Entrevista a Francisco de Borja Gestor del Patrimonio Cultural en Elche

El patrimonio cultural no es solo un conjunto de bienes heredados del pasado: es memoria, identidad y responsabilidad compartida. Ciudades como Elche, con una riqueza histórica y simbólica excepcional, nos recuerdan hasta qué punto la gestión del patrimonio es una tarea compleja, viva y absolutamente necesaria para el presente y el futuro.

En esta entrevista para Alquibla, conversamos con Francisco de Borja, gestor del patrimonio cultural, para profundizar en los retos, oportunidades y claves de la conservación y difusión del legado ilicitano. A lo largo de la conversación, reflexiona sobre la importancia de la educación y la sensibilización ciudadana, el papel de las nuevas tecnologías, la gestión del patrimonio material e inmaterial y el valor de proyectos que conectan a la comunidad con su historia.

Una mirada experta y comprometida que nos invita a entender el patrimonio no como algo estático, sino como un bien común que se construye, se cuida y se transmite cada día.

Francisco de Borja ¿podría contarnos brevemente cómo comenzó su trayectoria profesional y qué le llevó a dedicarse a la gestión del patrimonio cultural? Lo primero de todo saludar a toda la comunidad de Alquibla. Es un placer participar en el proyecto con mi granito de arena.

Mis primeras ideas y sensibilidades respecto al patrimonio cultural empezaron ya durante mi periodo de estudios del Bachillerato de Artes en el IES Carrús. Ahí percibí y aprendí una sensibilización por el arte y la cultura. Un despertar que me llevó posteriormente a estudiar el Grado de Historia en la Universidad de Alicante. Es en ese momento cuando comprendí el valor del Patrimonio Cultural en todas sus tipologías, llevándome a especializarme posteriormente con másteres de Evaluación y Gestión del Patrimonio Cultural por la Universidad de Salamanca y en Gestión de Documentación y Archivos por la Complutense de Madrid.

Con un bagaje teórico y práctico, a través de las prácticas formativas y de proyectos personales de divulgación, me sumergí en este campo que disfruto y del que sigo aprendiendo cada día.

¿Qué significa para usted ser Gestor del Patrimonio Cultural de una ciudad con tanta riqueza histórica como Elche? Es un auténtico placer que cada día pueda aportar, mejorar y hacer disfrutar del patrimonio cultural que tiene el municipio. Después de años de formación e investigación, poder trabajar de algo que disfrutas y te gusta es, como se suele decir, levantarte cada día con ganas de trabajar.

Elche cuenta con tres Patrimonios de la Humanidad. ¿Cómo se coordina la gestión y promoción de un legado tan excepcional? El municipio ilicitano tiene la suerte, y el privilegio, de contar con tres reconocimientos UNESCO. Y son tres reconocimientos que no se solapan entre ellos: Patrimonio Cultural por su historia, singularidad y paisaje del Palmeral de Elche (2000), el Misteri d’Elx como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad -Es la primera “Fiesta” española que tuvo ese reconocimiento- (2001) y el Proyecto pedagógico del Museo Escolar de Puçol con el Registro de Buenas Prácticas de Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO – De nuevo, primer proyecto español con este reconocimiento- (2009). Además, es rico en su variedad, no es un reconocimiento al uso de Monumentos o Recintos históricos como solemos visitar en otras ciudades y lugares del mundo.

Es por ello que en estas singularidades recaen aún más la singularidad de gestión. En el caso del Palmeral encontramos ya dos leyes legisladas que lo protegen, además de un órgano como el Patronato del Palmeral donde se aprueban las acciones que le pueden afectar o impactar en su conservación. Una ley sin apenas recursos económicos, que dada la envergadura y singularidad del Palmeral (no solo las palmeras y su importancia, sino su agua, red de acequias, cultivos y agentes activos que tiene), tiene poco movimiento.

El Misteri d’Elx, o La Festa como preferimos decir los del municipio, tiene también una ley específica y un Patronato con su Junta Rectora que se encarga de organizar, conservar y divulgar la obra. Este es posiblemente, y dada su singularidad de no ser un ente material, un bien que tiene una buena gestión por las novedades que año tras año hacen del Misteri d’Elx un drama sacro-lírico único en el mundo.

