Lo has vuelto a hacer, y me has vuelto a emocionar. Tras el éxito de Adiós pequeño que ya conquistó mi corazón escribes Mamá está dormida publicado por la Editorial Planeta y no tengo palabras para expresar lo que me ha hecho sentir. Lo que voy a hacer es intentar transmitir lo que ha significado para mi y el cómo a través de tus palabras haces que en cada página no puedas evitar emocionarte. Como dice Luis Landero, “tu escritura surge de las tripas” y no podría definirlo mejor.
Esta novela es dura sí, pero también esperanzadora. Hay toques de humor, de desolación de querer acabar con todo, de silencio, olvido, memoria. Y de muchas preguntas sin resolver. Es una obra maestra del sentimiento estructurada en tres grandes bloques: La casa, La autocaravana y El destino al estilo sensible que nos tiene acostumbrados Máximo.
El autor nos aclara que no es una historia real pero sí inspirada en la realidad de la vida, aunque en realidad yo sí creo que sea una parte de su historia. Va dedicada a los que cuidan y a los que se dejan cuidar e introduce la novela con una frase sobre la realidad y los sueños. También he de decir que en muchas ocasiones encontramos aclaraciones a pie de página.
Con cada uno de los grandes capítulos va encabezada por una frase en cursiva. La primera la de José Hierro para comenzar con La casa. Y una pregunta ¿tu hermano donde está? Nuestros protagonistas principales son tres, Federico, Mamá (Aurora) y una perrita. Federico es hijo único desde hace 53 años, pero tras esa pregunta una incógnita va a recorrer sus dudas durante toda la narración. Mamá tiene una demencia y vamos a ir viendo su deterioro cognitivo conforme va avanzando la novela, pero también hay momentos para entenderla y recordar momentos de su vida.
Su hijo en muchas ocasiones se siente triste y reconocemos sus sentimientos, él se niega a admitir que su única ancla familiar se va apagando poco a poco y los ojos verdes de su madre se van volviendo grises mientras hace referencia a su hermano Félix quien él no conoce.
Máximo dedica la mayor parte de la novela a la reflexión y creo que hace un honor a todas las madres por lo que nos dan. Trata a lo largo de la novela diferentes temas, uno de los primeros el de la muerte del que realiza una metáfora en el eco de una cueva. En su casa los olores han cambiado y también la música. Amparo ha sido su pareja hasta poco y con ella se trata el tema de la soledad, pero también vemos la relación que tiene nuestro protagonista con su perra. Sus abuelos se llaman Carmela y Víctor y nos trasportamos a la casa antigua donde había literas y que se pregunta el por qué.
En octubre del 2022 una frase de Camús nos lleva a los silencios y a reflexiones sobre su posible hermano al que nunca ha conocido para enlazarlo con los años en que su madre fue joven, fue “apartada” de la sociedad y en la que no hay testigos para preguntarles. Ella recuerda a esa niña que fue y lo que le gustaban las chufas. Pero en sus momentos de lucidez no puede dejar de nombrar al hermano que no sabemos si existe o no.
Fede es traductor de textos, le pagan por ello y se dedica a una labor escrupulosa en el que tiene que “ver con los ojos de los otros”. Es mamá quien le sugiere qué puede poner en la novela sobre lo que le gustaba o no. Hay momentos duros, ya que no solo su madre no le reconoce, sino que él tampoco reconoce a su madre. Su madre sufrió y fue condicionada a los sucesos que iban ocurriendo en la familia influenciándole incluso en el día de su propia boda.
“Las palabras que no se dicen se quedan atragantadas para siempre”
Las flores de ahora no tienen aroma, pero su madre recuerda que plantaba Rosas caninas que pinchaban y mordían, pero ya no las quiere ni ver por lo que le trae a la cabeza. Se recuerdan los veranos, que ya no serán lo que eran, las cenas y las pequeñas ilusiones.
Sabemos que su hermano vive en el Norte y parte de la familia emigró a Buenos Aires, pero los nombres no son del todo claros porque su madre va cambiándolos debido a su olvido. Su hijo tiene otro miedo, el olvidar su voz cuando su madre no esté y la graba para su recuerdo eterno.
