Entrevista a Nieves García escritora y coach integrativa

La escritura puede ser refugio, herramienta de comprensión y también un puente hacia los demás. Para Nieves García, ese puente comenzó a construirse en la infancia, cuando descubrió en la literatura —especialmente en Mujercitas— la posibilidad de dar forma a las emociones y encontrar sentido a la propia historia. Con el tiempo, esa vocación se transformó en un camino de conciencia, sanación y acompañamiento a otras personas.

Autora de obras centradas en el trauma, la identidad, la autoestima y la neurodiversidad, su trayectoria literaria refleja una evolución personal y profesional profundamente vinculada a la experiencia vivida. En su último libro, TDAH sin estigma, Nieves propone una mirada basada en la comprensión, la aceptación y la liberación del autoestigma, integrando reflexión, filosofía y herramientas prácticas.

En esta entrevista, Nieves García comparte el origen de su vocación, el proceso de transformar el dolor en aprendizaje y su compromiso con la creación de espacios seguros desde la escritura y el acompañamiento terapéutico, ofreciendo una visión honesta y esperanzadora sobre la resiliencia, la identidad y el poder transformador de las historias.

¿Cuál fue el momento clave que le inspiró a convertirse en escritora y coach integrativa y cómo influyó su propia historia en esa decisión? Escribo desde niña. Recuerdo el día en que mi madre me regaló Mujercitas y yo soñaba con ser como Jo, la escritora. Desde entonces supe que escribir formaba parte de mí, aunque durante muchos años esa vocación quedó en un segundo plano.

No hubo un único momento decisivo, sino un proceso. Con el tiempo sentí la necesidad de comprender mi historia, dar sentido al dolor vivido y transformarlo en algo que no solo me ayudara a mí, sino también a otras personas. La escritura fue primero un refugio y después una herramienta de sanación.

A medida que avanzaba en mi propio proceso terapéutico y en mi formación, comprendí que mi experiencia podía convertirse en acompañamiento. Así nació mi camino como coach integrativa: desde la vivencia, el aprendizaje y un profundo respeto por el ritmo y la historia de cada persona.

¿Cómo ha evolucionado su enfoque sobre la resiliencia y la sanación desde la publicación de Todo es por algo hasta TDAH sin estigma?
Al principio mi mirada sobre la resiliencia estaba centrada en la superación del trauma y en la búsqueda de sentido. Con el tiempo, y especialmente al profundizar en el TDAH, mi enfoque se ha ampliado hacia la comprensión, la autocompasión y la liberación del autoestigma. Hoy entiendo la sanación no como la obligación de ser fuerte, sino cómo aprender a relacionarnos con nuestra historia, nuestra mente y nuestras diferencias desde la aceptación y el respeto.

¿Qué proceso sigue para transformar experiencias personales dolorosas en herramientas útiles para otros a través de sus libros? El primer paso siempre es el trabajo personal. No escribo desde la herida abierta, sino desde la comprensión. Después identifico qué aprendizaje puede resultar útil y lo traduzco en reflexión, contexto terapéutico y herramientas prácticas. Mi objetivo no es contar mi historia, sino que quien lea pueda verse reflejado, comprenderse mejor y encontrar recursos para su propio camino.

En Todo es por alguien, aborda la recuperación del maltrato; ¿cuáles considera que son los errores más comunes que cometen quienes buscan sanar y cómo los ayuda a evitarlos? Uno de los errores más frecuentes es querer sanar rápido o esperar volver a ser la persona de antes. Otro es minimizar lo vivido o asumir una responsabilidad excesiva. También es habitual intentar hacerlo en soledad. En el libro trabajo la importancia de validar la experiencia, comprender las dinámicas del maltrato, reconstruir la autoestima de forma progresiva y apoyarse en redes y profesionales.

¿Cómo define la identidad y la libertad en Más allá de las etiquetas, y qué mensaje espera que los lectores se lleven sobre el amor y el género? Para mí, la identidad es algo vivo, personal y en evolución. La libertad aparece cuando dejamos de definirnos desde lo que se espera de nosotros y empezamos a escucharnos. El mensaje central es claro: el amor no entiende de etiquetas. Lo importante no es el género, sino la conexión, el respeto y la autenticidad.