Respecto al Proyecto del Museo Escolar de Puçol tengo el inmenso orgullo y honor de trabajar en él. Un proyecto que disfruto y aprendo desde dentro de la Fundación Proyecto Puçol, que es la que gestiona, investiga, documenta y divulga el trabajo que se realiza. No tiene una ley específica, pero sí que cuenta con la colaboración de la comunidad de la partida rural, de empresas y colaboradores que apoyan el trabajo desarrollado desde el Museo. Desde hace dos años, además, cuentan con un nuevo espacio expositivo, la Casa-Museo de l’Hort dels Pontos, que se dinamiza con exposiciones, talleres y actividades con el objetivo de tener un patrimonio educativo: el Palmeral y el Proyecto Puçol.

Los 3 patrimonios, por tanto, son gestionados por órganos y técnicos conocedores del bien, además de que cuenta con un apoyo no solo social, político y cultural, sino también económico y turístico.  Se gestiona desde diferentes agentes pero co-pilotados por el organismo específico de VisitElche, encargada de la promoción y gestión turística del municipio.

¿Cuál considera que es el principal reto actual en la conservación del patrimonio ilicitano? A fecha de noviembre de 2025 considero que es que salga y se apruebe el nuevo Catálogo de Edificios protegibles, que lo está redactando el despacho de arquitectos ARN -con amplio conocimiento sobre esta rama del urbanismo y patrimonio-. Llevamos varios años -y décadas- con un catálogo ya caduco que no contempla las nuevas dinámicas de conservación de bienes, además de un derribo sistemático de edificios históricos no protegidos -curiosamente, edificios que entrarían en el nuevo catálogo, pero eso es otro tema a analizar y hacer público-.

Otro aspecto es el débil presupuesto para estos bienes, indiferentemente de su tipología. Parece ser que el actual equipo de gobierno local de Pablo Ruz sí que tiene una mayor percepción del valor del patrimonio cultural, pero los proyectos sobre la materia tienen que ser con un largo recorrido y con Planes Rectores/Directores sobre los bienes -Ninguno hasta la fecha más allá de anuncios- . A ello se le suman los proyectos “por fases”, donde se van haciendo parches o soluciones temporales que a la larga, y sin un presupuesto grande o una idea bien definida, puede caer en saco roto y en un proyecto mutilado.

Ambos aspectos son claros: retos en los que está sumida el municipio en cuanto a la conservación del Patrimonio Cultural que atesora y gestiona. En los últimos años se está avanzando muchísimo en la materia, después de décadas donde a estos recursos turísticos, culturales e históricos no se les ha prestado mucha atención. Estamos, por tanto, en un punto de inflexión, donde la importancia de estos bienes suscita a la opinión pública (con el valor más interiorizado), y, por ende, a los agentes políticos y gestores.

¿Cómo se equilibra la necesidad de conservar los bienes culturales con el deseo de hacerlos accesibles al público? Es uno de los principales retos que tiene el patrimonio en el siglo XXI. Según el bien, el hacerlo accesible es diferente. Un patrimonio documental solo bastaría para ser digitalizado y accesible mediante recursos electrónicos (más allá de los métodos de conservación tecnológica y acciones para su divulgación) debido a la digitalización de la sociedad. Un ejemplo también interesante es el que se lleva a cabo desde la Cátedra Pedro Ibarra de la Universidad Miguel Hernández con la Memoria Digital de Elche. Un recurso digital accesible e intuitivo para ver fotografías y biografías relacionadas con la historia y cultura del municipio.

Sin embargo, cuando son inmuebles este sentido cambia por completo. Requiere de estudio, inversión y análisis de impacto. Dotar de elevadores/ascensores, salvar los niveles, sumido a una accesibilidad de las piezas e información que aporta, conlleva la integración de técnicos arquitectos, museógrafos y didácticos para enriquecer y hacer ese bien accesible. Un coste económico que muchas veces tienen que verse financiados o subvencionados con planes estratégicos.

Ese equilibrio debe darse bajo un consenso técnico, patrimonial y de utilidad.

¿Qué papel juega la educación y la sensibilización ciudadana en la protección del patrimonio? Es vital, es el motor. En las últimas décadas hemos visto la creación de multitud de Asociaciones y Entidades o Plataforma en pro del patrimonio. En el municipio ilicitano, encontramos grandes proyectos que llevan a una educación y a la sensibilización de los bienes. Actividades, rutas y proyectos ajenos a instituciones públicas que promueven, mucho mejor si cabe, estos objetivos citados. En este sentido, el patrimonio llega a ser más accesible, más disfrutable, y más conocido entre la masa social.

Desde el CEFIRE y el Ayuntamiento de Elche sé que se realizan periódicamente formaciones para el funcionariado, así como para su aplicación en las aulas. Sin embargo, estas acciones terminan viéndose en un largo periodo de tiempo (se planta la semilla), pero es vital para las futuras generaciones.

