En un contexto universitario marcado por la transformación digital, la ciencia abierta y la constante evolución de los modelos de aprendizaje e investigación, las bibliotecas académicas están redefiniendo su papel dentro de la institución. Lejos de ser únicamente espacios de acceso a la información, se han convertido en infraestructuras estratégicas que acompañan todo el ciclo de vida del conocimiento, impulsando la innovación, la formación en competencias y el desarrollo científico.
En esta entrevista, Ángel M. Delgado Vázquez, responsable del Servicio de Soporte al Aprendizaje y la Investigación en la Universidad Pablo de Olavide, reflexiona sobre la evolución del modelo de biblioteca universitaria hacia el CRAI y su proyección futura. A lo largo de la conversación, aborda los retos actuales en materia de ciencia abierta, transformación digital, inteligencia artificial y evaluación científica, así como el papel clave del personal bibliotecario en este nuevo ecosistema académico.
Una mirada experta que permite comprender cómo las bibliotecas universitarias no solo se adaptan a los cambios, sino que se sitúan en el centro de la transformación del conocimiento.
¿Cómo ha evolucionado el modelo de biblioteca universitaria hacia el concepto de CRAI y qué papel juega actualmente en el apoyo al aprendizaje y la investigación en la universidad? La evolución desde la biblioteca universitaria tradicional hacia el modelo de CRAI respondió, en su momento, a un cambio profundo en la forma de entender la universidad. Supuso una etapa de modernización clave al integrar servicios, tecnologías y apoyo al aprendizaje y a la investigación en un mismo marco conceptual. Sin embargo, hoy ese modelo puede considerarse en gran medida superado como referencia cerrada, en la medida en que muchas de sus premisas —integración de servicios, centralidad en el usuario, apoyo a la docencia y a la investigación— han sido ya asumidas y desbordadas por nuevas dinámicas.
En el contexto actual, marcado por la transformación digital, la ciencia abierta y la hibridación de los entornos de aprendizaje e investigación, la biblioteca universitaria evoluciona hacia un modelo aún más distribuido, transversal y orientado a procesos. Más que un espacio o una etiqueta organizativa, hablamos de una infraestructura estratégica que acompaña todo el ciclo de vida del conocimiento. En este sentido, la biblioteca deja definitivamente de ser un espacio pasivo para consolidarse como un agente activo que facilita el desarrollo de competencias, apoya la producción científica y contribuye a la transformación institucional, anticipándose incluso a nuevas necesidades.
Desde su experiencia como responsable del Servicio de Soporte al Aprendizaje y la Investigación, ¿cuáles son las principales necesidades que detectan hoy en estudiantes e investigadores? Las necesidades han evolucionado notablemente. En el caso del estudiantado, destaca la necesidad de adquirir competencias críticas en el uso de la información, especialmente en un entorno saturado de contenidos y mediado por tecnologías como la inteligencia artificial. En los investigadores, observamos una demanda creciente de apoyo en cuestiones complejas: gestión de datos de investigación, cumplimiento de mandatos de acceso abierto, construcción de la identidad digital, preparación de solicitudes de financiación competitiva, y especialmente, comprensión de los nuevos modelos de evaluación científica, cada vez más orientados a enfoques cualitativos y narrativos.
¿Qué servicios innovadores está desarrollando la biblioteca de la Universidad Pablo de Olavide para adaptarse a los nuevos entornos digitales y académicos? Estamos desarrollando servicios alineados con la ciencia abierta y la transformación digital. Entre ellos, destacaría el impulso al repositorio institucional como infraestructura clave, el desarrollo de servicios de publicación científica a través de plataformas y revistas propias, el asesoramiento en evaluación científica y bibliometría avanzada, la elaboración de informes bibliométricos para autoridades universitarias con fines de evaluación y prospectiva, y la incorporación de programas formativos estructurados como microcredenciales en competencias digitales e inteligencia artificial aplicada a la investigación. Asimismo, estamos reforzando funciones de vigilancia ética y reputacional en el ámbito de la investigación, contribuyendo a anticipar riesgos y a fortalecer la integridad institucional. Todo ello con una orientación clara hacia la autonomía del investigador y la sostenibilidad de los procesos científicos.
¿Cómo influye la transformación digital en la gestión de los recursos bibliográficos y en la relación con los usuarios? La transformación digital ha desmaterializado en gran medida los recursos y ha desplazado el foco hacia el acceso, la interoperabilidad y la experiencia de usuario. La gestión ya no se centra únicamente en adquirir recursos, sino en garantizar su visibilidad, integración en sistemas y uso efectivo. Al mismo tiempo, la relación con los usuarios se ha vuelto más personalizada, basada en servicios proactivos, análisis de necesidades y acompañamiento continuo, muchas veces en entornos virtuales.
¿Qué importancia tiene la alfabetización informacional en el contexto universitario actual y cómo se fomenta desde el CRAI? Es absolutamente central. La alfabetización informacional hoy no puede limitarse a saber buscar información; implica comprender cómo se produce el conocimiento, evaluar su calidad, utilizarlo éticamente y comunicarlo adecuadamente. Desde el CRAI se fomenta mediante planes de formación estructurados, integrados en los programas académicos, y adaptados a diferentes niveles, desde grado hasta doctorado, incluyendo aspectos como la gestión de referencias, la comunicación científica o el uso crítico de la inteligencia artificial.
¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentan las bibliotecas universitarias en España en materia de acceso abierto y ciencia abierta? El principal reto es pasar de un modelo declarativo a uno plenamente operativo. Esto implica consolidar infraestructuras, garantizar financiación sostenible, y acompañar a los investigadores en el cumplimiento de mandatos cada vez más exigentes. También existen desafíos culturales, relacionados con los sistemas de evaluación científica, que todavía en algunos casos no reconocen adecuadamente las prácticas de ciencia abierta, así como la necesidad de reforzar mecanismos de seguimiento ético y reputacional vinculados a la actividad investigadora.
