis Amat, escritor de ¡Por la libertad! y Retazos

Hoy en Alquibla nos acompaña Luis Amat, escritor alicantino que ha conquistado a los lectores con dos obras tan diferentes como complementarias: la novela histórica ¡Por la libertad! y el libro de relatos Retazos. Con un estilo ágil, visual y profundamente humano, Amat nos invita a viajar por la memoria colectiva y también por los recovecos más íntimos de la experiencia personal. En esta conversación nos habla de sus inicios en la escritura, de cómo la literatura se convirtió en un canal de expresión y libertad, de su pasión por la historia y del papel que juegan las emociones en cada una de sus páginas.

Luis, ¿qué te llevó a dar el paso de escribir y publicar tus libros? Desde que tenía uso de razón, la escritura y la imagen han formado parte de mi vida. La redacción de cuentos me apasionaba. Emprendí profesionalmente el camino de la imagen y la publicidad. Escribía infinidad de eslóganes, textos publicitarios, artículos profesionales y colaboraciones en diversos tipos de revistas. Mis campañas de marketing directo consistían en sumergir el posible cliente en una historia con enunciado, nudo y desenlace, capaz de tocar la fibra sensible del consumidor. Mientras tanto, seguía escribiendo relatos solo para mí, paralelamente a mi afición por la lectura. Una casualidad hizo que me inscribiera en un curso de escritura creativa y allí perfeccioné conceptos desconocidos para la adecuada concepción de una historia. Decidí presentarme a dos concursos y los relatos fueron premiados, lo que supuso un gran acicate. Incluso publiqué algunas obras en diversas antologías. Sin embargo, para mí, una novela eran palabras mayores, no me sentía capaz de realizar una obra de tal envergadura. Hasta que encontré el tema adecuado y me entusiasmé con él. ¡Por la libertad!, que iba a ser un relato de unas ocho mil palabras, se convirtió en una novela de noventa y dos mil. Una vez acabada no me decidía a publicarla, pero las buenas opiniones de las personas que la habían leído y la baja calidad de obras escritas por conocidos que se habían atrevido a publicar, me animaron a dar el paso. ¿Por qué yo no? Y me lancé a la aventura.

¿Cuándo descubriste que la escritura podía convertirse en un canal de expresión y libertad para ti? La escritura, al igual que la gráfica, son dos canales básicos de expresión. No en vano, a los niños, desde temprana edad, se les enseña a manifestar su estado de ánimo a través de las formas y los colores, al igual que, después, con la escritura. Unir palabras capaces de expresar sentimientos es el mejor de los tratamientos. Así lo recomiendan los psicólogos: escribir, escribir, escribir. La manera más adecuada de sacar todos los sentimientos de dentro, de expresar con libertad aquello que no se es capaz de pronunciar. Así lo entendí pasada la pubertad. Y escribía cómo me sentía, qué añoraba, mis quejas, mis temores, mis amores… Después, en el devenir de la vida, cada vez que las circunstancias pretendían hundirme, llenar hojas de libretas con sentimientos, pensamientos y propósitos, fue la terapia más adecuada. No hay mayor libertad que la obtenida por la unión de la soledad, un bolígrafo y una hoja en blanco.

¿Qué significa para ti ver tus obras publicadas y disponibles para los lectores? La primera vez que vi mis ilustraciones publicadas en un libro, sentí una sensación indescriptible. Se trataba de compartir mi propia creatividad con el gran público. Mis dibujos ya no estaban solo en el papel donde se crearon, sino que volaron a cientos de páginas capaces de multiplicar parte de mi propio yo. Con la escritura, la sensación es más compleja. Es una historia la que se cuenta, con sus personajes, los giros de trama y el adecuado final. Son muchas horas de investigación, de esbozos, de borradores, de correcciones, que se han convertido en un tocho encuadernado capaz de enfrentarse a quien no sabe nada de mí ni de mi novela. La responsabilidad es muy grande, pues el fin de la publicación es agradar, entretener y hacer sentir. Y más que la propia satisfacción, publicar es obtener la complacencia de los lectores. Eso es lo que hace que valga la pena tanto trabajo.

