Entrevista a Fernando Jiménez Bibliotecario en RESAD

Las bibliotecas especializadas son espacios donde el conocimiento dialoga de forma directa con la creación. En el ámbito de las artes escénicas, ese diálogo se vuelve especialmente vivo: los libros no solo se leen, también se encarnan, se transforman en voz, gesto y escena. En esta entrevista nos adentramos en la Biblioteca de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), una institución clave en la formación de futuros profesionales del teatro y en la preservación de la memoria escénica.

A lo largo de la conversación, su responsable nos habla del papel formativo de la biblioteca, de la riqueza y singularidad de sus fondos —que abarcan desde ejemplares del siglo XVI hasta dramaturgia contemporánea—, de los retos de la conservación patrimonial, la catalogación especializada y la aún pendiente digitalización. Una mirada reflexiva y necesaria sobre cómo las bibliotecas de artes escénicas sostienen la investigación, acompañan la práctica teatral diaria y custodian un patrimonio muchas veces efímero, pero esencial para comprender la historia y el presente del teatro.

¿Qué papel desempeña la Biblioteca de la RESAD dentro de la formación artística y académica de los futuros profesionales del teatro y las artes escénicas? La Biblioteca de la RESAD desempeña varios papeles en la formación de los alumnos: por un lado, les proporciona los materiales de estudio que necesitan en las diferentes asignaturas que se imparten en el centro. Por otro, les proporciona conocimientos en búsquedas bibliográficas que les sirven tanto para la carrera como para los estudios universitarios de postgrado. Finalmente, les ayudamos a adquirir un conocimiento más amplio sobre la historia del teatro y de dramaturgos tanto consagrados como emergentes, mediante la organización periódica de exposiciones tanto físicas como virtuales. En el momento actual tenemos una muestra sobre jóvenes dramaturgas de la RESAD. Además, la Biblioteca está en proceso de elaboración de un pequeño espacio de apoyo a los alumnos en la elaboración de trabajos académicos que, siguiendo la estela de las bibliotecas universitarias, les proporcione unas nociones básicas sobre la escritura académica y la elaboración de citas bibliográficas que, junto con las asignaturas específicas que imparte el centro, les permita una más fácil introducción en el mundo de la investigación.

La Biblioteca de la RESAD suministra a sus usuarios una rica variedad de documentos que podemos englobar en tres grupos principales: 1. textos literarios dramáticos. 2. manuales de técnicas relacionadas con el teatro tales como escenografía, sonido, iluminación, voz, movimiento, esgrima, expresión corporal, indumentaria, maquillaje, arquitectura, etc. 3. Obras de contenido teórico o de investigación sobre diversos aspectos del mundo teatral (manuales, actas de congresos, catálogos de exposiciones, biografías de dramaturgos).

¿Cómo definiría la singularidad de una biblioteca especializada en artes escénicas frente a otros tipos de bibliotecas patrimoniales o universitarias? Nuestra singularidad principal consiste en que reúne las características tanto de las bibliotecas patrimoniales como de las universitarias. Podríamos decir que a día de hoy predomina más su naturaleza universitaria, tanto por sus fondos como por las funciones que desempeña, pero con el paso del tiempo va ganando peso su vertiente patrimonial. Disponemos de una colección de fondo antiguo de 5.272 documentos, la mayoría de ellos localizables en el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico del Ministerio de Cultura, que incluye desde unos pocos libros del siglo XVI hasta obras de principios del siglo XX. Además, estamos incorporando a la colección un rico fondo de dramaturgos latinoamericanos de los siglos XX y XXI a menudo difíciles de localizar en las bibliotecas españolas.

¿Cuáles son los fondos más valiosos o singulares que conserva la Biblioteca de la RESAD y qué los hace especialmente relevantes? Los nueve ejemplares pertenecientes al siglo XVI. Entre ellos posiblemente el más antiguo sea “La Historia qve escriuio en latin el poeta Lucano / trasladada en castellano por Martin Lasso de Oropesa secretario de la excell¯ete señora marquesa del Zenete condessa de Nassou”, sin fecha, pero que Peeters Fontainas sitúa en 1540. También la compilación de obras de Juan de Mena, de 1548, o el Libro llamado Cayda de Principes” de Giovanni Boccaccio. Igualmente, podemos destacar otras obras como una de las primeras ediciones de la Arcadia de Lope de Vega, fechada en Amberes en 1617, una edición del Quijote de 1782, o todas las obras de Luis de Góngora, de 1648. Por supuesto no podemos olvidar la gran cantidad de primeras ediciones de autores más modernos existentes en nuestra biblioteca, como una de Mariana Pineda, de Federico García Lorca, de 1928 en La Farsa.

