Reseña del libro 1927 Caído de este lado del autor Idelfonso Vilches

La novela 1927 caído de este lado ha llegado a mis manos del autor Idelfonso Vilches publicado por la Editorial Adarve y que se desarrolla a lo largo de 198 páginas con una portada ensoñadora. Va dedicada a su familia, a sus abuelos, padres y un especial agradecimiento a Juan Pedro Vilches. A través del prólogo escrito por Luis C. Folgado nos damos cuenta de la belleza de esta obra. La novela es narrativa, pero en ocasiones crees estar leyendo poesía.

Luis C. nos habla de la España rural de años atrás con referencias a Debussy y a Monet que están presentes a lo largo de toda la novela. Es el prologuista quien nos habla del autor dedicándole unas palabras preciosas y nos cuenta de a quién va realmente dedicada la novela, aunque afirma que “ellos se marcharon sin saber todo lo que aportaron” y nos adelanta un fragmento donde el espacio y tiempo se detienen.

El autor comienza la narración con un preámbulo donde realiza una reflexión sobre la última cosa y con los posibles volverse a ver. La novela 1927 está compuesta por episodios cortitos que comienza por La siesta y termina con Polvo de hadas del destino.

Idelfonso nos habla a lo largo de toda la novela en primera persona, pero no sabemos nunca el nombre de su protagonista, podría ser uno o hablar por varios, sí conocemos el nombre de otros personajes, pero lo que ha querido dejar impronta el autor es de la época de decadencia que tuvieron que vivir en la España rural de los años 20 y cómo tuvieron que luchar para sobrevivir en el que se añadió la guerra de África y el país en declive.

A través de sus episodios conocemos la cotidianeidad de las personas del pueblo, de sus costumbres, de sus trabajos, de los platos típicos del lugar. A la primera persona que conocemos es a Blas su primo hermano, a Tomas el hortelano y otros muchos que nos presenta en el primer episodio titulado La siesta.

Se nos traslada a todas las épocas del año, el verano con el pajar, el amanecer y las fiestas del pueblo. Se nos habla de la calidad de vida de la gente del pueblo y también de la pobreza.

Varios episodios titulados Día de función y que los reparte a lo largo de toda la narración conocemos a Juana. El autor hace homenaje a personas ilustres de la literatura, en primer lugar, a Jacinto Benavente y su obra Los intereses creados, pero él no va a ser el único que se cite.

Comiendo almendras garrapiñadas llegamos al otoño donde el autor quiere hacer un homenaje a los trabajadores con el barro en los pies y una voz cantando Mimosa de Conchita Ulía. De manera indirecta el autor hace un homenaje a los abuelos con el episodio A la orilla del río y los te quiero que nunca se dijeron. Y la importancia que otorga a la familia en Aquella Navidad.

Para llegar a la primavera donde prima el sol, el aire, los pájaros y los cerezos en flor. Se nos habla de las enfermedades típicas de la época y cómo eran solucionadas, y se escuchan las voces sobrecogedoras que gritan el quejío en los campos cuando nadie les oye.

En una España de los años 20, el autor aprovecha para hablarnos del mal olor de las calles, de la pobreza, del hambre, de los gritos de una mujer desesperada y de la naturaleza, así como también del lloro en silencio al escuchar unos disparos.

De los malos recuerdos acompañados del ataque de fusiles, así como los sentimientos que le embaucaban. Hay lugar también para hablar de los emigrantes perdidos y sin ubicar llegando a un pueblo desconocido para ellos.

En muchas ocasiones, hay episodios tan bellos que solo tienes que dejarte llevar por lo que ocurre en ese momento dentro de ti, es el caso de El Puente de piedra que nuestro narrador observa el río y podemos ver lo que ve con su mirada.

Se habla de los coqueteos de la época y de la plaza del pueblo, pero también del ejército y de las emociones. De la nostalgia, de la vuelta al pueblo y el quedarse mirando los trenes como la vida que pasa.

Otro homenaje está a la vuelta de la esquina, es el de Malvaloca de Álvarez Quintero, acompañado a ello, se ve un grupo de amigos compartiendo y la complicidad de Juana con su hermano el de en medio (al que me hace gracia esa manera de llamarlo a lo largo de toda la narración)

Y con el que llegamos al frío invierno donde la referencia va dedicado al libro El retrato de Dorian Grey y en el que su hermano ha encontrado su futuro como Maestro de escuela en la capital y se ha casado. De la mano de su hermano de quien se siente orgulloso se homenajea también a Azorín y a Juan Ramon Jiménez.

Se me ha olvidado nombrar la tía Angelita, que no digo yo que no exista de forma real, por el cariño con el que trata el autor a este personaje, ella es cariñosa, se disculpa, les da los besos que nunca le dieron…hasta el momento de la tristeza en que tanto nuestro narrador como su primo hermano Blas tuvieron que acudir a la Guerra de África quien en segundo lugar estuvo lidiando con la muerte por las secuelas que quedaron en él.

El campo podría decirse que es un personaje más, y el barrio también. Pero nuestro narrador en muchas ocasiones se deja llevar por la mano hada del destino para llegar a hablar también del apego.  El retrato de sus padres también está muy presente, un padre reservado y una madre enferma con las carencias que eso pudo suponer y la libertad a través del aire limpio sobre su cara así como el encuentro con él mismo, su paz y su sosiego en el que repasa su vida en la que no hay remordimientos.

Se homenajea también a Raquel Meller a la que se le nombra en varias ocasiones acompañada de una fecha 1919, unido al orgullo de trabajar en huerto y no en el campo y en el que nuestro protagonista reflexiona sobre que está solo en la vida sin su familia para relatarnos la relación que tenían entre sus padres de cariño mutuo, pero también se arrepiente de lo que nunca dijo a su padre. Ahora sabemos que tiene mujer y un niño al que el autor llama cariñosamente nene.

El mar también está presente en más de una ocasión y se nos relata cómo lo ve. Y también se nos habla de las enfermedades, de las pesadillas y del silencio, de la soledad y del hambre en su familia y de las pelas que tuvo que sufrir. Pero como decía anteriormente de las reflexiones, no va a ser el único momento, también se reflexiona sobre el paso de la vida rápido y de los recuerdos en el momento en que repasa lo que ha significado su vida.

Ahora nuestro narrador sí tiene ilusiones por su nene y su mujer y es por ello que se abre a contarnos todo lo que le preocupa acompañada de otra reflexión sobre el ¿quién se acordará? En un momento delicado al final de la novela vemos realmente el silencio, el creer haber muerto y el total descanso con la paz que ello conlleva.

Finalizamos el libro con el episodio Polvo de hadas del destino donde se nos habla de un helecho que se plantó en primavera y de esperar el esparcir del polvo de hadas.

 

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