¿Cómo se articula el apoyo a la investigación desde la biblioteca, especialmente en aspectos como la gestión de datos, la visibilidad científica o los indicadores de impacto? El apoyo se articula de forma integral. Acompañamos a los investigadores en todo el ciclo de vida de la investigación: desde la planificación —por ejemplo, con planes de gestión de datos— y el apoyo en la preparación de solicitudes de financiación, hasta la difusión y evaluación de resultados. Ofrecemos asesoramiento en visibilidad científica, gestión de perfiles, selección de canales de publicación, y elaboración de informes bibliométricos, tanto para investigadores como para autoridades universitarias en procesos de evaluación y toma de decisiones, incorporando enfoques responsables y alineados con iniciativas como CoARA o DORA. Este apoyo se complementa con tareas de seguimiento y asesoramiento en materia de integridad, ética y reputación científica.
¿Qué papel desempeña el personal bibliotecario en este nuevo ecosistema académico y qué competencias considera imprescindibles hoy en día? El personal bibliotecario se ha convertido en un perfil altamente especializado, con capacidad para actuar como intermediario entre la tecnología, la información y la comunidad académica. Son imprescindibles competencias en gestión de datos, análisis de información, comunicación científica, tecnologías digitales e incluso comprensión de aspectos normativos y evaluativos. A ello se suman habilidades transversales como la capacidad de formación, asesoramiento y trabajo colaborativo.
¿Cómo se trabaja desde la biblioteca para fomentar la colaboración interdisciplinar entre investigadores y estudiantes? Se promueven espacios y servicios que facilitan el encuentro entre disciplinas: formación transversal, apoyo a proyectos de investigación, servicios de datos y visualización, y participación en iniciativas institucionales. La biblioteca actúa como nodo de conexión, ofreciendo herramientas y metodologías que permiten integrar perspectivas diversas y generar conocimiento más rico y complejo.
¿Qué iniciativas destacaría en relación con la innovación docente y el uso de recursos bibliográficos en el aula? Destacaría la integración de la formación en competencias informacionales dentro del currículo, el uso de recursos digitales en entornos virtuales de aprendizaje, y el desarrollo de materiales docentes abiertos. También trabajamos estrechamente con el profesorado para incorporar recursos y herramientas en sus asignaturas, favoreciendo metodologías activas y basadas en el uso crítico de la información.
¿De qué manera se está integrando la inteligencia artificial en los servicios bibliotecarios y qué oportunidades y riesgos observa? La inteligencia artificial se está integrando tanto en procesos internos como en servicios al usuario: desde herramientas de descubrimiento hasta apoyo en la investigación, la preparación de propuestas de financiación y la escritura académica. Ofrece grandes oportunidades en términos de eficiencia y acceso al conocimiento, pero también plantea riesgos relacionados con la calidad de la información, los sesgos, la integridad académica y la reputación institucional. Por ello, nuestro enfoque combina adopción tecnológica con formación crítica, ética y mecanismos de vigilancia y asesoramiento.
¿Cómo perciben los usuarios los cambios en la biblioteca y qué estrategias utilizan para mejorar su experiencia? Los usuarios valoran especialmente la accesibilidad, la rapidez y la personalización de los servicios. Para mejorar su experiencia, trabajamos con mecanismos de escucha activa, análisis de uso, evaluación de servicios y adaptación continua. La clave es anticiparse a sus necesidades y ofrecer soluciones integradas y coherentes.
¿Qué importancia tiene la cooperación entre bibliotecas universitarias y redes de información en el desarrollo de servicios más eficientes? Es fundamental. La cooperación permite optimizar recursos, compartir conocimiento y desarrollar servicios a mayor escala. Redes como REBIUN o iniciativas internacionales son clave para avanzar en ámbitos como el acceso abierto, la interoperabilidad o la innovación en servicios.
¿Cómo ve el futuro de las bibliotecas universitarias en los próximos años y qué tendencias marcarán su evolución? El futuro pasa por una mayor integración en los procesos académicos, el fortalecimiento de su papel en la ciencia abierta, la consolidación como centros de apoyo a la investigación y los servicios institucionales relacionados con la inteligencia institucional y la vigilancia reputacional. Tendencias como la inteligencia artificial, la gestión de datos, la evaluación responsable y la digitalización seguirán marcando su evolución.
Desde su trayectoria profesional, ¿qué le ha aportado trabajar en el ámbito de las bibliotecas universitarias y qué consejo daría a quienes desean dedicarse a este sector? Trabajar en este ámbito me ha permitido situarme en un punto privilegiado dentro del sistema científico, con una visión transversal de la generación y difusión del conocimiento. A quienes deseen dedicarse a este sector les diría que es un campo en constante evolución, que exige formación continua, capacidad de adaptación y una clara vocación de servicio a la comunidad académica.
En este sentido, una de las iniciativas que llevamos a cabo es el desarrollo del Título de Experto Universitario en Servicios de Apoyo a la Investigación: información, datos, evaluación y publicación científica. Este programa formativo responde precisamente a la necesidad de profesionalizar y especializar los perfiles que trabajan en este ámbito, proporcionando una formación avanzada en competencias clave como la gestión de datos, la comunicación científica, la evaluación de la investigación o el uso de infraestructuras digitales. Además, contribuye a consolidar una comunidad profesional capaz de dar respuesta a los desafíos actuales del sistema científico desde una perspectiva crítica, técnica y alineada con los principios de la ciencia abierta.





