Entrevista a Delfina Mendoza autora del cuento Juguemos en el Prado

En el universo de la literatura infantil, hay obras que van más allá de contar una historia: invitan a descubrir, a jugar y a aprender. Juguemos en el Prado… mientras Saturno no está es un claro ejemplo de ello, un cuento que abre las puertas del Museo del Prado a los más pequeños desde una perspectiva mágica, educativa y participativa.

Hablamos con su autora, quien ha sabido unir su experiencia como restauradora de pintura, guía del museo e ilustradora para dar forma a una obra única donde el arte cobra vida y los niños se convierten en protagonistas. A través de sus páginas, los jóvenes lectores no solo se acercan a grandes obras maestras, sino que también aprenden valores, desarrollan su curiosidad y se sumergen en una aventura donde el juego y el conocimiento van de la mano.

En esta entrevista descubrimos el origen del proyecto, los retos de su creación y el mensaje que busca transmitir a las nuevas generaciones, invitándolas a mirar el arte con otros ojos y, sobre todo, a sentirse parte de él.

Delfina ¿cómo surgió la idea de ambientar Juguemos en el Prado… mientras Saturno no está dentro del Museo del Prado y qué buscaba transmitir a los niños con este escenario? Juguemos en el Prado nace, por un lado, de las ganas de crearle a mi hija, Tania, un cuento que a mí me hubiera gustado encontrar en las librerías. Por otro, nace como un proyecto en el que, de una manera mágica, se conjugan mis tres facetas: la de restauradora de pintura, la de guía dentro del Museo del Prado y la de ilustradora / diseñadora gráfica (importante para darle su forma definitiva al cuento).
¿Qué mensaje quería que los pequeños lectores captaran al combinar el juego con la educación artística dentro del cuento? Detrás de Juguemos hay distintos mensajes. Uno muy importante es que los niños pueden hacer grandes cosas. Otro, que el Patrimonio Artístico es de todos y debemos cuidarlo. Esto va de la mano con la intención de que los pequeños se vayan familiarizando con los grandes artistas y sus obras y, más aún, que vayan aprendiendo de los mensajes y valores detrás de ellas.
¿Cómo eligió las 10 obras principales que aparecen en la historia y qué criterios siguió para integrarlas en la trama? Lo primero que hice fue elegir a los artistas que, desde mi punto de vista, no podían faltar. Luego, ya fue elegir las obras en concreto que yo considerase que tenían un mensaje más claro, interesante y accesible para los niños. El hilo conductor entre las obras se podría decir que son los valores humanos. Los niños se acercan a ellas, siempre acompañados de Borjita, que les explica detalles acerca de ellas como si de un guía se tratara.
¿Podría contarnos un poco sobre Borjita y cómo nació este personaje encargado de cuidar a los niños? Borjita es, a la vez, el que guía y cuida a los niños dentro del Museo y, paradójicamente, el resultado de una restauración torpe de la que todos hemos escuchado hablar. Es una imagen con la que los adultos nos hemos llegado a reír y a encariñar y espero que ocurra también con los niños, a través de Juguemos.
La historia plantea la amenaza de Saturno, ¿qué representa este personaje y cómo cree que ayuda a mantener la atención de los niños durante la lectura? Saturno representa el arquetipo del personaje solitario y amargado que rompe todo lo que toca. La amenaza constante de su aparición a lo largo del cuento genera el misterio y la curiosidad en los niños: ¿Estará Saturno en la siguiente sala?
¿Cómo pensó en hacer que los niños se sintieran como restauradores de pintura y qué actividades les sugiere en el cuento para interactuar con las obras? Me pareció maravillosa la idea de generar en los niños un compromiso con la obra dándoles a ellos la misión de restaurar una pieza que resulta dañada en el desenlace del cuento. A través del color, que es algo que les encanta, serán ellos, los lectores, los encargados de devolverle su legibilidad al cuadro en cuestión.
¿Hubo algún desafío al escribir un cuento que combina fantasía, educación artística y participación activa de los lectores? Por supuesto que los hubo, empezando por crear algo que yo disfrutase desarrollando y que, a la vez, sintiese que iba a divertir a un público tan exigente como el infantil.
