En Alquibla continuamos dando voz a profesionales que trabajan día a día en la conservación y difusión del patrimonio documental. En esta ocasión, conversamos con Dara García Carrasco, técnica de archivo y responsable del área de Documentación en el Museu del Ferrocarril de Catalunya, institución integrada en la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.
A través de esta entrevista, nos acercamos a su trayectoria, a su experiencia en el ámbito de la archivística y la gestión documental, y al papel fundamental que desempeñan los archivos en la preservación de la memoria histórica ferroviaria. Dara nos ofrece, además, una visión clara sobre los retos actuales del sector, especialmente en un contexto marcado por la transformación digital y la necesidad de hacer los fondos cada vez más accesibles a la sociedad.
Una conversación que pone en valor el trabajo silencioso pero imprescindible de los archivos como espacios vivos de memoria, conocimiento e investigación.
Dara, ¿qué le motivó a especializarse en el ámbito de la archivística y la gestión documental, y cómo ha sido su trayectoria profesional hasta llegar a su puesto actual, Dara García Carrasco? Mi interés por la archivística empezó casi por sorpresa, a través de la Paleografía. Me llamó muchísimo la atención esa capacidad de poder leer, interpretar y dar sentido a documentos antiguos. A partir de ahí empecé a ver los archivos no solo como lugares donde se guarda información, sino como espacios vivos de memoria, y eso fue lo que realmente me enganchó.
Estudié el grado en Historia en la Universidad de Málaga y, al terminar, por motivos económicos no pude desplazarme para hacer un máster presencial fuera. Así que opté por cursar el máster en Gestión Documental, con especialidad en archivos, en modalidad online en la Universidad Complutense de Madrid. Y la verdad es que fue ahí cuando confirmé del todo que quería dedicarme a esto.
Mi experiencia profesional todavía es corta, pero ha sido muy intensa y, sobre todo, muy formativa. Empecé con las prácticas en el Archivo Histórico de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga, donde tuve mi primer contacto real con la gestión de fondos. Después, gracias al programa de Primera Experiencia Profesional en las Administraciones Públicas, tuve la oportunidad de trabajar en el Museu del Ferrocarril de Catalunya como técnica de archivo y gestión documental, bajo la dirección de Mayte Castillo Vizcaíno.
Al terminar el programa, surgió una oportunidad para continuar y decidí presentarme. En poco tiempo pude reincorporarme y, a día de hoy, además de seguir en el mismo puesto, soy responsable del área de Documentación del museo. Para mí ha sido un paso muy importante, tanto a nivel profesional como personal.
¿Cómo describiría la importancia de la gestión documental dentro de una institución dedicada a preservar el patrimonio histórico ferroviario como el Museo del Ferrocarril de Cataluña? La gestión documental es fundamental en un museo como el Museu del Ferrocarril de Catalunya. Muchas veces pensamos en el ferrocarril solo en términos de locomotoras o infraestructuras, pero en realidad hay toda una parte documental detrás: planos, fotografías, proyectos técnicos, expedientes… que son los que explican cómo se diseñó, se construyó y se vivió todo eso.
Sin una buena gestión documental, ese patrimonio pierde contexto. El archivo es lo que aporta sentido: permite entender qué pasó, cómo y por qué. Además, es clave para investigadores, para el propio equipo del museo o para el diseño de exposiciones, porque al final es la base que sostiene todo el discurso.
Por otro lado, la biblioteca también tiene un papel muy importante. Mientras que el archivo conserva documentación única, generada por las propias compañías o instituciones, la biblioteca reúne publicaciones, estudios y material especializado que ayuda a contextualizar toda esa información. Es donde esa documentación más “interna” se conecta con la investigación y con lo que ya se ha estudiado sobre el tema.
Al final, archivo y biblioteca se complementan constantemente: uno conserva las fuentes primarias y el otro ayuda a interpretarlas. Y juntos permiten ofrecer una visión mucho más completa del patrimonio ferroviario, no solo conservándolo, sino también haciéndolo comprensible y accesible.
¿Cuáles son las principales funciones y responsabilidades que desempeña en su día a día como Técnico de Archivo y Gestión Documental dentro de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles? Dentro de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles y en el Museu, mis funciones abarcan un amplio abanico de responsabilidades:
- Gestión de bases de datos, sistemas de información y repositorios digitales.
- Identificación, clasificación, ordenación y descripción de fondos documentales.
- Organización, descripción y conservación preventiva de archivos históricos.
- Gestión de ingresos, donaciones y procesos de externalización documental.
- Atención de consultas de investigadores, historiadores y ciudadanos.
- Digitalización de documentación textual, planos y material fotográfico histórico y documentos sensibles y patrimoniales bajo criterios de preservación.
