Entrevista a Manuela Busto Biblioteca Popular Circulante Menéndez Pelayo en Castropol

La biblioteca rural sigue siendo hoy uno de los pilares culturales más importantes para muchas comunidades. Más allá del préstamo de libros, estos espacios se convierten en lugares de encuentro, aprendizaje y acceso a la información, especialmente en territorios donde la oferta cultural es más limitada. En esta ocasión, en Alquibla conversamos con Manuela, bibliotecaria en la biblioteca de Castropol, quien nos habla de su vocación por la biblioteconomía, del papel social que desempeñan las bibliotecas en entornos rurales y de los retos y oportunidades que surgen al trabajar tan cerca de la comunidad. A través de su experiencia, descubrimos cómo la biblioteca se transforma en un motor de cohesión social, memoria local y dinamización cultural.

Manuela, ¿cuéntanos cómo surgió tu vocación por la biblioteconomía y qué te llevó a trabajar en una biblioteca rural. Mi vocación por la biblioteconomía surge de mi interés temprano por la lectura y por los espacios de acceso libre al conocimiento. Con el tiempo comprendí que la labor bibliotecaria no consiste únicamente en gestionar fondos, sino en facilitar el acceso a la información y fomentar el desarrollo cultural. Trabajar en una biblioteca rural responde a un compromiso personal con el entorno, donde el impacto social del trabajo es más directo y visible.

¿Cómo describirías el papel de una biblioteca en un entorno rural como Castropol frente a una ciudad grande? En un entorno rural, la biblioteca desempeña una función central como equipamiento cultural y social. A diferencia de las grandes ciudades, donde existe una amplia oferta cultural, en el ámbito rural la biblioteca se convierte en un referente clave para el acceso a la cultura, la información y la formación continua. Además, actúa como espacio de encuentro y cohesión comunitaria.

¿Qué tipo de usuarios visitan más la biblioteca y cómo ha cambiado ese perfil a lo largo de los años? Tradicionalmente, los principales usuarios han sido niños en edad escolar y personas mayores. Sin embargo, en los últimos años se ha diversificado el perfil, especialmente con la incorporación de usuarios que demandan apoyo en el uso de herramientas digitales y en la realización de trámites administrativos en línea.

¿Cuáles son los mayores retos que enfrentas al gestionar una biblioteca con recursos limitados en un área rural? Los principales retos están relacionados con la limitación presupuestaria y sobre todo de personal, lo que exige una gestión creativa. Asimismo, la actualización tecnológica y la mejora de la conectividad representan desafíos constantes, especialmente en territorios donde el acceso a internet no siempre es óptimo.

¿Cómo fomentas la lectura y el interés por la cultura entre los jóvenes de la zona? Se promueven actividades de todo tipo como clubes de lectura, talleres temáticos y sesiones de animación lectora. Es fundamental adaptar las propuestas a los intereses de los jóvenes y ofrecer la biblioteca como un espacio dinámico, participativo y cercano, que trascienda su función estrictamente académica.

¿Puedes contarnos alguna historia o anécdota que refleje la importancia de la biblioteca en la comunidad?  En diversas ocasiones, usuarios mayores han manifestado que la biblioteca representa para ellos un espacio de socialización y compañía. Este tipo de experiencias evidencian que la biblioteca rural no solo cumple una función informativa, sino también social y emocional.

¿Cómo manejas la incorporación de tecnología y recursos digitales en un entorno rural con acceso limitado a internet? La biblioteca actúa como mediadora digital, ofreciendo acceso a equipos informáticos y acompañamiento en la realización de gestiones electrónicas. De esta forma, contribuye a reducir la brecha digital y a garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso a los servicios públicos.

¿Qué programas o actividades culturales has desarrollado para atraer a distintos públicos, desde niños hasta adultos mayores? Se desarrollan actividades intergeneracionales, conferencias, presentaciones de libros, exposiciones y talleres vinculados a la identidad local. La programación busca responder a las características demográficas del entorno y reforzar la participación comunitaria.

Desde tu experiencia, ¿cómo ha cambiado el papel de la biblioteca en la comunidad con el paso de los años? El papel de la biblioteca ha evolucionado desde un modelo centrado principalmente en el préstamo bibliográfico hacia un espacio multifuncional que integra actividades culturales, formación digital y dinamización social. Esta transformación responde a las nuevas necesidades de la ciudadanía.

¿Has notado alguna diferencia en la relación de los habitantes con la biblioteca según su edad o profesión? Sí, existen diferencias en los usos y expectativas según la edad. Los jóvenes suelen priorizar el estudio y el acceso a recursos digitales, mientras que las personas mayores valoran especialmente la lectura tradicional y el espacio bibliotecario como lugar de encuentro y punto de socialización. No obstante, en todos los casos se reconoce su valor como servicio público esencial.

¿Cómo trabajas para conservar y difundir la memoria local y el patrimonio cultural de Castropol desde la biblioteca? Se recopilan y conservan publicaciones locales, documentos históricos y materiales relacionados con la memoria colectiva. Además, se organizan actividades variadas que dan a conocer y que ponen en valor las tradiciones y la historia del municipio, reforzando la identidad cultural del territorio. En este sentido trabajamos con el colegio local de una manera muy estrecha.

¿Qué libros o géneros crees que son imprescindibles en una biblioteca rural y por qué? Resulta imprescindible contar con una colección equilibrada que incluya narrativa para distintos públicos e intereses, literatura infantil y juvenil, obras de consulta y fondos de temática local. En el ámbito rural, la biblioteca suele ser la principal vía de acceso a la diversidad bibliográfica y en Castropol estamos muy atentas a las novedades para poder ofrecer un catálogo variado y equilibrado.

¿Tienes algún proyecto o idea pendiente para mejorar la biblioteca y acercarla más a la comunidad? Entre los proyectos futuros destaca el fortalecimiento de las actividades intergeneracionales y la ampliación de recursos digitales. Asimismo, se pretende intensificar la colaboración con centros educativos y asociaciones locales para consolidar la biblioteca como núcleo cultural del municipio.

¿Cuál ha sido el momento más gratificante de tu carrera como bibliotecaria rural? Uno de los aspectos más gratificantes ha sido observar la continuidad generacional de los usuarios, especialmente niños que han crecido vinculados a la biblioteca y mantienen ese hábito en la edad adulta.

¿Qué consejo darías a alguien que quiera dedicarse a la bibliotecología en un entorno rural como el tuyo? Recomendaría desarrollar una fuerte vocación de servicio público, capacidad de adaptación y sensibilidad hacia las necesidades del entorno. La biblioteca rural exige una implicación comunitaria que trasciende la gestión técnica y sitúa a la persona usuaria en el centro de la labor profesional.

Una última reflexión

El análisis de la labor bibliotecaria en un entorno rural como Castropol permite comprender que la biblioteca trasciende su función tradicional como espacio de préstamo y consulta bibliográfica. En contextos rurales, este equipamiento cultural se configura como un agente clave de cohesión social, dinamización cultural y garantía de igualdad de oportunidades en el acceso a la información, a la formación y al ocio.

La biblioteca rural actúa simultáneamente como centro cultural, espacio de encuentro intergeneracional y punto de apoyo en la reducción de la brecha digital. Su cercanía con la comunidad favorece una relación más personalizada con las personas usuarias y refuerza su papel como servicio público esencial.

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