Archivos, bibliotecas y patrimonio: la trayectoria de María

En Alquibla, creemos que cada historia merece ser contada, especialmente aquellas que nos acercan a las raíces de nuestra memoria colectiva. Hoy tenemos el privilegio de entrevistar a María, una joven apasionada por el arte, el patrimonio y, sobre todo, por el mundo de los archivos y las bibliotecas. Desde aquella primera visita al Museo del Prado que despertó en ella una vocación, hasta su paso por instituciones tan relevantes como el Archivo Histórico Provincial de Sevilla y el Fondo Antiguo y Archivo Histórico Universitario de la Universidad de Sevilla, María nos muestra cómo la pasión y la constancia pueden convertirse en una auténtica carrera de servicio a la cultura. En esta entrevista nos comparte sus experiencias, aprendizajes y aspiraciones, además de una visión inspiradora sobre el futuro de la gestión de archivos en tiempos de digitalización.

María ¿Qué te llevó a estudiar Historia del Arte y cómo surgió tu interés por la gestión del patrimonio cultural? Mi interés por el arte y el patrimonio surgió de una experiencia muy personal: una visita al Museo del Prado cuando era pequeña. Recuerdo haberme quedado completamente cautivada por «La Anunciación» de Fray Angélico, y desde ese momento, supe que quería explorar ese mundo. Vivir en una ciudad con un patrimonio tan rico como Sevilla me motivó a matricularme en el Grado de Historia del Arte, con el claro objetivo de formarme en el ámbito de la gestión del patrimonio cultural.

Mi interés por la gestión se consolidó durante el máster, donde descubrí que los archivos y las bibliotecas son el corazón de la preservación de nuestra historia. La experiencia en la Universidad de Sevilla reforzó esta vocación, demostrándome que mi pasión es la de contribuir a la difusión de la cultura a través del riguroso trabajo de los archivos.

¿En qué momento descubriste que tu verdadera pasión eran los archivos y las bibliotecas? Mi interés por el mundo de las bibliotecas ha existido desde siempre, gracias a mi pasión por la lectura y por esos espacios llenos de historias. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó durante el máster.

Fue cursando una asignatura centrada precisamente en los archivos y bibliotecas cuando descubrí que mi interés iba mucho más allá de la simple afición. Aquella asignatura me inspiró a buscar prácticas en este campo. Tuve la suerte de que me aceptaran en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, y fue allí donde confirmé por completo que este era el camino que quería seguir y al que quería dedicar mi carrera.

Durante tu máster en Arte, Museos y Gestión del Patrimonio Histórico, ¿hubo algún proyecto o práctica que te marcara especialmente? Sin duda, el proyecto que más me marcó durante el máster fue el Trabajo de Fin de Máster (TFM). Aunque realizamos muchos proyectos interesantes sobre gestión de exposiciones y visitas a instituciones culturales, mi TFM fue la experiencia más relevante hasta la fecha.

El proyecto consistió en diseñar un itinerario que uniera el Conjunto Arqueológico de Itálica y la Casa Palacio de la Condesa de Lebrija. Este trabajo me permitió, por primera vez, aplicar de forma práctica mis conocimientos en gestión cultural, uniendo dos espacios tan emblemáticos y significativos de mi ciudad. Fue una experiencia muy completa que me confirmó mi interés por el desarrollo de proyectos de gestión de patrimonio de manera tangible.

¿Cómo fue tu experiencia en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla y qué aprendiste allí que consideres clave para tu carrera? Mi experiencia en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla fue absolutamente maravillosa. El equipo es increíblemente profesional y me hicieron sentir parte de la familia desde el primer día. De hecho, su apoyo y el potencial que vieron en mí fueron una de las mayores motivaciones para decidir dedicarme por completo al mundo de los archivos.

Allí aprendí de primera mano el día a día de un archivero. Durante el mes y medio que estuve, me enfoqué en la organización y el desarrollo de exposiciones, colaboré en la difusión en redes sociales y participé en diferentes eventos de difusión cultural. Lo que considero más valioso de esta experiencia es haber comprendido que el trabajo de un archivo va más allá de la catalogación; se trata de una labor de servicio y divulgación esencial para la sociedad.

Cuéntanos sobre tu beca en el Fondo Antiguo y Archivo Histórico Universitario de la Universidad de Sevilla. ¿Cuál fue tu tarea más significativa? Mi experiencia con la beca en el Fondo Antiguo y Archivo Histórico Universitario de la Universidad de Sevilla fue, sin duda, una de las mejores de mi vida. Me sentí afortunada por tener la oportunidad de formar parte de una institución tan prestigiosa mientras aprendía y consolidaba mi vocación por el mundo de los archivos.