Se reflexiona en la novela sobre las madres que existen la suya se acuerda de Carmela (en varias ocasiones de la narración la nombra) que lleva mas de 20 años en el cielo, pero recordándola puede recobrarla con vida. Es habitual a lo largo de la narración ver a Fede paseando por el pueblo y atravesando sus callejuelas bajo el frio, mientras su madre agazapada se duerme plácidamente.
A mamá le gustan los caramelos y se entristece de que su “otro hijo” no vaya a verle. Las visitas a los médicos son continuadas y le recomiendan que le dé la razón para protegerse. Mientras llora. Los muebles de su casa son viejos tienen alma. Su madre es autoritaria también cuando se enfada, aunque en momentos no sabe que esa es su casa, no saben dónde se encuentran. Es momento de aceptar el deterioro que tiene su madre y buscar información, pero también va a hacer todo lo posible porque su madre esté lo más cómoda posible y le facilite la vida.
No es la única vez que vienen los “muertos”, ya que muchas veces vienen a visitarle diciéndoles que están todos bien en el cielo. Ella teje y ahora no solo espera a su hermano sino también a su madre y a su marido. Mientras su hijo se debate entre sentimientos de tristeza y ahogo muy bien retratados por el autor. Es momento de recordar también el altercado con su suegra y escenas de la vida cotidiana.
A lo largo de la narración hay capítulos también muy cortitos, pausas para coger aire entre tanto sentimiento que te hace sentir mientras lees y que se enfocan hacia un tema de la literatura o hacia los sueños.
Ahora Fede recuerda al niño que fue y pienso que hace referencia a su novela Adiós Pequeño, sus comidas de arroz a la cubana sin plátano, el campo, la dulzura de la memoria y los sonidos, los olores. Su madre mientras recuerda a la gente de antes a Julio y a Rosa y con el recuerdo lo acompaña una frase de García Márquez. Mientras su madre habla el plural a su hijo le duele y siente incomodez. A su madre le molestan las luces, el ruido y cree que es una carga para su hijo y que él debería hacer su vida.
Fede va a tener siempre tiempo para su madre, es por eso que se encarga de cuidarla y de informarse a través de los médicos de cómo afrontar la demencia de un familiar. Mientras su madre se va trasportando a años atrás y recordando momentos que fueron un tormento para ella, aunque tuvo momentos también felices.
Una ocurrencia le surge a su hijo y le propone hacer un viaje al Norte para buscar a su hermano. En el que se podrán contar todo lo que le gusta hacer, hablarán, compartirán, ya que “toda la vida es ahora”. Ahora su madre ya no tiene por qué pasar por la soledad que pasó en la infancia y en momentos de lucidez va a relatar acontecimientos de su vida pasada mientras suena Tom Waits.
Una vecina alerta a Fede de una bolsa que ha encontrado en la basura con fotos del pasado que le atormentaron a su madre pensando que tirándolas se olvidaría del pasado. Pero él quiere verlas una a una para entender mejor aún la historia de su madre y lo que hay detrás de esas fotos. Pero una anotación en el dorso llama su atención 1957 Sección Femenina.
A través de las fotos (que observa su hijo) y bajo la sonata de Un ramito de violetas de Cecilia llega (a través de las fotos) a Vera de Bidasoa, allí se encuentra la casa de Pío Baroja, la parroquia de San Esteban y una placa recordando a Pepe Botella. También le viene la imagen de las chicas en la Sección Femenina y lo que soñarían siendo libres por lo que trasmiten a través de su cara. Fotos sin texto que hablan. Vera sí lo recuerda su madre, también a las chicas y no le importaría volver a ese lugar y también al cura que fue lo peor.
El viaje comienza con La autocaravana acompañada de una frase de Miguel de Unamuno. Fede no duda en ir a comprar la que será partir de ahora la casa de los tres. Es momento de alejarse de todo, de desconectar de la academia y apagar el móvil recordando el último mensaje de Amparo y lo que significó para ella, expresándonos cómo fue el final del amor. Se llevan una maleta y las fotos para emprender un viaje inolvidable para ambos. A partir de ahora la autocaravana va a ser “la casita”.