Todos los agentes interconectados juegan en pro del patrimonio, sean acciones a corto, medio o largo periodo/alcance.

¿Existen proyectos actuales o futuros que destaquen especialmente por su valor innovador o por su impacto en la comunidad local? Si, y son bastantes y muy aceptados. Son proyectos como los de Josué Cerdán de ElcheSingular, el de ElcheXploreR o las iniciativas a través de RRSS como @LaHistoriosa y el ya concluido @Patrimonioilicitano (cuyo director es el que escribe estas líneas). Iniciativas que podemos encontrar en otros municipios que han resultado ser un pilar para llegar a la ciudadanía más allá de los entendidos, conocedores o académicos.

También encontramos plataformas más versátiles que trascienden de lo Vecinal o su finalidad. Son los casos de la Asociación Vecinal de El Raval, que realiza actividades junto al Museo Paleontologico de Elche (MUPE) o asociaciones como la Real Orden de la Dama de Elche con el concurso pictórico “Las Balconadas”. Un entramado de Barrio que tratan y tejen una comunidad pro patrimonio y pro cultura.

En mi opinión, es la nueva forma de trabajar, de divulgar y de llegar a la sociedad. La Academia se ha centrado mucho en su labor investigadora y docente, dejando de lado un nicho/campo muy necesario para la sociedad.

En su experiencia, ¿qué importancia tienen las nuevas tecnologías en la difusión y preservación del patrimonio cultural? Lo mismo que en economía, en la sanidad o en la docencia: la máxima. Los avances tecnológicos del siglo XXI, y ahora mismo ante el avance de la Inteligencia Artificial, es totalmente necesario y debe ser una herramienta indispensable para la preservación y la gestión.

La digitalización del Patrimonio Cultural trae consigo unos objetivos y metas para su preservación. Un documento se digitaliza para que no manipule tanto y tengas una copia digital, un escaneado 3D de un edificio o una facha conlleva un análisis más pormenorizado de las técnicas a aplicar para su restauración o conservación, la aplicación de audiovisuales, objetos en 3D o utilización de QR para más información, facilitan y mejoran la experiencia de los museos.

En definitiva son tecnologías que se adaptan a las nuevas necesidades, y hay que ir y estar formado para adaptarlas a las necesidades de según qué campos.

¿Cómo se colabora desde la gestión cultural con otras instituciones o administraciones para garantizar la protección del legado histórico? Principalmente teniendo la confianza, el rol y las capacidades (tanto técnicas como presupuestarias) para realizar tales gestiones. Desde una administración pública posiblemente la tarea más común es la burocrática de permisos, expedientes, concesiones y subvenciones para un proyecto o edificio. Mientras, desde una entidad público-privada o privada juega un rol más activo con la sociedad. Es aquí cuando encontramos muchos perfiles y/o tareas en lo que es “gestión cultural”: programación cultural, comisariado de exposiciones, gestión de visitas y/o turística, administración, RRHH del equipo… etc.

La protección recae principalmente en la ley o marco jurídico (ya sea ley, ordenanza o plan), mientras que en la gestión cultural recae la propia gestión, la divulgación, la didáctica…

¿De qué manera el patrimonio de Elche contribuye a la identidad cultural y al turismo sostenible de la ciudad? Posiblemente lo es todo. La identidad cultural del municipio ilicitano recae en símbolos históricos y culturales: empezando por la propia Dama de Elche (en cualquier casa o campo habrá una imagen o escultura de la misma), el Misteri d’Elx, las palmeras, las fiestas locales como la Venida de la Virgen con Cantó o les Festes d’Agost con la Nit de l’Albà… Son a la par recursos turísticos y culturales no vinculantes a un turismo de sol y playa o de “borrachera”. Eso lo hace especialmente diferenciador con otros municipios.

Es por ello, y como los últimos estudios sobre el turismo en Elche, viene un visitante de una capacidad económica media, interesado por la cultura, y lo más importante: no está masificado.

El Misteri d’Elx es un símbolo universal. ¿Qué medidas se toman para asegurar su conservación y transmisión a las futuras generaciones? Principalmente su gestión a través del Patronato y su Junta Rectora, cuyo grueso de su presupuesto es proveniente de instituciones públicas: el Ayuntamiento de Elche, la Diputación Provincial y empresas privadas. El presupuesto en 2018 fue de alrededor de 350.000 euros, y ahora en 2025 se manejan más de 500.000. Es una clara apuesta por conservar y mejorar la conservación como la transmisión.

