Entrevista a Miriam Julián Bibliotecaria Municipal de Villanúa

En un momento en el que las bibliotecas reivindican, más que nunca, su papel como espacios vivos, comunitarios y transformadores, mirar hacia el ámbito rural se vuelve imprescindible. Lejos de ser lugares secundarios o meramente testimoniales, las bibliotecas de pequeños municipios se convierten en auténticos motores socioculturales, capaces de generar comunidad, fomentar la lectura y sostener la vida cultural del territorio.

En esta entrevista conversamos con Miriam, bibliotecaria de la Biblioteca Pública Municipal de Villanúa, un ejemplo inspirador de cómo la vocación, la creatividad y el compromiso pueden convertir una biblioteca en el verdadero corazón de un pueblo. A lo largo de la conversación, Miriam comparte su trayectoria personal, el día a día de una biblioteca rural, los retos a los que se enfrenta y las enormes posibilidades que ofrecen estos espacios cuando se entienden desde la cercanía, la participación y el cuidado de las personas.

Una entrevista que nos invita a repensar qué es —y qué puede llegar a ser— una biblioteca pública en el medio rural, y por qué su papel resulta hoy más necesario que nunca.

Miriam ¿cómo llegaste al mundo de las bibliotecas y qué te llevó a trabajar en una biblioteca pública municipal como la de Villanúa? Siempre tuve vinculación con las bibliotecas, recuerdo que formaban parte de mi día a día en mi niñez y, además, mi madre trabajó en una. Trabajar en la de Villanúa fue algo casual, cuando llegué a vivir al pueblo aún ni siquiera existía. El Ayuntamiento apostó por inaugurar una y que yo estuviese viviendo en el pueblo y tuviera titulación acorde para poder presentarme fue una bonita casualidad.

¿Qué significa para ti ser bibliotecaria en un entorno rural o de pequeño municipio?
Para mi es algo muy especial, es poder relacionarme con la gente del pueblo desde un lugar tan bonito como son las palabras, las historias, el conocimiento… Además, los pocos recursos con los que cuenta el entorno rural hace aún más especial mi trabajo y un espacio como la biblioteca, puedo apreciar todo lo que nutre al territorio al ser epicentro de la vida.
¿Cómo es el día a día en la Biblioteca Pública Municipal de Villanúa? Es complejo describirlo, cada día es diferente y lleno de multitud de tareas y caras. Nuestra biblioteca está llena de vida y eso requiere, por lo general, un ritmo frenético y estar a mil cosas. Hay que saber hacer de todo. Hay tareas que son rutinarias como las tareas técnicas de catalogación, tejuelado, la atención al usuario… y otras que son tan variopintas como prestar semillas y asesorar sobre su siembra, grabar un vídeo sobre un proyecto o hacer mediación artística para el colegio en una visita a una exposición.

¿Qué tipo de usuarios acuden habitualmente a la biblioteca y cómo ha cambiado ese perfil con el tiempo?
Nuestra biblioteca está formada por todo tipo de personas, tenemos usuarios desde los 2 años hasta los 95, pero es verdad que, por lo general, es una biblioteca muy familiar, ideal para pasar tiempo en familia. El perfil de las personas usuarias se ha mantenido en el tiempo, pero lo que ha variado enormemente es la cantidad, puesto que, en 10 años, se ha multiplicado por ocho el nº de usuarios, alcanzando ahora los 2.070 (en un municipio con 500 habitantes)