¿De qué manera dialogan los fondos bibliográficos con la práctica escénica diaria del alumnado y el profesorado? Podríamos decir que se trata de un diálogo constante, desde el mismo origen del proyecto escénico, hasta su conclusión, con la representación de mismo sobre las tablas. En el origen proporcionamos una amplísima colección de textos, tanto de autores clásicos como contemporáneos, que facilita a alumnos y profesores la búsqueda del texto escénico a representar, o bien sirve de inspiración para la elaboración de obras nuevas. Durante la construcción del proyecto escénico, con la ideación de los escenarios y la indumentaria, mediante la consulta de obras con imágenes y descripciones de los mismos, además de videos en los que ver representaciones de dichas obras. En la conclusión del proyecto escénico, con la plasmación de todo lo anterior en la representación de la obra seleccionada en el escenario. También hay que señalar que los textos de la colección bibliotecaria sirven para su análisis y estudio en clase.

¿Qué importancia tienen los archivos, programas de mano, textos dramáticos y materiales efímeros en la preservación de la memoria teatral? El material efímero ha sido tradicionalmente maltratado en la mayoría de las bibliotecas. En nuestro caso, durante mucho tiempo no se ha conservado dicho material. Actualmente, estamos empezando a recopilar algunos programas de mano de otras instituciones procedentes de donaciones todavía sin catalogar, aunque esperamos poder hacerlo pronto. Por lo que se refiere a las obras representadas en nuestra escuela, tenemos el proyecto de catalogar los que se hicieron en papel, pues en los últimos años toda la información de las obras se publica en la web del centro. Se trata de un material de interés puesto que permite recuperar información de muchos actores y dramaturgos actuales.

¿Cómo se equilibra la conservación del patrimonio documental con la necesidad de acceso y uso continuo por parte de la comunidad educativa? Nuestra biblioteca en su origen no es patrimonial, por lo que se da prioridad al acceso por parte de nuestros usuarios. No obstante, con el paso del tiempo y la llegada de algunas donaciones valiosas, hemos ido creando un valioso fondo patrimonial. Para dar respuesta a esta creciente doble naturaleza tenemos establecidos tres niveles de acceso según cada documento: prestable, para los documentos que se pueden llevar a domicilio; no prestable, que sólo se pueden consultar en la sala de lectura; préstamo restringido, para las obras de especial valor o antigüedad, que sólo se ven en presencia directa del bibliotecario. El número de documentos prestables y no prestables es casi idéntico, lo que demuestra los esfuerzos que hacemos por hacer compatibles acceso y conservación.

¿Qué retos específicos plantea la catalogación y organización de materiales relacionados con las artes escénicas? La catalogación de estos materiales no presenta dificultades excesivas, pero obliga a prestar atención a determinada información valorada por nuestros usuarios, como el número de personajes que intervienen en una obra, su fecha y lugar de estreno, o los premios que ha recibido la obra, que deben ser recogidos en campos de notas específicos. En cuanto a la organización, utilizamos una clasificación CDU simplificada y adaptada a nuestras necesidades.

¿Cómo ha evolucionado la biblioteca en los últimos años en términos de digitalización y acceso a recursos electrónicos? Es la gran asignatura pendiente de nuestra biblioteca. En los últimos años hemos realizado varios intentos para incorporar recursos electrónicos de dos tipos: revistas y bases de datos en línea, y grabaciones de representaciones teatrales. Hasta el momento no ha sido posible incorporarlos por falta de presupuesto. La aprobación de la Ley de Enseñanzas Artísticas Superiores contempla la incorporación de bibliotecas como la nuestra a los consorcios de bibliotecas universitarias autonómicos y a nacionales, lo que nos permite albergar esperanzas de, con el apoyo de los mismos, poder subsanar esta carencia en el futuro.

¿Qué papel juegan las bibliotecas especializadas como la de la RESAD en la investigación teatral en España? Hasta hace pocos años, la investigación en nuestros centros era algo bastante marginal, quedando en manos de investigadores de universidades. Actualmente la situación está cambiando poco a poco. La ya citada Ley de Enseñanzas Artísticas superiores dedica un capítulo completo a la investigación, como reflejo de la creciente concienciación sobre la importancia de la misma en nuestra comunidad educativa. Fruto de ello es la creciente presencia de investigadores tanto de la casa como externos. En este marco, la biblioteca de la RESAD juega un papel importante dada la creciente riqueza de nuestros fondos tanto de teatro español como de europeo y latinoamericano.

