Entrevista a Josefina Carrillo encargada de Biblioteca Pública «D. Miguel Arguisjuela»

Las bibliotecas rurales son, muchas veces, auténticos corazones culturales que laten con fuerza en sus comunidades, aunque no siempre reciban la visibilidad que merecen. Espacios de encuentro, de cuidado, de aprendizaje compartido y de resistencia cultural frente a la despoblación y el olvido.

En esta entrevista conversamos con Josefina, responsable de la Biblioteca Pública Municipal “D. Miguel Arguisjuela” de Paterna del Campo, un ejemplo inspirador de cómo una biblioteca pequeña puede convertirse en un motor social, emocional y cultural para todo un municipio. A través de sus palabras descubrimos una biblioteca viva, cercana y profundamente comprometida con su gente, donde la lectura se entrelaza con la participación ciudadana, la inclusión, la innovación y el acompañamiento emocional.

Desde clubes de lectura y talleres de libroterapia hasta proyectos europeos como The Europe Challenge, esta conversación nos invita a repensar el papel de las bibliotecas públicas —especialmente en el ámbito rural— y a reconocer el valor del trabajo silencioso, perseverante y valiente de quienes las sostienen cada día.

Josefina ¿qué papel desempeña la Biblioteca Pública Municipal “D. Miguel Arguisjuela” dentro de la vida cultural y social de Paterna del Campo? La biblioteca es un espacio clave en la vida cultural y social de Paterna del Campo. Más allá del préstamo de libros, actúa como un lugar de encuentro, aprendizaje y participación ciudadana. Es un punto de referencia donde conviven distintas generaciones, se comparten inquietudes culturales y se generan propuestas que fortalecen el tejido social del municipio.

¿Cuáles dirías que son las principales señas de identidad de la biblioteca y qué la hace especial dentro del entorno rural? Su principal seña de identidad es la cercanía. En un entorno rural, la biblioteca se adapta a las necesidades reales de su comunidad, escucha a sus usuarios y crece con ellos. La atención personalizada, la programación cultural ajustada al contexto local y la implicación directa con asociaciones, centros educativos y vecinos hacen que sea un espacio vivo y significativo.

Como encargada de la biblioteca, ¿cómo es tu día a día y qué funciones consideras más relevantes en tu trabajo? El día a día es agotador y emocionante, no puedo decir que tenga un trabajo aburrido, ni monótono. Mi día a día combina tareas técnicas —gestión de fondos, atención al público, catalogación— con una parte muy importante de mediación cultural. Diseñar actividades, acompañar a los lectores, crear redes con otros agentes culturales y pensar proyectos que conecten la biblioteca con la realidad social del municipio son funciones esenciales de mi trabajo.

¿Qué tipo de actividades o programas desarrolláis para fomentar la lectura y la participación ciudadana? Desarrollamos clubes de lectura, talleres infantiles, talleres de libroterapia para jóvenes, actividades intergeneracionales, encuentros con autores y proyectos vinculados a temas actuales como la alfabetización mediática o la lucha contra la desinformación. Buscamos que la biblioteca sea un espacio activo, donde la ciudadanía no solo asista, sino que participe y se sienta parte del proyecto. También es muy importante para nosotros participar en actividades de otras bibliotecas de toda España.

Para los más pequeños, de 3 a 6 años, organizamos la hora del cuento, un espacio mágico donde las historias se convierten en la primera puerta de entrada al mundo de los libros. No se trata solo de escuchar cuentos, sino de compartir emociones, estimular la imaginación y crear un vínculo afectivo con la biblioteca desde la infancia.

Con adolescentes de 14 a 17 años llevamos a cabo talleres de libroterapia, pensados como un espacio de confianza donde la lectura sirve para hablar de emociones, dudas, identidad y crecimiento personal. Los libros se convierten en un refugio y, a la vez, en una herramienta para entenderse mejor a sí mismos y al mundo que les rodea.

El club de lectura es uno de los pilares de la biblioteca. A través de él no solo se fomenta el hábito lector, sino el diálogo, la reflexión y el pensamiento crítico. Además, realizamos actividades complementarias que amplían la experiencia lectora y fortalecen el sentimiento de pertenencia al grupo.

También hemos apostado por proyectos innovadores, como una exposición sobre inteligencia artificial, que invita a reflexionar sobre los retos éticos, sociales y culturales del presente, acercando temas complejos a la ciudadanía desde una perspectiva accesible y participativa.

Y de una forma muy especial, contamos con nuestra “farmacia literaria”, una propuesta simbólica y cercana en la que los libros se “recetan” según estados de ánimo o necesidades emocionales. Es una forma diferente y muy humana de recomendar lecturas y de recordar que los libros también cuidan.

Todas estas actividades buscan que la biblioteca sea un espacio activo, participativo y sentido como propio por la ciudadanía.

¿Cómo ha evolucionado la biblioteca en los últimos años en cuanto a servicios, usuarios y proyectos? La biblioteca ha crecido en mirada y en compromiso social. Ha pasado de ser un espacio principalmente de préstamo a convertirse en un lugar de convivencia cultural. Los usuarios participan más, proponen ideas y sienten la biblioteca como un espacio suyo, en constante evolución.