En El cuerpo que amo, trabaja la reconciliación con la propia imagen corporal; ¿qué estrategias prácticas sugiere para quienes tienen dificultades con la autoestima?
Propongo cambiar el foco del aspecto a la experiencia corporal: agradecer lo que el cuerpo nos permite vivir, cuestionar los ideales impuestos y cuidar el diálogo interno. También sugiero ejercicios de conciencia corporal, escritura terapéutica y una exposición progresiva a la propia imagen desde la amabilidad, no desde la crítica.

Su último libro, TDAH sin estigma, combina filosofía estoica y experiencias personales; ¿cómo cree que la filosofía puede apoyar la gestión emocional en la vida cotidiana? La filosofía estoica ofrece una herramienta muy valiosa: distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no. En el caso del TDAH, ayuda a reducir la culpa y a centrar la energía en hábitos, estrategias y aceptación. Aplicada al día a día, aporta perspectiva, serenidad y responsabilidad emocional.

Como presidenta de GAM Vallès, ¿qué aprendizajes de su labor con mujeres que han sufrido violencia ha podido trasladar a su escritura y coaching? El mayor aprendizaje ha sido la importancia del espacio seguro. Cuando una persona se siente escuchada sin juicio, el cambio comienza. También he comprobado que cada proceso tiene su propio ritmo y que la información, la validación y la comunidad son elementos clave en la recuperación.

¿Cuál ha sido la respuesta más sorprendente o emotiva que ha recibido de lectores? Muchas personas me han escrito diciéndome: “He entendido por primera vez lo que me pasó” o “Me he sentido reflejada en tu historia”. Saber que alguien deja de sentirse sola y le pone nombre a lo que ha vivido gracias a mis libros es, sin duda, lo más emocionante.

En su trayectoria, ¿ha enfrentado desafíos al compartir experiencias íntimas en público? Sí. Compartir la propia historia implica vulnerabilidad y exposición. Sin embargo, me siento profundamente agradecida por la comprensión y la empatía que he recibido desde el primer momento por parte de los lectores. Con el tiempo he aprendido a poner límites y a compartir únicamente aquello que tiene un sentido terapéutico o pedagógico, cuidando también mi espacio personal.

¿Cómo combina su labor como autora, coach y activista sin que se solapen sus objetivos? En realidad, las tres áreas forman parte de un mismo propósito: acompañar procesos de conciencia y sanación. Mantengo el equilibrio organizando tiempos, cuidando mis espacios personales y recordando que, para acompañar a otras personas, primero necesito cuidarme yo.

¿Cree que la sociedad está avanzando en la comprensión del maltrato, la dependencia emocional y el TDAH? Se ha avanzado mucho en visibilización, pero todavía queda camino por recorrer, especialmente en la comprensión profunda y en la eliminación del estigma. Aún persisten muchos mitos, culpabilización y falta de información.

Si pudiera dar un consejo a alguien que empieza a escribir sobre experiencias difíciles, ¿cuál sería? Que no escriba para exponerse, sino para comprender. Y que espere a tener cierta distancia emocional. Escribir desde la herida abierta puede resultar doloroso; escribir desde la integración puede ser profundamente transformador.

Entre todos sus libros, ¿hay uno que represente mejor su filosofía de vida? Cada uno refleja una etapa, pero TDAH sin estigma recoge especialmente mi mirada actual: comprensión, aceptación, responsabilidad personal y una actitud compasiva hacia la propia historia.

¿Cómo visualiza el futuro de su trabajo literario y de coaching? Quiero seguir desarrollando proyectos que integren experiencia personal, psicología y crecimiento consciente. Me ilusiona especialmente continuar escribiendo sobre salud mental, trauma y neurodiversidad, así como crear espacios grupales de acompañamiento donde las personas puedan sentirse comprendidas y seguras en su proceso.

Algo que añadir… Creo profundamente en el poder de las historias cuando se comparten con honestidad y propósito. Cuando el dolor se transforma en conciencia, deja de ser solo una herida y se convierte en camino. Ese es el sentido que guía mi trabajo: transformar la experiencia en comprensión y la comprensión en esperanza.

 

 

 

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