En el corazón de toda institución cultural late una memoria que da sentido a su presente y proyecta su futuro. En esta ocasión, Alquibla se acerca al valioso trabajo que se desarrolla en el Área de Archivo Histórico y el Centro de Documentación de la Fundación Obra Social de Castilla y León (FUNDOS), dos pilares esenciales en la conservación, organización y difusión del patrimonio documental.
A través de esta entrevista, Natividad —coordinadora de ambos espacios— nos invita a descubrir la riqueza de unos fondos que abarcan siglos de historia, así como los retos y oportunidades que implica su gestión en un contexto marcado por la transformación digital y la creciente demanda de acceso a la información. Desde la recuperación de documentos dispersos hasta la apuesta por la accesibilidad y la divulgación, su testimonio pone en valor el papel de los archivos como garantes de la memoria colectiva.
Más allá de su función investigadora, los archivos se revelan aquí como espacios vivos, abiertos a la ciudadanía, donde pasado y presente dialogan constantemente. Una conversación que nos recuerda que conocer, preservar y difundir nuestro patrimonio documental es, en definitiva, una forma de comprender quiénes somos.
Natividad, ¿qué funciones principales desempeña el Área de Archivo Histórico y el Centro de Documentación dentro del Departamento de Cultura y Patrimonio, y cómo se articulan entre sí en el trabajo diario? El archivo histórico constituye el arca que custodia el patrimonio histórico documental y bibliográfico que heredó FUNDOS de la obra social y cultural de las distintas cajas de ahorro y montes de piedad de Castilla y León. Pone en valor ese patrimonio a través de la organización de los fondos en consonancia con la difusión, teniendo una parte importante la visibilidad a través de la accesibilidad. El centro de documentación por su parte se encarga de recoger toda la documentación que genera fruto de su actividad cultural y social la fundación, constituyendo, poco a poco, desde 2015 la memoria de la misma. Ambos son los pilares sobre los que se contempla el pasado de la institución para no perder de vista cuál es su función en el presente.
Desde su experiencia como coordinadora, ¿cuáles han sido los mayores retos a la hora de conservar, organizar y difundir el patrimonio documental que custodian? Probablemente, recopilar todo el patrimonio documental y bibliográfico disperso por la comunidad autónoma. Los traslados, son uno de los huesos duros del archivero y en nuestro caso, han sido numerosos. Además, la activación del archivo como un centro accesible a investigadores y dinamizador de su patrimonio coincidió con ese proceso de centralización del patrimonio propio tras un proceso de independencia institucional como el que atravesó nuestra fundación, lo que ha hecho algo más complejo aún el camino trazado. De manera que, hacer ese enorme esfuerzo al mismo tiempo que no descuidábamos visibilizar un archivo y difundir su contenido, es seguramente el reto más importante al que nos hemos enfrentado.
¿Qué valor cree que tiene hoy el archivo histórico para la ciudadanía, más allá de su función investigadora o académica? El valor es muy alto. El gran problema es que seguimos arrastrando el estigma del desconocimiento, del misterio, de no entender muy bien qué se hace en un archivo y aunque los archivos somos mucho más visibles que hace 10 años, todavía existe ese rechazo involuntario por ignorancia. La sociedad tiene en nuestro archivo un arca del tesoro que le pertenece y en muchos casos no lo sabe. Somos su memoria, su identidad, las huellas que muestran el camino que han recorrido como individuos, es un derecho consultar nuestros fondos. Cuando el ciudadano se acerca y se le muestra el alcance, se va encantado porque comprenden la importancia que representa para el funcionamiento de nuestra administración, para ejercer cualquier derecho y cumplir con nuestros deberes, pero también para hacer suya la historia. Es una cuestión de identidad y de cultura.
¿Cómo ha evolucionado el perfil de las personas usuarias del archivo y del centro de documentación en los últimos años? Estamos atravesando actualmente una etapa muy dulce por la altísima demanda. Y esto nos permite hacer estadística del tipo de usuario que recibimos. Al principio nuestro usuario tipo, era investigador no académico, aficionado o curioso. Actualmente, mantenemos un porcentaje bajo de este tipo de usuarios porque el demandante principal es el investigador académico. Ello se debe en parte, a que cada vez tenemos más presencia en redes sociales, y en plataformas digitales como PARES, pero también a la fuerte apuesta por desarrollar actividades divulgativas como jornadas o talleres en Castilla y León, pero también en Madrid o el País Vasco en los últimos años, y especialmente por las exposiciones documentales que han despertado un fuerte interés por conocer lo que conservamos.