Es momento de conocer a su madre más en profundidad, una persona que siempre estuvo para los demás, no se arreglaba, no se quejaba, y que, para él, era su superheroína. Le habría gustado ser cantante o conductora de bus. No le gustaban los animales, aunque ahora que tenían a la perrita son inseparables. Las anécdotas se van a suceder a lo largo de todo el camino, la tienda de Encarna, los hippies o el calificarse a ellos mismos por su madre como los caracoles por llevar la casa a cuestas.
En la mano lleva el anillo de su abuela mientras el autor lo acompaña con una frase de Javier Marías. En su época hubo mucho machismo y ahora están en un momento presente en el que no tienen prisa y viven en su casa con ruedas. Es Navidad y de fondo suena el sorteo en la radio y que El Gordo ha terminado en 0, pero ellos no necesitan más que un mapa y unos fluorescentes.
“Según la vida, así elegimos el libro”
Fede reflexiona sobre lo que ocurrirá cuando su madre no esté y los recuerdos que le traerá y a través de las palabras con las personas que se van encontrando en su camino se habla de la importancia de los te quiero y de las palabras de cariño que no se dicen. Pero dentro del caos es mejor para no desestabilizarla seguirle en la desordenanza familiar que lleva.
La dureza la refleja Máximo en el momento que su madre no le reconoce por primera vez. Ella busca una cabina para hablar con su hermano pensando que su hijo está en Paris, pero en cuanto vuelve a su lucidez piensa que es un estorbo y que está destrozando la vida de su hijo con su carga, ya que su hijo merece ser feliz.
El autor retrata los días que sí compartían y sí se reconocían. Comidas, regalos, cumpleaños, postales navideñas. Ahora todo es un barco a la deriva. En una parada auxiliar, el autor aprovecha para dedicarnos un fragmento de El principito y Fede se siente como el hijo duplicado y sabemos lo que sufre.
También hay cierta critica social a la hora y necesidad de la sociedad de vez en cuando ponerse en los zapatos del otro de vez en cuando. Y de cómo el escritor reconoce a los personajes. Pero siempre acompañado de buena literatura que va haciéndonos referencia el autor.
“El dolor también se cansa de doler”
Fede empieza a recordarle cosas de niño, habla con su otro yo y ella quiere volver a casa acompañado de un poema de José Hierro titulado VIDA. Mamá ahora siente gusto por la lectura de los poemas y él se los inventa. Máximo hace un alegato a los cuentos que tuvimos de niños: Alicia en el país de las maravillas, Pippi Langstrump, Los cinco, Pinocho, Mary Poppins o Peter Pan. Su camino a Vera cada vez está mas cerca y Fede piensa que allí habrá respuestas.
Hay momentos que el autor se desespera y pone a su personaje durmiendo a la intemperie para no oír a los fantasmas de dentro y a modo de desahogo. Pero también hace referencia a su amor por los animales y las lecciones que nos dan. También a su anterior pareja a la que su madre no tragaba, porque pensaba que le iba a sacar todo lo que tenia y el hilo rojo que les unía. La historia con Amparo se entremezcla en varias ocasiones en la novela para hablar desde el Nosotros, cuándo se conocieron y cuándo empecé a fallar la relación.
“Todo lo que nos rodea es una traducción de lo que vemos”
Un pueblo curioso en la N-330 llamado Libros lo hace destacar el autor por su singularidad. A su madre no le gustan los besos y en un momento desagradable que suena Raphael “Hablemos del amor” quiere tirar todas las pastillas ya que cree que le están afectando en su demencia y no quiere depender de ellas.
Mamá se siente a momentos también con furia, ansiedad, como si no fuera ella. La tristeza, remordimiento y la culpa se alojan en Fede quien teme lo peor. Entra en un momento de “no” y se niega a tomar medicación incluso a beber. Fede debe admitir que su madre se está apagando poco a poco y se toma el derecho también a sentirse derrumbado.
Es momento de hablar de la Sección Femenina, en la que las mujeres se sentían condicionadas a la mujer que debían aspirar a ser y la poca libertad de la que disponían. Ya que tenían que ser madres y buenas esposas según la filosofía de esa corriente.
Se reflexiona sobre Dios y el cómo se ve desde el arte. Un Dios al que ella imagina haciendo magdalenas y con el que se ha tambaleado la fe. El recuerdo de Amparo sigue y la decisión que ha tomado su hijo no se arrepiente a pesar de haber sido una decisión dura. El protagonista tiene miedo a la soledad y a la enfermedad de su madre.