Durante ese año, tuve la oportunidad de realizar muchas tareas, pero la más significativa fue mi colaboración en la catalogación de nuevos fondos, como el Fondo de José Sebastián y Bandarán. También participé en el desarrollo del cuadro de clasificación del archivo histórico universitario.

Estos proyectos me permitieron no solo aplicar lo que había aprendido en mi formación, sino también entender la importancia de la organización y la precisión en la gestión de la memoria histórica.

¿Qué habilidades consideras esenciales para trabajar en archivos y bibliotecas hoy en día? Yo diría que la habilidad más esencial es una que he aprendido a lo largo de mi trayectoria: la pasión por el trabajo y el profundo respeto por la historia.

Recuerdo una frase que me dijeron durante mis prácticas en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla que siempre llevo conmigo: que nosotros, los archiveros y bibliotecarios, somos los «guardianes de la historia». Considero que es una idea fundamental que todo profesional en este campo debe tener presente. Nuestro trabajo no es solo organizar documentos o estanterías, sino preservar y difundir el conocimiento que ha llegado hasta nosotros, para que las futuras generaciones puedan seguir construyendo sobre él.

A partir de ahí, se derivan otras habilidades clave, como la atención al detalle, la paciencia para el trabajo meticuloso y un compromiso constante con la correcta preservación y el acceso a la información.

Ahora te estás preparando para las oposiciones de Auxiliar de Archivos del Ministerio de Cultura. ¿Qué te motiva a seguir este camino? Mi principal motivación es el sueño de poder dedicarme por completo a esta profesión. Es una meta que tengo en mente desde hace mucho tiempo, y el deseo de alcanzarla es lo que me impulsa cada día.

Además de mi propia determinación, el apoyo de mis padres y de mi pareja es mi mayor motor. Ellos ven el esfuerzo que dedico a esta preparación, y su confianza en mí es una fuente de energía constante.

Por último, el hecho de haberme quedado tan cerca de conseguir una plaza en la convocatoria anterior, siendo la primera vez que me presentaba, me ha demostrado que estoy en el camino correcto y me ha dado una motivación extra para seguir adelante con más fuerza que nunca.

¿Cómo manejas los desafíos y la preparación intensa para estas oposiciones? Para mí, la clave para manejar la intensidad de las oposiciones es la paciencia y, sobre todo, la pasión por lo que estoy estudiando.

Considero que es esencial disfrutar del proceso, y a mí me apasiona el mundo de los archivos y las bibliotecas, lo que hace que cada hora de estudio valga la pena. Como siempre nos dicen a los opositores, esto es una carrera de fondo. Por eso, me aseguro de mantener una buena rutina y organización para gestionar el tiempo de manera efectiva.

Cuando te gusta lo que haces, es mucho más fácil mantener la motivación y la disciplina, y eso me ayuda a superar cualquier desafío y a seguir avanzando hacia mi objetivo.

¿Tienes algún proyecto o meta a largo plazo dentro del ámbito de archivos y bibliotecas? Mi meta a largo plazo es tener una carrera sólida y progresiva en el sector público de archivos.

Mi objetivo principal, y en el que estoy centrada ahora, es conseguir una plaza como Auxiliar de Archivos del Ministerio de Cultura a través de las oposiciones. Para mí, esta posición es el punto de partida para poder dedicarme de lleno a lo que me apasiona.

A partir de ahí, mi plan es seguir formándome, y por eso estoy considerando cursar el Máster de Documentos y Libros. Archivos y Bibliotecas de la Universidad de Sevilla, para adquirir conocimientos más avanzados. En última instancia, mi ambición es continuar ascendiendo y, con el tiempo, llegar a convertirme en una facultativa de archivos.

Para alguien que quiera dedicarse al mundo de los archivos y bibliotecas, ¿qué consejo le darías? Para alguien que quiera dedicarse a este mundo, mi principal consejo sería que tenga siempre presente la gran labor que realizan los archiveros y bibliotecarios.

Aunque el camino para llegar a este campo puede ser complicado y requerir de mucha paciencia, la satisfacción de poder dedicarte a lo que te apasiona es inmensa.