El título ¡Por la libertad! ya es muy evocador, ¿qué libertad reivindicas en este libro? La libertad es el don más preciado que posee el ser humano. Siempre la he defendido, por encima de todo. El deseo de libertad, en mi novela, se remonta al año 1844, cuando, recién declarada mayor de edad por las Cortes la infanta Isabel, con trece años, y proclamada reina con el título de Isabel II, el presidente del gobierno Luis González Bravo, promulgó un régimen absolutista, parecido al de Fernando VII, con la consiguiente pérdida de libertades para las clases media y alta. La clase baja, en aquellos años, no tenía derecho a nada. Ante tal panorama político, desde Alicante, el coronel Pantaleón Boné, auspiciado por la burguesía liberal y progresista, se levantó en armas contra el gobierno y lideró una revolución, ya nacida desde el fracaso, que pretendía recuperar las libertades perdidas. Ese es el fondo histórico de la novela. Sin embargo, en ella, también reivindico, a través de los personajes de ficción, la libertad de expresión, de asociación, de culto o de enamoramiento por encima de las ataduras sociales. En la página 327, de la cuarta edición, Pantaleón Boné pronuncia, antes de ser fusilado, un discurso, totalmente ficticio, en el que acaba diciendo: «deseo de todo corazón que vuelvan las libertades y se instaure un sistema democrático en el que todos, y no solo los poderosos, sean partícipes; en el que se mire con esperanza hacia un futuro de bienestar lejos del dominio de la Iglesia y de quienes explotan a los trabajadores como esclavos. Ellos tienen derecho a una vida digna, a salir de la miseria con un mayor salario y con tiempo para dedicar a sus familias. Tened por seguro que llegará ese día. Entonces no habremos muerto en vano. ¡Viva la libertad!».

 

 

¿Cuánto de vivencial y cuánto de ficción hay en sus páginas? La novela pretende dar a conocer cómo era Alicante a mitad del siglo XIX y, por supuesto, narrar, con el mayor detalle, los hechos acaecidos durante la revolución llamada de los «Mártires de la Libertad». Por tanto, todo aquello que refleja lugares, personajes o acontecimientos reales, están escritos de manera historicista, respetando la más mínima particularidad, como un fiel reflejo de la época. La novela es una mezcla de ficción y realidad, con la narración novelada del levantamiento de Pantaleón Boné como fondo. La obra combina el levantamiento militar con los aconteceres de varias familias creadas para la novela. Todos los personajes interactúan y llega un momento en el que no se sabe lo que es ficción o realidad. Por suerte, para evitar dudas, al final de la obra lo aclaro.

¿Cómo fue el proceso creativo de esta obra?, ¿escribías con una idea clara o dejaste que fluyera de manera más libre? La novela necesitó de una investigación que duró más de un año. Antes de pensar en la trama y en los personajes, tuve que reconstruir la ciudad de Alicante, tal como era en el año 1844; sus calles con sus nombres de entonces, sus costumbres, las murallas que la rodeaban, los lugares emblemáticos. También, encontrar información sobre la revolución de los Mártires de la Libertad; quiénes eran sus protagonistas, qué pretendían, como planificaron la revolución, cómo transcurrió, por qué fracasó, dónde están enterrados, por qué se les ha olvidado por completo de la historia, etc. A continuación, emprendí la creación de los personajes y la concepción de la trama. Suelo ser escritor de brújula, por lo que antes de escribir la primera página, el resumen del guion estaba perfectamente trazado. Como anécdota, hay que contar que todo el esquema de la parte central de la novela lo esbocé en el Hospital Universitario Doctor Balmis durante los tratamientos de quimioterapia.

¿Qué mensaje principal te gustaría que quedara en el lector tras leer ¡Por la libertad!? Lo principal es que pudiera valorar aún más ese bien tan preciado llamado libertad. A continuación, que comprendiera la precariedad que padeció la sociedad de aquellos años y que viviera, junto a los personajes de ficción, todas sus peripecias y esfuerzos para obtener las mejoras sociales que ahora disfrutamos. Y, por último, que conozca, y no olvide jamás, que en Alicante, el 8 de marzo de 1844, fueron fusilados veintitrés liberales y progresistas que lucharon por la libertad del pueblo. Que sepa que esos mártires están enterrados en el cementerio de Alicante, abandonados por las autoridades y partidos políticos, que asisten a Villafranqueza para homenajear a siete prisioneros que fueron fusilados el 14 de febrero como medida de presión para que Pantaleón Boné y los suyos se rindieran, y sin embargo, los cabecillas y verdaderos artífices de la revolución, los auténticos «Mártires de la Libertad», están olvidados por completo. Que además conozca que, hasta 1939, un monumento levantado en donde ahora está la fuente de la Puerta del Mar, recibía cada 8 de marzo a los alicantinos en masa, como homenaje multitudinario a los veintitrés Mártires de la Libertad. Y que sepa que, al principio del franquismo se derribó el monumento y fueron prohibidos los homenajes que hasta ahora, no se han recuperado.