- Elaboración de informes técnicos y cuadros de clasificación.
- Apoyo documental a exposiciones temporales y virtuales.
- Colaboración en publicaciones y proyectos de investigación.
- Elaboración de contenidos para redes sociales y acciones de difusión.
- Coordinación con instituciones culturales y académicas, voluntariado, presentaciones de libros y/o conferencias.
- Aplicación de criterios de conservación preventiva y control ambiental.
- Revisión de metadatos y normalización descriptiva…
En definitiva, mi labor combina trabajo técnico archivístico y trabajo bibliotecario con tareas de difusión y apoyo a la investigación.
¿Qué tipo de documentos y materiales custodia el archivo y qué valor histórico y cultural considera que tienen para comprender la evolución del ferrocarril en España? Custodiamos una enorme diversidad documental: planos, planos de estaciones y trazados, perfiles longitudinales, proyectos de obra, documentación administrativa y técnica. Asimismo, conservamos documentación de algunas de las compañías históricas del ferrocarril como MZA (Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante), TBF (Compañía de los ferrocarriles de Tarragona a Barcelona y Francia), VVB (Compañía del Ferrocarril de Valls a Vilanova y Barcelona), MZB (Compañía de los Ferrocarriles Directos de Madrid y Zaragoza a Barcelona) o Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España Norte o Centro. Estas compañías fueron protagonistas en el desarrollo del ferrocarril español durante el siglo XIX y principios del XX, antes de la nacionalización que llevó a la creación de RENFE en 1941.
Por otro lado, poseemos fondos fotográficos, videos, postales, billetes, acciones, mapas, sellos, material publicitario y documentación interna y una pequeña colección facticia de donaciones que nos han ido trayendo estos últimos años. Adjunto enlace del cuadro de clasificación: https://museudelferrocarril.org/documentacio/pdf/Extracto-CuadroClasificacion_CAT.pdf
Todo este conjunto permite comprender la evolución tecnológica, económica y social del ferrocarril en España. No solo explican la ingeniería ferroviaria, sino también las transformaciones del territorio, el desarrollo industrial y la vida cotidiana. Un simple billete o una fotografía de estación pueden aportar información sobre tarifas, diseño gráfico, movilidad social o condiciones laborales.
¿Cuáles son los mayores retos a los que se enfrenta actualmente la gestión de archivos históricos, especialmente en lo relacionado con la conservación, organización y accesibilidad de los documentos? Uno de los mayores retos ahora mismo es encontrar el equilibrio entre preservar y difundir. Antes, los archivos eran espacios bastante cerrados, casi inaccesibles, pero hoy en día eso ha cambiado muchísimo. La gente espera poder acceder a la información de forma rápida, online y desde cualquier sitio. De hecho, muchos usuarios ya consultan catálogos o repositorios digitales antes incluso de plantearse una visita presencial.
Esto nos obliga a trabajar en dos líneas a la vez: por un lado, garantizar la conservación física de documentos únicos, y por otro, facilitar su acceso en formato digital. Y ahí entran muchos retos: la obsolescencia tecnológica, cómo asegurar la preservación digital a largo plazo, o cuestiones como la protección de datos y los derechos de autor. Cada vez generamos más documentación directamente en digital, lo que también cambia bastante el enfoque tradicional del archivo. Ya no se trata solo de conservar papel, sino también correos electrónicos, bases de datos o documentos nacidos digitales, que requieren otras formas de gestión y conservación.
¿Cómo ha influido la transformación digital en la manera en que se gestionan, preservan y difunden los fondos documentales del archivo? La transformación digital ha supuesto un cambio estructural. Ha mejorado la descripción normalizada, la interoperabilidad entre instituciones y el acceso remoto a los fondos.
Además, la digitalización protege los originales al reducir su manipulación y democratiza el acceso. Investigadores de cualquier parte del mundo pueden consultar fondos sin desplazarse. Asimismo, la difusión en redes sociales y plataformas digitales permite que el patrimonio llegue a públicos que antes no se acercaban a los archivos.
¿Qué criterios se siguen para organizar, clasificar y describir los documentos con el fin de garantizar su correcta conservación y facilitar su consulta por investigadores y público general? Se aplican principios archivísticos fundamentales como el respeto al fondo y al orden original. Se elaboran cuadros de clasificación funcionales, se aplican normas de descripción normalizadas y se incorporan metadatos que faciliten la recuperación de la información.
La organización responde a criterios temáticos, así como a la estructura y funciones de la entidad productora, garantizando así coherencia histórica y contextual.