¿De qué manera se trabaja la accesibilidad al patrimonio documental, tanto a nivel presencial como digital? A nivel digital claramente el salto a la accesibilidad es tanto cuantitativo como cualitativo. Es la mejor alternativa, no solo por el bienestar del documento original sino porque el usuario encuentra muchas facilidades, especialmente por localización ya que algunos investigadores no pueden desplazarse hasta aquí, pero también por las características mejoradas que ofrece la versión digital. A nivel físico, la accesibilidad se potencia con alternativas como los facsímiles pero también con medidas de conservación preventiva adoptadas, por ejemplo, encapsulados transparentes que facilitan la manipulación de originales.
¿Qué papel juegan la digitalización y las nuevas tecnologías en la preservación y difusión de los fondos históricos? Fundamental. Especialmente en archivos privados que siempre estamos mas opacados. La digitalización juega el papel de la accesibilidad para los usuarios pero para la comunidad en general, juega el papel de la visibilidad. Crear herramientas digitales que puedan estar disponibles en un entorno web, como índices, cuadros de clasificación, bases de datos volcadas, catálogos… facilita que el ciudadano conozca lo que hay y a nosotros, ofrecer un servicio óptimo, pues el usuario, llega en muchos casos directamente con la signatura del documento que quiere. Disponer de esto conlleva un proceso largo de migración de información, especialmente en aquellos archivos que han experimentado la transformación. En nuestro caso, es una mezcla entre la transformación de lo analógico y la oportunidad de crear herramientas nuevas desde cero con la visión de las nuevas tecnologías.
¿Podría destacar algún fondo, documento o colección especialmente significativa por su valor histórico, social o simbólico? ¡Qué difícil! Tenemos la suerte de custodiar un patrimonio tan diverso como rico. Nuestro documento original más antiguo data del siglo XII, y abarcamos históricamente casi todas las edades. Fondos personales (Quiñones – Condes de Luna; J.A. Gaya Nuño – Concha de Marco; Pedro Vidal;), fondos empresariales (banca), institucionales (Real sociedad económica amigos del país de León), hasta el fondo de un edificio tan simbólico como Casa Botines diseñado por el genial Antonio Gaudí. Si tuviera que elegir un fondo elegiría el fondo de los Quiñones Condes de Luna, y si tuviera que escoger un documento, los planos de Casa Botines de A. Gaudí de 1892. El primero porque es un retrato de la nobleza leonesa perfecto desde el siglo XII hasta el siglo XIX. Tiene una riqueza documental impresionante. Y el segundo habla por sí solo: un original casi rara avis, hoy día con un fuerte valor histórico, pero también artístico.
¿Cómo se equilibra la necesaria conservación de los documentos con la demanda creciente de consulta y difusión pública? Sin duda en esta labor las tecnologías se han convertido en las grandes aliadas. La digitalización facilita la consulta a distancia y por tanto la preservación total del documento en soporte original. Esto ha permitido reducir el contacto con los originales a situaciones especiales como cursos de veranos, visitas a la carta, visitas institucionales… y, además, la captura digital se convierte en recurso para la difusión. No solo para redes sociales sino también para obtener facsímiles, otra gran baza del Archivo FUNDOS llegando incluso más lejos: la interacción. Buscamos el equilibrio, pero que esta situación nos genera también oportunidades.
¿Qué importancia tiene la colaboración con otras instituciones culturales, archivos o bibliotecas en el desarrollo de su labor? Es fundamental. Estar en primera línea como archivos privados en Castilla y León supone para nosotros poder dialogar de tú a tu con los archivos públicos y privados que son faro para nosotros en cuestiones de buenas prácticas, de dinámicas de desarrollo de planes… pero también para compartir documentos que completan mutuamente nuestro acervo, actividades de difusión, formaciones conjuntas… Somos conscientes de lo aislado que ha estado nuestro gremio, y no hacer un esfuerzo por colaborar supondría mayor ostracismo aún. Por eso, apostamos también, por la pertenencia a grupos de trabajo privados y públicos, y la presencia en asociaciones e instituciones como el ICA.
¿Cómo se gestiona la memoria colectiva desde un archivo histórico y qué responsabilidad implica esa tarea? La gestión de la memoria es una de esas tareas en las que probablemente el archivero encuentra su punto de conexión con el ciudadano, más allá del servicio como usuario. En muchas ocasiones, te conviertes en la pieza que le falta al puzzle de una persona, por motivos familiares, a veces por simple curiosidad. Especialmente en las visitas cuando utilizamos fondo fotográfico muchas personas reconocen lugares, negocios que ya no están, historias que les contaban sus antepasados de costumbres que había en una zona, en una calle y que con nuestros fondos les ponen imagen o palabras escritas. Para nosotros, representa una oportunidad para recopilar una versión oral de algo que desconocíamos, una parte de la historia que solo ellos nos pueden contar. Por, eso para nosotros es fundamental que las personas se acerquen al archivo.