Esta era la principal medida para su desarrollo, pero también encontramos iniciativas pedagógicas y literarias para su difusión y didáctica. Desde el CEFIRE y profesorado de los IES, desarrollan grandes proyectos para trasladar la importancia de La Festa a la docencia.

Todo ello sumado a un perfeccionamiento de los actos, mejoras de luz, canto y aspectos escénicos.

¿Qué papel desempeñan los ciudadanos y asociaciones locales en la defensa y promoción del patrimonio ilicitano? Desde hace apenas 10 años un papel indispensable. Ya he comentado más arriba diversos proyectos que tratan el patrimonio, pero en este apartado quiero hacer mención también a las Asociaciones que se encargan de una parte de ello. Es por ello que quiero destacar el Institut d’Estudis Comarcals del Baix Vinalopó con principalmente su revista La Rella, entidades como Volem Palmerar que trabajan por su conservación y difusión (y son los organizadores de la Festa del Palmerar), asociaciones como Pobladores de Elche, que recrean periodos históricos del municipio, la representación del Girajaquetes por la Asociación Cultural La Cocina del Infierno de Torrellano… Así como multitud de entidades que ponen su grano de arena.

Por último, y germen de ese papel de los ciudadanos y asociaciones, es el Proyecto Puçol del Museo Escolar de Puçol. La propia pedanía participa activamente en el desarrollo de actividades, didáctica a los escolares, así como ayuda al museo y a los técnicos en procesos de investigaciones… Y ahora también con la Casa-Museo de l’Hort dels Pontos donde Asociaciones y empresas contribuyen a la difusión y didáctica del Palmeral.

¿Considera que el público valora y comprende la importancia de conservar el patrimonio inmaterial tanto como el material? Si y no. Entiéndase que lo material es más fácil por su sensibilidad a ese vínculo. No es lo mismo que una persona comprenda el valor de un apero de su abuelo, que una persona del núcleo urbano por un canto o baile de una parte de las pedanías. Estos son los retos que tiene el patrimonio inmaterial a la hora de su conservación. Se puede catalogar, analizar, describir, incluso simular, pero el inmaterial siempre tiene un agente principal: la persona. Sin las personas que lo conocen y lo practican, no se puede conservar ese patrimonio inmaterial.

¿Qué logros le han resultado más gratificantes dentro de su carrera como gestor cultural? Creo que en el que me encuentro ahora mismo: gestionar la Casa-Museo de l’Hort dels Pontos. Un proyecto que nace a finales de 2023 y en 2024 tiene el arranque de ser un espacio dinámico, con actividades y como punto de referencia del Proyecto Puçol en el palmeral histórico de Elche. El objetivo era claro: llevar parte de la filosofía del Proyecto Puçol, reconocido por la UNESCO, a otro espacio reconocido por la UNESCO: el Palmeral de Elche.

Todo ello como punto turístico dentro de la Ruta del Palmeral, pero también como espacio expositivo con exposiciones temporales con una temática relacionada con el Palmeral. Creo que desde la Fundación y el Museo Escolar de Puçol se está trabajando muy bien en el espacio.

Pero también estoy embarcado en otros proyectos y asociaciones, donde destaco la coordinación del proyecto de organización, digitalización y subida a elche.me (Cátedra Pedro Ibarra) del Archivo Fotográfico del diario La Verdad de Elche (entre otras muchas labores que realizo para la Cátedra).

¿Qué consejo daría a los jóvenes que desean dedicarse profesionalmente a la gestión y conservación del patrimonio? Una buena formación. Lo más importante es formarse, conocer la teoría y la práctica del oficio y lo que se desarrolla. Todo ello sumando a ser activo en la sociedad, participando en círculos y acciones en pro del patrimonio.

¿Cómo imagina el futuro del patrimonio cultural de Elche en los próximos años? Si por fin se aprueba el catálogo, los planes rectores, y focalizamos en la opinión pública otros patrimonios menos conocidos (poco a poco se hace), se conseguirá mayores logros y mayor apreciación del valor y riqueza que tiene el municipio. Elche no es solo la Dama, el Misteri o el Palmeral (con todos los respetos), hay que ahondar en esos patrimonio y en muchos más.

Para finalizar, ¿qué significa para usted personalmente trabajar en un entorno tan ligado a la historia, la tradición y la memoria colectiva? Como he dicho, me levanto cada día feliz por trabajar donde trabajo y como trabajo. Todo ello sumado a la sensación de sentirme realizado y de aportar a la sociedad valores y actividades enriquecedoras. Las posibilidades que da el oficio son muchas y variadas.

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