¿Qué papel desempeña el archivo en el apoyo a investigadores, historiadores o ciudadanos interesados en conocer más sobre la historia ferroviaria? El archivo funciona como un centro de referencia para la investigación histórica ferroviaria. Por otro lado, facilitamos documentos, orientamos, ayudamos a contextualizar y a interpretar los fondos. Muchas veces nuestro trabajo consiste en explicar cómo está organizado el archivo, sugerir por dónde empezar una búsqueda o incluso relacionar documentos que, a primera vista, no tienen conexión. En ese sentido, el archivo no es solo un depósito de información, sino un espacio de mediación entre los documentos y las personas que vienen a consultarlos.
Además, el apoyo que damos no se limita al ámbito académico. Es verdad que trabajamos con investigadores, estudiantes o especialistas, pero también atendemos a personas que vienen con inquietudes mucho más personales: alguien que busca información sobre un familiar que trabajó en el ferrocarril, sobre una estación de su pueblo o sobre la historia de una línea concreta.
En esos casos, el archivo tiene también una dimensión muy humana, porque ayuda a reconstruir memorias personales y colectivas. Al final, nuestro papel es hacer de puente entre el patrimonio documental y la sociedad, facilitando el acceso a la información y ayudando a que la historia ferroviaria no solo se conserve, sino que también se entienda y se transmita.
¿Podría compartir algún descubrimiento, documento o colección que le haya resultado especialmente interesante o significativo desde el punto de vista histórico o personal? Uno de los momentos más especiales que he vivido en el archivo fue la donación realizada por Xavier Costal de unas fotografías del Centenario del ferrocarril de Mataró, el primer ferrocarril de la Península Ibérica. A través de esas imágenes pudimos documentar mejor el acontecimiento. Además conseguimos identificar el nombre de trabajadores que habían permanecido en el anonimato durante décadas.
Ese tipo de descubrimientos me recuerdan que el archivo no conserva solo documentos: conserva personas. Detrás de cada plano, de cada fotografía o de cada proyecto técnico hay historias humanas. Para mí, lo más emocionante es cuando un documento aparentemente técnico termina devolviendo identidad y memoria a alguien que formó parte de esa historia.
Enlace de la noticia y de las fotografías:
- Noticia: https://www.ffe.es/noticias/noticia.asp?id=2044
- Fotografías: https://docutren.com/Barcelona-Mataro/galeria.asp#documataro
¿Cómo se trabaja desde el archivo para acercar el patrimonio documental ferroviario a la sociedad y fomentar su conocimiento y valoración? Creo firmemente que el archivo no debe ser un espacio silencioso y cerrado, sino un lugar activo dentro del museo. Trabajamos para que la documentación no quede relegada a depósitos, sino que forme parte del discurso expositivo, de las publicaciones y de la comunicación digital.
La participación en exposiciones temporales, la elaboración de contenidos para redes sociales, la colaboración con investigadores o la digitalización accesible son formas de abrir el archivo a la ciudadanía. Cuando contextualizamos un plano o explicamos la historia detrás de una fotografía, estamos traduciendo el lenguaje técnico a un lenguaje comprensible, visible y cercano.
¿Qué importancia tiene la colaboración entre archivos, bibliotecas y museos para enriquecer el acceso a la información y preservar la memoria colectiva? La colaboración entre archivos, bibliotecas y museos es fundamental para enriquecer el acceso a la información y preservar la memoria colectiva de manera integral. No son espacios aislados ni funciones independientes, son ámbitos complementarios que, cuando trabajan de forma coordinada, ofrecen una visión mucho más completa del patrimonio.
Por un lado, el archivo conserva la documentación original, las fuentes primarias que constituyen la base de la investigación histórica. Por otro, la biblioteca aporta el marco teórico, los estudios especializados y la producción científica que permiten contextualizar esa documentación. El museo, por su parte, traduce ese conocimiento en un discurso expositivo accesible al público general, conectando los objetos y documentos con relatos comprensibles y significativos.
En el Museu del Ferrocarril de Catalunya trabajamos mucho desde esa idea de transversalidad. Entendemos que el patrimonio documental, bibliográfico y museístico forma parte de una misma historia: la del ferrocarril y todo su impacto. Además, al formar parte de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, esa colaboración va más allá del propio museo, lo que facilita compartir criterios, integrar fondos y trabajar con sistemas más conectados. Y eso, en la práctica, se nota mucho: se optimizan recursos, se evitan duplicidades y, sobre todo, se mejora la experiencia del usuario. Es decir, quien investiga o consulta no tiene que ir “a ciegas” por distintos sitios, sino que encuentra conexiones más claras entre documentos, libros y piezas del museo.
Al final, la idea es que la memoria colectiva se entienda como algo compartido. Cuanto más colaboran las instituciones, mejor se conserva, se entiende y se transmite ese patrimonio.