¿Qué importancia tiene la biblioteca como espacio de encuentro, inclusión y cohesión social en el municipio? La biblioteca es un lugar donde nadie se siente fuera de lugar. Es un espacio inclusivo, accesible y seguro, donde se generan vínculos, se combate la soledad y se refuerza el sentimiento de comunidad. En muchos casos, es uno de los pocos espacios verdaderamente compartidos del municipio. Como sólo tenemos una sala tenemos que compartir el espacio y a veces están los miembros del club de lectura en pleno debate y al lado en otra mesa hay un grupo de jóvenes terminando sus trabajos escolares.

¿Cómo afrontáis los retos actuales de las bibliotecas públicas, especialmente en localidades pequeñas? Con creatividad, ilusión y mucho compromiso. Afrontamos los retos escuchando a la comunidad, colaborando con otros agentes y apostando por proyectos que tengan sentido real para las personas. En las bibliotecas pequeñas, la innovación nace muchas veces de la cercanía.

¿Qué te motivó a participar como mentora en The Europe Challenge 2024? Me motivó  la posibilidad de aprender, compartir y aportar desde la experiencia de una biblioteca rural. Creí —y sigo creyendo— que las bibliotecas pequeñas también tienen mucho que decir y mucho que aportar en el ámbito europeo.

Además, fue clave la oportunidad de acceder a recursos económicos que nos permitieron poner en marcha actividades que hoy están plenamente consolidadas. Ese apoyo supuso un impulso decisivo, no solo para ampliar la programación cultural de la biblioteca, sino también para darle una visibilidad y un reconocimiento que antes no teníamos, fortaleciendo su papel dentro y fuera de la comunidad.

¿En qué ha consistido tu labor como mentora de bibliotecas dentro de este programa europeo? He acompañado a otras bibliotecas en el diseño y desarrollo de proyectos comunitarios, ofreciéndoles apoyo, orientación y, sobre todo, escucha. Ha sido un proceso profundamente enriquecedor, basado en el aprendizaje mutuo, el intercambio de experiencias y la colaboración entre profesionales.

¿Qué aprendizajes o experiencias destacarías de tu participación en The Europe Challenge? Esta experiencia me ha permitido descubrir la enorme diversidad de actividades y enfoques que pueden nacer desde una biblioteca. Comprobar que otras bibliotecas se atreven con propuestas diferentes, innovadoras y valientes —y que además funcionan— te anima a ampliar la mirada, a cuestionar límites y a abrir nuevos horizontes sobre todo lo que una biblioteca puede llegar a ser.

¿Crees que este tipo de iniciativas europeas pueden marcar un antes y un después en el futuro de las bibliotecas? Sí, porque refuerzan el papel social de las bibliotecas, fomentan la innovación y generan una red de apoyo y aprendizaje que fortalece al sector.

¿Qué consejo darías a otros profesionales de bibliotecas que quieran implicarse en proyectos internacionales?  Que confíen en su trabajo y se atrevan. La experiencia internacional amplía la mirada, fortalece la profesión y demuestra que todas las bibliotecas, también las rurales, tienen un enorme valor.

Mirando al futuro, ¿qué proyectos o sueños te gustaría ver realizados en la Biblioteca “D. Miguel Arguisjuela”? Sueño con una biblioteca cada vez más participativa, que siga siendo un refugio, un motor cultural y un espacio de cuidado colectivo. Un lugar donde siempre haya una historia esperando a alguien.

Me gusta mucho la biblioteca que tenemos hoy: una biblioteca llena de gente, de vida y de actividades culturales, algunas de ellas especialmente innovadoras. Es un espacio que se ha ido construyendo con la participación de la comunidad y eso se percibe en el ambiente que se respira cada día.

Como bibliotecaria, siempre deseo que la biblioteca sea un poco más grande, que tenga más espacio para acoger nuevos libros y a más personas. Pero también tengo muy claro que las bibliotecas son, en esencia, el reflejo de lo que su ciudadanía quiere que sean.

En ese sentido, me siento profundamente satisfecha y orgullosa de la biblioteca que hemos conseguido entre todas y todos.

Para terminar, ¿qué significa para ti, a nivel personal y profesional, trabajar en una biblioteca pública? Trabajar en una biblioteca pública ha sido, tanto a nivel personal como profesional, un auténtico reto. Durante muchos años he desarrollado mi labor en un contexto de escasos recursos, con presupuestos muy limitados y con poco reconocimiento social. Hubo un tiempo en el que incluso me preguntaban si realmente me pagaban por trabajar en la biblioteca. Afortunadamente, esa etapa hoy forma parte del pasado.

Tras muchos años de trabajo constante, la biblioteca es actualmente reconocida como un servicio de calidad, cercano e imprescindible para la mayoría de la población. Ese reconocimiento colectivo ha sido uno de los mayores logros profesionales y también una gran satisfacción personal.

A nivel personal, la biblioteca me ha transformado profundamente. Me ha enseñado paciencia, perseverancia y a confiar en mis ideas y proyectos, incluso cuando no siempre eran comprendidos o apoyados. He tenido que trabajar mi autoestima, aprender a sostener mis convicciones y aceptar que innovar implica asumir riesgos.

Hoy me siento una persona más segura de mí misma, con la libertad de experimentar y equivocarme y seguir aprendiendo, y con una visión más amplia y consciente de este pequeño universo complejo y maravilloso que llamamos biblioteca.

 

 

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