El propio título Retazos sugiere fragmentos de vida o recuerdos, ¿cómo nació la idea de este libro? Retazos es un conjunto de siete relatos con diferente temática, inspirados en alguna vivencia, que ha servido como fundamento para la construcción de cada historia. Quizá el subtítulo de «historias inspiradas en vivencias personales» no haya sido muy adecuado, pues el posible lector pudiera interpretarlo como relatos autobiográficos, cuando en realidad no son nada de eso, sino un conjunto de narraciones surgidas de percepciones que quedaron en mi memoria y que me han servido como base para crear el conjunto de cuentos, de interesante trama y sorprendente final.

 

¿Qué hilo conductor une los distintos textos que lo conforman? Retazos es un grupo de historias que contienen partes de mí: una sensación, un detalle, un sentimiento, una experiencia personal, que me han servido como punto de partida para construirlas. Varias de las narraciones tienen como fondo hechos y lugares reales, aunque en casi todos se hace referencia Alicante.

¿Qué emociones predominan en Retazos y cómo esperas que las reciba el lector? De las páginas de Retazos se desprenden amores, intrigas, vicios, virtudes, aspiraciones inalcanzables o turbios propósitos urdidos en beneficio del propio protagonista. Son retazos de diferentes personalidades que delatan a cada individuo, mostrando en ocasiones su naturaleza más oculta y primitiva. Por poner un par de ejemplos, en el relato «Adoro a Miles Davis», pretendo acusar a los mediocres que utilizan el talento ajeno para poder sobresalir; en «Olitas», quise escribir sobre la obsesión que puede llegar a dominar a un individuo cuando graves alteraciones emocionales le desbordan, siendo una válvula de escape que le persigue de tal manera, que puede someter a su mente consciente. Si el lector es capaz de captar el fondo psicológico de cada una de las historias, habré cumplido mui objetivo.

¿Cuál de esos “retazos” sientes más cercano o más tuyo? Las opiniones sobre «Retazos» han sido muy positivas, tanto es así que varias reseñas la han considerado con una calidad literaria superior a la novela. Lo cierto es que, en cada historia, me he volcado con total libertad y he disfrutado mucho en su escritura. Constituye una obra muy personal en la que soy yo mismo en medio de la soledad y las palabras que surgen de dentro con fuerza, tal como cuando descorcho una botella de buen cava brut nature, llenan las copas de mis lectores para que puedan brindar y saborearlo conmigo. Si tuviera que elegir uno de esos relatos por ser más mío, quizá me quedaría con «Entre espíritus y pasiones», en el que hay muchos recuerdos que marcaron una época. Todo comenzó cuando, en 1977, puede asistir a una sesión de espiritismo en un piso del número 5 de la calle Santo Tomás. Era un grupo muy hermético formado por pocas personas, todas bastante mayores, coordinado por la propietaria de la desaparecida pastelería La Parisién, en la Rambla de Méndez Núñez.

¿Cómo definirías tu estilo de escritura? Quizá debido a mi formación en Marketing y Publicidad y por ello muy acostumbrado a una forma visual de expresarme durante toda mi trayectoria profesional, podría definir mi estilo de escritura como ágil, visual y escueto. Mi norma a seguir siempre ha sido «menos es más», y por ello huyo de textos complicados, confusos o con estructuras complejas. Busco el efecto inmediato sin ahondar demasiado en los detalles narrativos Vivimos en la era de las redes sociales y los audiovisuales, y el lenguaje utilizado en ellos cala en el público debido a su inmediatez y rapidez de comprensión. Pienso que el estilo literario actual debe asemejarse al utilizado en esos medios y ha de ser capaz de entrar en el subconsciente del lector, tal como lo hace una película o una serie de televisión.

¿Tienes referentes literarios que te inspiran o guían en tu camino como autor? Siendo joven, mi padre, empedernido lector, me llevó por el camino de Víctor Hugo, Tolstoi, Balzac, Dostoievski… Naturalmente, también de Cervantes, Lope, Calderón… Fue muy enriquecedor para mí conocer la literatura de la mano de tales autores y, pronto me incliné hacia la novela con trasfondo histórico. Quizá de eso tuvo la culpa la lectura de Guerra y Paz. Ahora mismo, si tuviera que elegir a un escritor actual, me quedaría con Ildefonso Falcones y con su obra El pintor de almas.