¿Qué papel crees que desempeña la biblioteca en la vida cultural y social de Villanúa?
Es el motor sociocultural del pueblo. La biblioteca, además de toda la labor de promoción cultural y local, se ha convertido en ese lugar de encuentro y socialización fundamental para el municipio. En municipios sin museos, casas de cultura, ni centros de juventud, la biblioteca es fundamental para promover la vida sociocultural y crear comunidad. La biblioteca mejora la vida del pueblo, no hay duda de ello.
¿Cuáles son los servicios o actividades que tienen mejor acogida entre los vecinos? El préstamo de libros es clave, somos un pueblo muy lector (representan más del 95% de los préstamos). En cuanto a actividades, los encuentros con autor/a suelen ser un éxito porque, al ser una biblioteca pequeña, se convierten en algo íntimo y cercano; el club de lectura está consolidado, llevamos 3 años reuniéndonos semanalmente unas 12 personas y sería difícil imaginarse ahora la vida de la biblioteca sin él y, la joya de la corona, son proyectos como el Festival Flip-Flap que nos permite disfrutar de propuestas literarias de gran calidad para todas las edades.
¿Cómo trabajáis el fomento de la lectura entre niños y jóvenes? Para mi es fundamental trabajar mano a mano con el colegio, por eso hemos apostado por visitas semanales, creando un fuerte hábito de visitar la biblioteca y actuando como biblioteca escolar, puesto que el colegio no cuenta con una. Además intentamos tener una oferta rica y continua para público familiar y actividades intergeneracionales. Creemos que es muy importante mantener el hábito de visitar la biblioteca, habitarla y sentirla como un lugar propio.
¿Qué retos específicos afronta una biblioteca pequeña frente a las grandes bibliotecas urbanas? Fundamentalmente la carencia de recursos tanto materiales como personales, tenemos pocos espacios (y pequeños), poco presupuesto y pocas personas. Estas dificultades las hay en muchas bibliotecas, pero se acrecientan en el medio rural. Por ejemplo el no tener un espacio para propuestas musicales o la complicación de trabajar con un sector específico, ahora mismo sólo hay un bebé de 0 a 2 años… Es complicado trabajar en un territorio despoblado, y se convierte en necesario enfocarnos en lo intergeneracional. Si hablamos de retos técnicos, seguimos sin utilizar ABYSS o un SIGB que nos permita estar en red con otras bibliotecas, por lo que no gozamos de prestaciones como el préstamos interbibliotecario, lo que provoca que el trabajo de estar al día, conseguir fondos para novedades, rotar la colección… sea aún más importante para dar un servicio digno y similar al de municipios mayores.
¿Cómo influyen las nuevas tecnologías y lo digital en vuestro trabajo diario? Utilizamos las nuevas tecnologías sobre todo en la difusión de actividades y servicios y en el club de lectura online, que supone gran parte del trabajo diario. Pero tampoco tenemos una infraestructura tecnológica que nos permita hacer mucho más.
¿Crees que sigue existiendo una imagen estereotipada de la biblioteca y del trabajo bibliotecario? Todavía quedan resquicios de ese estereotipo antiguo. Hay gente que me ha preguntado si para ser bibliotecaria se estudia, que cree que el trabajo es muy tranquilo y que tenemos mucho tiempo libre para leer, o se sorprende de que hagamos tantas actividades. Al ser rural, también se notan otros estereotipos, recuerdo a un hombre que entró exclamando «anda, está muy bien y no se cae a pedazos», también escucho a menudo eso de «me ha sorprendido que tengáis novedades, está más actualizada que la de mi ciudad».
¿Qué proyectos o iniciativas te gustaría poner en marcha en la biblioteca en el futuro? Estamos trabajando para lanzar lo más pronto posible un nuevo laboratorio ciudadano con el objetivo de promover una participación mayor en la biblioteca.
Autoría de la Foto. Turismo Villanúa
¿Cómo es la relación de la biblioteca con otras instituciones culturales o educativas del municipio? No tenemos muchas opciones en el municipio. La relación con el centro educativo es maravillosa, tenemos una relación continua y firme. Trabajamos de manera semanal con las clases y las profesoras, tanto en visitas escolares, asesoramiento y seguimiento, como en la colaboración para la revista escolar-biblioteca Villacuriosa, una revista creada por los niños y niñas en las que les ayudamos a maquetar y editar. El 35% de los préstamos de nuestra biblioteca se deben al CEIP Collarada (Villanúa) y al CEIP Arañones (Canfranc, municipio cercano). La relación con el centro de interpretación es algo en lo que estamos trabajando y creo que será clave para el futuro.
¿Qué importancia tiene para ti el trato cercano con los usuarios? Para mi poder construir una biblioteca de manera horizontal, humana y cercana es todo. El intercambio de palabras, de opiniones, de ideas nutre mi día a día no solo en lo laboral, sino también en lo personal. A lo largo de estos años he podido conocer tanta gente y tantos proyectos… Pese a tener un 400% de socios inscritos respecto a la población, siento que hemos creado una comunidad.
¿Hay algún momento o experiencia en la biblioteca que recuerdes de manera especial? Me hace mucha ilusión cuando los niños y niñas entran y descubren algún cambio en la biblioteca que les sorprende y les hace poner una cara que es difícil de describir. También tengo una usuaria que de vez en cuando me deja post-its en los libros que le he recomendado y que le gustan agradeciendo la recomendación. Al abrir el libro, me veo sorprendida como los niños/as cuando entran en la biblioteca.
¿Qué libro o lectura recomendarías a alguien que visita por primera vez la biblioteca de Villanúa? Siempre pienso que recomendar un libro a alguien que no conoces es muy difícil, es casi un deporte de riesgo porque se va a convertir en algo íntimo y relacional con esa persona durante un tiempo y eso puede marcar una diferencia (para bien o para mal). Por eso intento hablar con esa persona un ratito para averigüar qué intereses tiene y elegir uno acorde a su personalidad, hábito de lectura y gustos. Si tuviera que elegir uno sería ‘Érase una vez un libro’ de Shinsuke Yoshitake, que nos habla de la magia de los libros y es un libro lleno de libros.
¿Qué le dirías a quienes piensan que las bibliotecas ya no son necesarias hoy en día? Que es una pena que no hayan tenido la oportunidad de ser parte de una y vivirla. La biblioteca es un derecho y poder acceder a la información, a la cultura y a la educación es fundamental para una sociedad democrática y crítica. En una sociedad cada día más digitalizada y deshumanizada, las bibliotecas son ese lugar donde reconectar con quienes somos como personas y sociedad.
¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión y qué es lo más complicado? Lo que más disfruto es el poder diseñar proyectos a medida, propuestas que encajen y mejoren el territorio. Lo más complicado es hacerlo desde un espacio tan pequeño y con medios limitados.
¿Cómo ves el futuro de las bibliotecas públicas en pueblos como Villanúa? Van a seguir siendo espacios clave para el desarrollo sociocultural de los pueblos, como lugares de encuentro, de intercambio y de creación. Las bibliotecas rurales demuestran ser más que necesarias por todas las tareas y labores que se asumen ante la falta de servicios y recursos. Pero además, serán más versátiles, irán tomando más protagonismo como semilleros de proyectos, como lugares de acogida a nuevos habitantes (nuevos pobladores ya escogen pueblos con bibliotecas activas), serán claves para la generación de sinergias entre instituciones, entidades, comercios, bares… mejorarán la reputación de un lugar como destino de turismo cultural, conservando el patrimonio, manteniendo la autenticidad de lo rural y la cohesión social… La biblioteca rural tiene un potencial que está aún por descubrir.

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