Las soluciones las fui encontrando mirando atrás hacia mi propia infancia: una canción popular (Juguemos en el bosque…), las fábulas de Esopo que me leía mi abuela, los personajes terroríficos que a cierta edad nos empiezan a gustar…  Todo lo fui conjugando hasta lograr darle forma al cuento.
¿Qué aspectos del museo o de las obras de arte cree que más llaman la atención de los niños de 5 a 9 años? Yo creo que la fantasía que muchas obras encierran, la magia de la perspectiva, los gestos y actitudes de las figuras en las composiciones… Pienso que, para un niño, ir al Museo del Prado es como ir a un teatro con muchos escenarios en los que los actores han quedado congelados.
¿Considera que los niños aprenden más sobre arte cuando se incluye un elemento de juego o aventura en la narrativa? Sí, considero que asimilan conceptos en general mucho mejor cuando se le da cabida a lo lúdico. Y creo que a cierta edad (8-9 años) esto se deja de hacer, por eso Juguemos en el Prado es un cuento también pensado para ellos.
En la historia, los niños exploran diferentes salas, ¿cómo decidió el orden o la secuencia de estas aventuras dentro del museo? Se podría decir que la secuencia se fue armando en torno a una premisa: estar atentos (en el mejor de los sentidos). Estar atentos al grupo para poder seguir el estribillo que cantan; estar atentos para mantenerse a salvo; estar atentos para poder recibir el mensaje que cada obra tiene para los niños. Tiene mucha fuerza también a lo largo de la secuencia la idea de que, a veces, las apariencias engañan, y la importancia de formarse un criterio propio.
¿Cree que el cuento puede motivar a los niños a visitar el Museo del Prado en la vida real y qué espera que experimenten allí? No sólo lo creo sino que es parte del propósito del cuento: que en los niños crezcan las ganas de ir a ver esas obras en vivo y en directo. Que se diviertan buscando las obras dentro del Museo y que, cuando finalmente las encuentren se emocionen y digan bien alto que ¡ellos las conocen!
¿Hubo alguna obra en particular que le resultara más divertida o difícil de incluir dentro de la trama y por qué? Tal vez el Lavatorio de Tintoretto fue la más divertida (y a la vez un reto) porque es una obra larga que está pensada para verse desde un lado; entonces, tuve que deformar la imagen para forzar esa perspectiva dentro del cuento, de manera que el lector pueda apreciarla correctamente.
¿Cómo maneja el equilibrio entre educar sobre arte y mantener la historia entretenida para los pequeños lectores? Creo que la medida justa está en la cantidad y la calidad de la información que se va a ofrecer al público infantil, así como en el hecho de haber elegido personajes que pertenecen al ámbito del arte, pero que los niños pueden sentir como parte de su propio universo.
¿Qué reacciones o comentarios espera recibir de los niños y sus familias tras leer el cuento? Me encantaría enterarme que han hecho los personajes suyos, que han disfrutado del cuento y lo han leído más de una vez y, por supuesto, que han estado absortos resolviendo el desafío que en Juguemos se les plantea. También, porqué no, que me digan que el cuento les generó ganas de visitar el Museo para ver allí las obras en vivo y en directo.
Finalmente, si pudiera dar un consejo a los pequeños lectores que quieran ser “restauradores de pintura” por un día, ¿qué les diría para despertar su curiosidad y creatividad?  Les diría que miren detenidamente porque, sólo así, pasarán de simplemente ver, a observar y apreciar. Y que, cuando algo les interesa, investiguen, porque muchas veces nos quedamos en la superficie cuando debajo hay un universo completo de peces, algas y corales.
¿Cómo puede la gente comprar un ejemplar? Juguemos en el Prado se puede comprar hasta el 15 de abril de manera anticipada, para recibirlo recién salido del horno a primeros de mayo. Todas estas primeras compras recibirán regalos sorpresa junto con su ejemplar, a modo de agradecimiento por apoyar la primera tirada de este cuento que, por fin, pasa de la idea al hecho.

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