¿Existe colaboración con otras bibliotecas, archivos o instituciones culturales vinculadas al teatro y la escena? En este momento nuestra colaboración se realiza con bibliotecas de otros centros de enseñanzas artísticas superiores de Madrid a través de la Red de Bibliotecas de Enseñanzas Artísticas Superiores de Madrid (RBEASM), con la que compartimos un catálogo único. Gracias a ella, nuestros usuarios pueden utilizar las bibliotecas de los seis centros que componen la red. Respecto a las instituciones propiamente teatrales, no tenemos una colaboración institucionalizada. Hace unos años se intentó crear una red de bibliotecas de teatro, pero el proyecto no fructificó. Hoy hay un canal de comunicación entre las escuelas de arte dramático: https://esadsenred.org/ que incluye diversos foros que permiten la comunicación entre sus miembros, pero no se están desarrollando proyectos en común.

¿Cómo se fomenta el interés del alumnado por la biblioteca en un entorno tan práctico y creativo como el de las artes escénicas? El interés por la biblioteca varía mucho según el itinerario educativo al que pertenezca el alumno. A comienzos de curso los profesores realizan visitas guiadas a los alumnos por el centro, incluyendo a la biblioteca en las mismos. Allí les explicamos lo que ofrece la biblioteca y el modo de utilizar el catálogo. Además, cada vez que se produce alguna novedad relevante informamos a la comunidad educativa mediante la página web y colgando noticias en las redes sociales del centro. Por último, coincidiendo con los días del libro y de las bibliotecas, ofrecemos a nuestros alumnos los libros que expurgamos durante el año o que proceden de donaciones y no incorporamos a la colección. Estos días gozan de gran popularidad entre profesores y alumnos y sirven para acercarlos a la biblioteca.

¿Qué lugar ocupa la biblioteca en la preservación del patrimonio teatral contemporáneo, más allá de los grandes textos clásicos? Ocupa un lugar importante. Realizamos una labor de adquisición de las obras de dramaturgos actuales españoles que en muchas ocasiones tienen escasa repercusión pública. Podría decirse que, en este aspecto, desempeñamos un papel más modesto pero similar al de la Biblioteca Nacional como depósito de la memoria de los dramaturgos actuales. También conservamos ejemplares de las publicaciones de la RESAD con las obras de los estudiantes que, con frecuencia, suponen los primeros pasos de sus carreras profesionales.

¿Cómo se trabaja desde la biblioteca la perspectiva histórica del teatro junto a las nuevas dramaturgias y lenguajes escénicos? La propia estructura de los estudios en la Escuela lleva a que trabajemos tanto lo histórico como lo contemporáneo. No hay más que consultar nuestro catálogo para comprobarlo. El secreto está en el diálogo constante entre bibliotecarios, profesores y alumnos, que nos permite actualizar continuamente nuestro catálogo. La recepción de revistas sobre teatro, con sus apartados de novedades contribuye a que estemos al día sobre las novedades tanto literarias como de cartelera, permitiéndonos ajustar la política de adquisiciones de la biblioteca.

¿Qué proyectos o iniciativas destacaría que acerquen la biblioteca a la sociedad y al público general interesado en el teatro? Nuestra biblioteca está orientada al servicio a la comunidad educativa y a usuarios externos vinculados con el mundo del teatro o de la investigación, por lo que no nos orientamos en nuestro trabajo al público en general.

Desde su experiencia profesional, ¿qué cree que aún falta por reconocer sobre el papel de las bibliotecas especializadas en cultura y artes? Mi experiencia profesional se concentra en las bibliotecas de enseñanzas artísticas superiores de la Comunidad de Madrid. Todas ellas tienen en común su pertenencia a instituciones que, hasta la aprobación de la arriba citada Ley de Enseñanzas Artísticas, tenían la consideración de instituciones de Enseñanza Secundaria desde el punto de vista de su organización y dotación económica de infraestructuras en la Comunidad de Madrid. Ello ha llevado a unos recursos humanos y materiales insuficientes y, sobre todo, a la falta de planes de futuro, que se siente especialmente en nuestra ausencia de adaptación al mundo digital, tal y como comenté en una respuesta anterior. Una segunda carencia es que, pese a la existencia de ricos fondos patrimoniales en varias de las bibliotecas de la red madrileña de bibliotecas artísticas, no existe ningún plan de digitalización de las mismas. Hasta donde yo sé, la situación en otras comunidades autónomas es todavía peor en cuanto a la dotación de medios. En resumen, falta el reconocernos como bibliotecas universitarias a todos los efectos, y el dotarnos de los medios acordes a dicha consideración. Esperemos que con el desarrollo de la nueva ley se vayan corrigiendo poco a poco estas carencias.

 

 

 

 

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