Hay artistas que entienden la música como un escaparate y otros que la viven como un refugio. Nuestro protagonista pertenece, sin duda, a los segundos. Su propuesta nace desde la emoción, la introspección y una profunda necesidad de expresar lo que siente sin filtros ni artificios. Lejos de perseguir fórmulas comerciales, ha construido un camino coherente con su identidad, donde cada canción es un espejo de su mundo interior.
Desde que con apenas Erix con nueve años descubrió, entre la percusión y el canto coral, que la música sería mucho más que una afición, ha ido dando pasos firmes hacia una voz propia. Influido por grandes referentes clásicos como Lola Flores, Rocío Jurado o Nino Bravo, su estilo dialoga con esa herencia musical desde una sensibilidad contemporánea y profundamente personal.
Versiones como Guantanamera, grabada en su ciudad, Mediterráneo, cargada de significado en su trayectoria, o su reciente Padre Nuestro, vinculada a su fe y a la tradición de la Semana Santa, muestran la esencia de un proyecto que apuesta por la vulnerabilidad como fortaleza.
En esta entrevista conocemos más de cerca su proceso creativo, sus inquietudes y los retos de abrirse camino como músico emergente sin renunciar a lo más importante: ser fiel a uno mismo.
Erix ¿cómo definirías tu identidad musical y qué aspectos personales crees que atraviesan con más fuerza tus canciones? Mi identidad musical nace entre lo íntimo y lo emocional. Mis canciones están muy atravesadas por mi manera de sentir el mundo y por la introspección. Prefiero mil veces hacer música que me represente y con la que me sienta identificado antes que irme a algo puramente comercial.
¿Cuándo sentiste por primera vez que la música no era solo una afición, sino un camino vital al que querías dedicarte seriamente? Con nueve años, cuando me apuntaron a clases de percusión. También dábamos canto en coro y, desde ese momento, supe que era lo mío. Poco a poco fui cantando cada vez más, probando estilos, micrófonos y formas de expresarme, hasta llegar al punto en el que estoy hoy.
¿Qué influencias musicales han marcado tu sonido y cómo dialogan con tu estilo propio? Desde pequeño me ha encantado la música de antes: Lola Flores, Rocío Jurado o Nino Bravo, por ejemplo. Creo que eso se nota tanto en los covers que hago como en mi música propia, que no es especialmente comercial, sino más íntima. Es un tipo de música que no todo el mundo entiende, pero que me representa mucho.
¿Cómo es tu proceso de composición, desde la primera idea hasta que una canción se da por cerrada? Normalmente todo empieza con una emoción o con una frase que me ronda la cabeza. A veces surge primero la melodía y otras la letra casi del tirón. Después llega un proceso más consciente de ordenar, pulir y dejar reposar la canción hasta sentir que ya dice exactamente lo que tiene que decir.
¿Qué papel juegan las emociones, las vivencias personales o la introspección en tus letras y melodías? Son el motor de todo. No sé escribir desde otro lugar que no sea lo vivido o lo sentido. La música es mi forma de entenderme y, muchas veces, también de sanar.
¿Qué significa para ti ser un músico emergente en el panorama actual y cuáles dirías que son los principales retos a los que te enfrentas? Ser emergente hoy es ilusionante, pero también muy exigente. Hay mucha oferta y todo va muy rápido. El mayor reto es no perder la esencia en medio de esa dinámica: tener paciencia, confiar en los procesos y seguir con la misma ilusión del primer día, aunque te lleves muchos “no”.
¿Hay temas o preocupaciones que se repiten en tu música y que funcionan como un hilo conductor de tu proyecto? Sí, la identidad y la vulnerabilidad aparecen constantemente en mis canciones, ya sea a través de la letra o incluso de la propia melodía.
¿Cómo vives el momento de compartir tu música con el público y qué tipo de conexión buscas generar en los directos o a través de las plataformas digitales? Es una mezcla de vértigo y gratitud. Compartir algo tan personal siempre da miedo, sobre todo la primera vez que sacas una canción. Recuerdo esa sensación como algo increíble, pero con mucho temor al “qué dirán”. Con el tiempo aprendes que, como en todo, habrá comentarios buenos y malos. Cuando alguien conecta con una canción y la hace suya, todo cobra sentido. Busco una conexión honesta, sin artificios.
¿Qué importancia tienen hoy las redes sociales y las plataformas de streaming en la construcción de una carrera musical como la tuya? Son herramientas fundamentales para llegar a la gente y construir comunidad, pero también una ventana al odio, porque detrás de un usuario se pueden decir cosas que hacen daño. Aun así, intento usarlas como un espacio de expresión y no solo de promoción.
¿Cómo equilibras la necesidad de visibilidad con la fidelidad a tu propio lenguaje musical? Recordándome constantemente por qué empecé. La visibilidad es importante, pero no a costa de traicionar lo que quiero contar. Prefiero crecer despacio, pero con coherencia.
¿Crees que la música tiene una dimensión social o cultural en tu proyecto y de qué manera se manifiesta? Sí. Creo que la música puede generar espacios de identificación y reflexión. Si una canción mía acompaña a alguien o le hace sentirse menos solo, ya existe ahí una dimensión social.
¿Hay alguna canción que consideres especialmente significativa por lo que supuso en tu evolución como artista? Sí, el cover de Mediterráneo. Lo expliqué en Instagram cuando lo publiqué: fue la primera canción que canté en el coro, y eso la hace muy especial. Además, es una grabación limpia, sin filtros, en la que saqué todo mi potencial. Me hizo darme cuenta de que puedo hacer lo que quiera con mi voz y de que es con lo que más a gusto me siento trabajando.
¿Qué has aprendido de las críticas, las dificultades o los momentos de bloqueo creativo? He aprendido a escuchar sin perderme. Al empezar, mucha gente hace caso a todos los comentarios, y eso puede ser peligroso. Los bloqueos me han enseñado a parar y no forzar, y las críticas a diferenciar lo constructivo de lo que no me pertenece.
¿Cómo imaginas el futuro de tu proyecto musical y hacia dónde te gustaría que evolucionara tu sonido? Jajaja, es algo en lo que pienso constantemente. Me lo imagino en evolución continua, sin miedo a explorar nuevos sonidos, pero manteniendo la emoción como centro. Me gustaría ir cumpliendo poco a poco sueños como colaborar con artistas que admiro y actuar en teatros y festivales.
¿Qué consejo darías a otras personas que están empezando en la música y sienten miedo o inseguridad a la hora de mostrarse al mundo? Que no tengan miedo, porque el miedo es parte del camino, no una señal para parar. Mostrarse da vértigo, pero también es la única forma de conectar de verdad. Ser uno mismo ya es un acto valiente, y hacer lo que te gusta sin hacer daño a nadie es algo maravilloso.
Como algo adicional, quería compartir que hace poco publiqué una canción titulada Padre Nuestro. Siguiendo la línea íntima y emocional de mi proyecto, sentí la necesidad de sacar esta versión desde un lugar muy personal, ya que tengo un vínculo especial tanto con la Semana Santa como con la fe.