¿Qué papel crees que juega la literatura en tiempos tan convulsos como los actuales? No cabe duda de que la literatura es un soplo de aire fresco en medio de una sociedad falta de valores, pero ante la que nunca debemos perder las esperanzas de amor, positividad y empatía, aunque ahora sea utópico. Julia Navarro, en su libro «La sangre de los inocentes», escribe: «Es mejor perseguir un sueño a rendirse a no tenerlos. Prefiero perseguir utopías». Marino Sánchez Soler asegura que «La literatura de ficción consiste en contar una gran mentira para explicar una profunda verdad. El pacto: el lector creerá la mentira que cuenta el escritor, a cambio de que este la relate de manera creíble, verosímil». Con mucho más detalle, lo describe Giorgio Manganelli en su libro «La literatura como mentira», cuyo contenido se puede resumir en una frase: «¿Cuál es la renuncia que la literatura impone tanto a quien escribe como a quien lee? Es la renuncia a la verdad: la literatura no solo miente, sino que es toda ella mentira, y su historia es a la vez la historia de un mismo engaño, repetido sin pausa». Quizá estemos ahora necesitados de eso: creer en mentiras contadas con verosimilitud y en utopías que nos hagan elevarnos sobre el mundo convulso actual creando en nuestra mente personajes, paisajes, ilusiones e historias de las que creemos formar parte. Todo eso está en la literatura.

¿Prefieres escribir desde la reflexión pausada o desde la inmediatez de la emoción? Ambas son compatibles. La reflexión pausada es necesaria para construir la trama de la novela, sus personajes, los giros de guion. Pero en plana tarea de escritura siempre embarga la emoción y desde ese estado pueden surgir frases, escenas o situaciones que enriquezcan el texto. Es entonces cuando la expresión de los propios sentimientos entra a formar parte de la obra y la engrandece sobremanera.

¿Cómo ha sido la acogida de tus libros por parte de los lectores? ¡Por la libertad! ha sido un éxito que ni yo mismo esperaba. Cuatro ediciones de la versión en castellano lo confirman. Además, el Servei de Llengues de la UA, tradujo la obra al valenciano porque la consideró idónea para su distribución en los centros de enseñanza de la Comunitat Valenciana. Es curioso que, tratándose de un hecho histórico novelado ocurrido en Alicante, la repercusión en València haya sido mayor; allí ha llamado más la atención la revolución de los Mártires de la Libertad.

¿Te han llegado testimonios de personas que se han sentido identificadas con tus palabras? Por supuesto. Tanto de la novela como del libro de relatos, tengo testimonios muy enriquecedores que estimulan a escribir con más ilusión, si cabe.

¿Qué estás preparando actualmente?, ¿tienes ya en mente algún nuevo libro? Si todo va bien, a final de año saldrá a la luz Vigilantes del mar, un ambicioso proyecto para el que he tardado, entre investigación y escritura, más de dos años. Una historia de amor, piratería, esclavitud y luchas de religión, cuando, en el siglo XVI, las costas del reino de València estaban atemorizadas por los corsarios de Argel, y las torres de defensa, los vigilantes del mar, eran la esperanza para seguir con vida. La obra, ahora en fase de corrección, comienza en 1519, con el inicio de la guerra de las Germanías, y acaba en 1565, tras la muerte del pirata berberisco Dragut, que asoló en repetidas ocasiones las costas de Alicante. Se trata de una novela trepidante, cuya trama trascurre entre València, Alicante y Argel, con un final muy sorprendente, que espero sea del agrado de los lectores.

¿Cómo te gusta conectar con tus lectores: a través de presentaciones, encuentros, redes sociales…? Todo sistema es bueno siempre que el nivel sea el adecuado. Las presentaciones son fundamentales, pues permiten acercar la obra directamente al público, interactuar con él y mostrarte tal como eres. Los encuentros literarios permiten intercambiar enriquecedoras experiencias. Y las redes sociales son básicas para la difusión hacia los grandes públicos. El todo es mayor que la suma de las partes, por eso, una acción coordinada con los medios sería lo más efectivo.

Y para terminar, ¿qué consejo le darías a alguien que siente la necesidad de escribir, pero no se atreve a dar el primer paso? Le diría que no se corte, que exprese todo lo que lleva dentro, que lea, que se perfeccione. Que dé a conocer su obra y pida opinión a personas con criterio. Y si su obra tiene calidad, que la publique. Hoy en día hay muchos medios para eso.

 

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