“Somos como los desiertos que, aun teniendo el mismo mapa, nunca son el mismo paisaje”
Llegamos al último de los grandes capítulos titulado El destino acompañado de una frase de Gabriela Mistral. Madre, hijo y la perra han llegado a Vera. El autor nos describe cómo es el pueblo y su madre hablando con una mujer que no se conocen. Es Ainhoa subdirectora del hotel donde ahora se alojan para abandonar por unos días la autocaravana, pero también conocemos a Dolores quien es de la época de su madre. Hablan de la generación silenciosa de 1937 y de cómo el Padre Saturno abusaba de ellas y en que nadie hizo nada. Fede siente terror y quiere venganza.
No va a dudar en presentarse en la iglesia en la que ya no hay camino de vuelta hasta averiguar algo mas ya que un “dolor así no prescribe”. La sorpresa viene al conocer el nombre real del Padre Saturno y sus afectadas Emilia, Marisol, Inmaculada, Julia, Ana, entre otras.
El autor hace referencia a la DANA de Valencia o eso entiendo pintando la situación en una noche lluviosa en Valencia en el que el agua arrasó todo en 1957 y en el que en la Unión Soviética mandaron la Sputnik 2 con Laika. Es Dolores quien le confiesa y le da testimonios en los que puede rellenar las lagunas de su madre.
Ahora suena Prisionera de Monna Bell mientras reflexiona sobre que su vida debe acabar de otra forma, no con tantas heridas abiertas. Mientras y gracias a su libreta empiezan sus primeras letras y título para un libro que está escribiendo (imagino que Mamá está dormida), la nueva novela pide socorro en las palabras mientras el autor realiza una reflexión a Carmen Martin Gaite.
“La felicidad es redonda, como una bola de cristal que a todos se les resbala de las manos”
Fede ahora es consciente de que su madre ha sido también una víctima. Es Dolores quien le facilita la dirección para encontrar al cura, aunque es ella misma quien le pide que olvide ese capítulo. La demencia avanza en la vida de mamá y sigue confundiendo a él con su hermano imaginario
“La vida que se recuerda no es vida ya”
La ubicación le lleva al Castillo de Abadía en Hendaya que ya forma parte de Francia. Al frente la iglesia de Saint Jacques y su madre mientras sosteniendo el rosario en la mano, es la primera vez que sabe donde está.
El viaje está llegando a su fin y es momento de poner fin al dolor. Ahora Fede se encuentra con Félix, una persona fría, sin emociones y que da miedo, aunque tiene un discurso que encandila. Se maneja con la ira y no recuerda nada de lo que vivió, pero acude a Dios en un momento de desesperación. Fede es traductor y Dios no tiene nada que ver con su trabajo, pero sí en las obras de arte. Es un hombre cruel y que no se hace responsable de sus acciones y del mal que hizo, pero también se niega a perdonar.
“Se puede cambiar todo hasta el pasado”
El autor finaliza la maravillosa obra Mamá está dormida con un apartado de agradecimientos donde todo acaba y hay que escuchar al personaje despedirse. Mamá, hijo y perra le agradecen a todos el tiempo de la lectura mientras suena una canción d Joan Manuel Serrat y donde nos explica el compromiso que le ha llevado a escribir la novela.
Da las gracias a la gente que le ha ayudado a componer la obra, a los médicos, a los padres quien se dejan cuidar, a las vecinas, al teatro, al cine a la música, etc. A los colirios y a las gafas de sol, a Camy por ayudar en casa y a su editor. También a Palmira su agente literario y a sus amigos de verdad.
Le da las gracias a mamá por prestarse a hacer otra mamá de ficción y para todas las mujeres que están en sus ultimas estaciones de su viaje. Ahora Máximo nos habla al lector: Aurora es vuestra cuidadla. Termina con una palabra preciosa, con la paciencia y en los textos que no acaban mientras haya memoria.
Tan solo tengo palabras de agradecimiento al autor por lo que me ha hecho sentir al leer la novela, y solo me gustaría verlos y darles un abrazo a él y a su madre.