¿Qué herramientas tecnológicas o sistemas de gestión documental utilizan y cómo contribuyen a mejorar la eficiencia y la preservación de los fondos? A nivel de gestión, trabajamos con SGB Koha como sistema integrado de biblioteca. Ahí es donde tenemos catalogadas las monografías, publicaciones periódicas, estudios técnicos, memorias empresariales… en general, todo lo que funciona como biblioteca especializada de investigación y que complementa los fondos de archivo. En nuestro caso, además, el catálogo no solo recoge las colecciones bibliográficas, sino también información sobre los fondos de archivo y los fotográficos, lo que permite tener una visión bastante completa desde un mismo punto de acceso.
El sistema sigue normas estándar, como ISBD y MARC21, lo que facilita hacer búsquedas bastante precisas por autor, materias, edición o localización, algo fundamental para investigadores.
Por otro lado, también trabajamos con DOCUTREN, que es el portal digital de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Es una plataforma de acceso público donde se puede consultar documentación e investigación sobre el ámbito ferroviario. Desde la perspectiva de los repositorios digitales patrimoniales, el sistema puede definirse como un repositorio especializado de acceso público, orientado principalmente a la investigación histórica y técnica, cuya función principal es garantizar la recuperación y difusión de la documentación e investigación histórica ferroviaria conservada por la Fundación.
Desde su experiencia, ¿qué cualidades y competencias considera esenciales para quienes desean dedicarse profesionalmente a la archivística y la gestión documental? Desde mi experiencia, diría que la cualidad más importante es la curiosidad. Al final, si no tienes un interés real por lo que estás trabajando y por el contexto histórico que hay detrás, es difícil conectar de verdad con la profesión. También son fundamentales el rigor y la precisión. La archivística requiere método, orden y mucha atención al detalle, porque trabajamos con información que tiene que ser fiable y estar bien organizada. A eso se suman la paciencia y la constancia, porque muchos procesos son lentos y bastante minuciosos. Y, por supuesto, la capacidad de organización y de análisis, ya que hay que manejar grandes volúmenes de documentación y estructurarlos de forma lógica, pensando siempre en que luego otras personas puedan consultarlos fácilmente.
Y por último, algo que cada vez es más importante: la adaptabilidad tecnológica. Los archivos están cambiando constantemente, con nuevas herramientas y nuevos retos, sobre todo en lo digital. Así que tener una actitud abierta y seguir aprendiendo es prácticamente imprescindible.
¿Cómo cree que evolucionará el papel de los archivos en el futuro, especialmente en un contexto cada vez más digital y orientado al acceso abierto? Pienso que los archivos van a ser cada vez más digitales, más abiertos y más interconectados. Poco a poco están dejando de percibirse como espacios cerrados para convertirse en agentes activos dentro de la difusión cultural, la ciencia abierta y también la transparencia institucional. Pero más allá de digitalizar, el reto va a estar en cómo se gestiona todo ese volumen de información digital. La preservación a largo plazo, la obsolescencia tecnológica o la autenticidad de los documentos van a ser cuestiones clave.
También pienso que va a cambiar mucho la relación con los usuarios. Cada vez se espera un acceso más inmediato, más intuitivo y desde cualquier lugar, así que los archivos tendrán que adaptarse a eso, no solo ofreciendo contenidos, sino también mejorando la forma en la que se accede a ellos. Y, en ese sentido, el papel del archivero también evoluciona. Ya no es solo quien conserva, sino quien facilita el acceso, interpreta la información y la conecta con distintos públicos.
¿Qué significado tiene para usted contribuir a la preservación de la memoria histórica ferroviaria y qué es lo que más le apasiona de su trabajo? Para mí es una gran responsabilidad y, al mismo tiempo, un privilegio. El ferrocarril no es solo infraestructura; es historia social, económica, tecnológica y también muy humana. Conservar esa memoria es, en parte, conservar nuestra identidad colectiva.
Lo que más me gusta de mi trabajo es algo muy sencillo: saber que lo que hago hoy puede servirle a alguien mañana. Cada descripción, cada caja que organizo o cada fotografía que digitalizo puede acabar siendo clave, ya sea para una investigación o para que alguien reconstruya parte de su historia familiar. También me motiva mucho esa idea de continuidad. Trabajo con documentos del pasado, pero siempre pensando en el futuro. Al final, somos un enlace entre quienes generaron esos documentos y quienes los consultarán dentro de años, y esa responsabilidad es algo que realmente me ilusiona.
Preservar la memoria ferroviaria es, en el fondo, preservar historias de trabajo, de progreso y de vida cotidiana. Y poder contribuir, aunque sea en una pequeña parte, a que todo eso no se pierda con el tiempo es lo que más me apasiona de mi trabajo.