¿Qué competencias considera esenciales para las personas que trabajan hoy en archivos históricos y centros de documentación? Los perfiles profesionales siguen siendo multidisciplinares, pero sin duda si hablamos de competencias esenciales, cada vez más son necesarios conocimientos sólidos en entornos digitales, en lo que llamamos arquitectura de datos. La base en historia y en archivística debe ser fundamental vigilando siempre una constante formación en este sentido. La administración y la propia evolución de nuestra sociedad nos ha obligado a adaptarnos, y con el crecimiento tan fuerte en los últimos años de la IA sobre todo. Por eso, y por la rapidez de los cambios en los últimos años debemos estar muy actualizados especialmente en esta parcela.
¿De qué forma se impulsa la educación patrimonial y la divulgación cultural a partir de los fondos documentales? A través de iniciativas concretas, en nuestro caso como Destacadocs, pero también a través de las exposiciones documentales. Estas dos vías se han convertido en nuestros pilares fundamentales para desarrollar la educación cultural patrimonial y la divulgación. Por supuesto, las colaboraciones con otras instituciones también representan oportunidades: visitas de centros como la Universidad de León y de Salamanca, pero también el archivo va a la universidad a través de talleres y de formaciones concretas. En ambas universidades ya hemos estado presentes en asignaturas y titulaciones de la atmósfera archivística pero también hacemos labor divulgativa con otro tipo de centros que ofrecen formación profesional, la escuela de restauración y conservación o asociaciones que nos solicitan encajar en sus programas de actividades y diseñamos visitas a la carta. Pero también desarrollamos programas educativos que van de la mano de las exposiciones documentales. Intentamos estar muy presentes de todas las formas posibles.
¿Cómo influyen las políticas culturales y de patrimonio en el trabajo cotidiano del archivo? Establecen nuestro marco técnico diariamente. Observamos el contexto legal a nivel estatal y también a nivel autonómico y lo adaptamos a nuestras circunstancias y recursos. En muchas prácticas buscamos destacar en el ámbito privado en medidas de conservación y de custodia, un reflejo de ello es la apuesta en instalaciones de último nivel como es el caso de FUNDOS Estudio donde albergamos toda la documentación de la obra social y cultural de las antiguas cajas de ahorros pero también la colaboración con asociaciones como ACAL nos permite seguir la estela de las instituciones públicas, promoviendo una red para garantizar precisamente las buenas prácticas, modelos de conservación, y accesibilidad especialmente con el patrimonio regional.
¿Qué proyectos de futuro le gustaría desarrollar o consolidar en el Área de Archivo Histórico y Centro de Documentación? Sin duda sentar las bases del archivo desde que iniciamos la concentración del patrimonio documental y bibliográfico en nuestros centros. Lleva tiempo hacer acopio, pero lleva aún más tiempo re-organizar ahora todo el conjunto. Pero es que además, necesitamos seguir estando presentes en la sociedad a través de la difusión y para ello es fundamental que patrimonio esté organizado, descrito y digitalizado. En cuanto a qué tipo de proyectos o acciones me ilusionan de aquí en adelante, es constituir un modelo estable de exposiciones temporales, atractivo e interesante que fortalezca nuestra difusión y que permitan la participación activa de otras instituciones archivísticas relevantes, pero también acrecentar el acervo del archivo. Queremos ser la institución de referencia en el sector privado de Castilla y León, en la que coleccionistas y titulares de conjuntos documentales piensen en nosotros como el archivo ideal para custodiar su historia y para darla a conocer.
Por último, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a quienes aún no conocen el valor de los archivos como guardianes de nuestra historia y nuestra identidad cultural? Que se acerquen. Que pregunten. Que formen parte de ello. ¿Qué sentido tiene que nuestra vida, nuestras actividades, los hechos que protagonizamos estén registrados, pero guarden polvo en un rincón y nadie vuelva a ellos? El aprendizaje en cualquier ámbito de nuestra vida funciona por recuerdo, por memoria. Cuando buscamos ser mejores en cualquier sentido, miramos atrás para ver en qué fallamos y no repetir el error, al menos el mismo, para hacerlo diferente y para lograr esta vez, éxito. Sin la documentación, no hay recuerdo, sin recuerdo, no hay aprendizaje, y sin el aprendizaje no hay posibilidad de mejora. Documentarnos nos permite evolucionar, empatizar, comprender, conocer, nos da el poder de la información.