Al final, no hay mejor manera de ganarse la vida que protegiendo y preservando nuestra historia a través de los documentos y libros. Esta es una profesión esencial para la sociedad, y el saber que eres parte de ello es la mejor recompensa.

¿Cómo ves el futuro de la gestión de archivos y bibliotecas en España, especialmente con la digitalización y nuevas tecnologías? Veo el futuro de la gestión de archivos y bibliotecas en España con un enfoque muy claro en la digitalización y la integración de las nuevas tecnologías.

Considero que es fundamental que sigamos avanzando en este proceso. No se trata solo de modernizar las instituciones, sino de una labor crucial para la preservación a largo plazo de nuestro patrimonio. Lo más importante, sin embargo, es la posibilidad de facilitar el acceso a los usuarios.

Las nuevas tecnologías nos permiten romper barreras geográficas y temporales, haciendo que los valiosos fondos que custodiamos sean mucho más accesibles para investigadores, estudiantes y el público en general. En definitiva, el futuro es un camino hacia una gestión más eficiente y, sobre todo, más abierta y cercana a la sociedad.

Si pudieras destacar un momento de tu trayectoria que te haya definido profesionalmente, ¿cuál sería y por qué? Si tuviera que destacar un momento, sería la primera vez que un profesional del sector me dijo que se notaba la pasión y el cariño que le ponía al mundo de los archivos. Ocurrió durante mis prácticas en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla.

El simple hecho de que personas con una trayectoria tan admirable en este campo vieran un potencial en mí, no solo fue un reconocimiento a mi trabajo, sino una validación inmensa para mí. Fue un punto de inflexión que me hizo sentir que estaba en el camino correcto.

Este sentimiento se reforzó más tarde durante mi beca en el Fondo Antiguo, y desde entonces, es el motor que me impulsa a seguir formándome y a perseguir con determinación mi objetivo profesional.

¿Qué aspectos de la difusión cultural consideras más importantes y cómo crees que los archivos pueden contribuir a ello? Para mí, los aspectos más importantes de la difusión cultural son la accesibilidad y la contextualización. La cultura debe ser algo que esté al alcance de todos, y no solo para un público especializado. Además, es fundamental ofrecer el contexto necesario para que las personas puedan comprender la importancia y el valor de lo que están viendo.

Los archivos juegan un papel crucial en esto. Por un lado, son custodios de la memoria histórica. Los documentos, fotografías y registros que conservan son la base de nuestra historia. Sin ellos, no tendríamos el material necesario para contextualizar y entender nuestro patrimonio.

Por otro lado, los archivos pueden ser centros dinámicos de difusión. A través de la digitalización de sus fondos y el uso de las nuevas tecnologías, pueden romper barreras geográficas y temporales, facilitando el acceso a cualquiera que tenga interés. Además, su contribución a la creación de exposiciones, proyectos educativos y contenido para redes sociales es esencial para conectar directamente con el público y hacer que nuestra historia sea algo vivo y relevante.

 

 

 

¿Cuál ha sido el desafío más grande que has enfrentado en tu carrera y cómo lo superaste?

El desafío más grande que he enfrentado en mi trayectoria ha sido la gestión del tiempo y la capacidad de organización para poder cumplir con múltiples tareas y responsabilidades.

Durante mi formación académica, me propuse el reto de llevar al día cada una de las asignaturas. Esto implicó desarrollar una sólida rutina de estudio, ser muy organizada con los apuntes y planificar con antelación las fechas de los exámenes.

Superé este desafío gracias a la disciplina y la constancia, y considero que esa experiencia me aportó habilidades esenciales para mi carrera. La capacidad de priorizar, mantener la calma bajo presión y ser metódica son competencias que aplico hoy en día en cualquier proyecto y que me han ayudado a conseguir mis objetivos profesionales.

¿Qué te inspira a seguir formándote y trabajando en el ámbito de los archivos y la preservación del patrimonio histórico?

Me inspira el profundo convencimiento de que los archivos y el patrimonio son el corazón de nuestra memoria colectiva. Como me dijeron una vez, somos los «guardianes de la historia», y esa idea me motiva cada día.

Ver cómo la historia, que a veces parece lejana, puede cobrar vida a través de un documento o una fotografía es lo que me impulsa a seguir aprendiendo. Siento una gran responsabilidad y satisfacción al saber que mi trabajo contribuye directamente a preservar estos materiales para que las futuras generaciones puedan acceder a ellos, aprender de ellos y seguir construyendo nuestra historia.

 

 

 

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