Catalina ¿qué le llevó a imaginar una historia ambientada en el Pirineo navarro desde México y cómo nació esa conexión tan especial con este territorio incluso antes de conocerlo personalmente?
“Creo que, de alguna manera, esto era destino. Yo ya tenía el borrador de la novela cuando llamé a una agencia de viajes. Me preguntaron adónde quería ir y les dije: “No lo sé todavía, pero necesito un pueblo medieval rodeado por un bosque inmenso, con niebla, nieve en invierno, tormentas de verano… Un lugar donde en los años 1600 se hubiera talado madera y también hubiera existido la quema de brujas”.
Después de investigar un par de horas, me respondieron: “Todo eso ocurrió en el Pirineo navarro”.
Y cuando llegué ahí, todo encajaba a la perfección. El paisaje, la atmósfera, el silencio, las montañas… Era exactamente el lugar que había imaginado antes de conocerlo. El pueblo no es solo el escenario donde ocurre la historia, es una presencia viva que respira junto a los personajes.
Una vez, un periodista me hizo una pregunta que todavía sigo pensando: “¿Y si no fuiste tú quien encontró el Pirineo… sino el Pirineo el que te estaba esperando a ti?” Creo que, desde entonces, ya no he podido separar una cosa de la otra.”
Ha comentado que soñó con esta región de España y que ese sueño influyó en la creación de la trilogía Vestigios; ¿cómo recuerda ese momento y de qué manera transformó una imagen onírica en una construcción literaria tan detallada? Más que un sueño, fue una imagen. O mejor dicho, una película completa.
El final es el inicio. Lo primero que se me vino a la mente fue un desenlace y pensé: “Ese sería un gran final para una película”.
Eran las diez de la noche. Me senté con una libreta pequeña y una pluma, y me pregunté: ¿Como llego hasta ahí? Y para las cinco de la mañana ya tenía la escaleta completa y varios diálogos escritos. La historia cayó sobre mí de golpe y ya no pude detenerla.
Una persona me preguntó en una ocasión si alguna vez he tenido bloqueo de escritor. Y siempre respondo que mi único bloqueo es tecnológico, porque a veces me falla algo del ordenador y tiene que venir alguno de mis hijos a rescatarme antes de que termine rompiéndome la cabeza.
Pero fuera de eso, la historia me hablaba noche y día. Yo no podía escribir tan rápido como veía la historia.
Con el cierre de esta trilogía llega también el desenlace del viaje de Eva y su familia; mirando hacia atrás, ¿cómo ha evolucionado emocionalmente este personaje desde la primera novela hasta la última? En esta trilogía, Eva evoluciona al mismo tiempo que el lector.
En Bajo la sombra, intenta comprender qué ocurre a su alrededor y anda entre la delgada línea entre la razón y la superstición.
En Fragmentada, la búsqueda deja de ser solo exterior y se vuelve mucho más íntima y emocional.
Y en De las cenizas, tanto Eva como el lector descubren que una misma historia puede entenderse de forma completamente distinta dependiendo de quién la mire.
La verdad es relativa, y la percepción es determinante.
Vestigios se mueve entre el thriller psicológico y una fuerte exploración emocional de los personajes; ¿qué le atrae de este género como herramienta para profundizar en conflictos humanos? Creo que el thriller psicológico es uno de los géneros más humanos que existen, porque no depende solo de lo que ocurre, sino de cómo lo perciben los personajes.
Como una herida, una creencia o incluso una historia que escuchamos puede alterar por completo la manera en que entendemos la realidad.
El suspense me permite mantener al lector constantemente cuestionándose y al mismo tiempo profundizar en emociones muy universales: el duelo, la incertidumbre, el miedo a repetir patrones, la necesidad de pertenecer o de entender quiénes somos realmente.
Creo que ahí es donde el thriller psicológico deja de ser solo entretenimiento y se convierte también en una exploración emocional.
Las heridas del pasado tienen un peso importante en la historia; ¿cree que aquello que no se nombra dentro de una familia termina encontrando siempre una forma de salir a la superficie? Creo que el pasado siempre encuentra la manera de hacerse presente.
Lo no dicho y lo no resuelto rara vez desaparece. Lo que comienza como un murmullo termina irrumpiendo a gritos obligándonos, tarde o temprano, a prestar atención
A lo largo de la trilogía aparecen los traumas familiares como una herencia silenciosa; ¿cómo trabajó la construcción de esos vínculos y qué quería transmitir sobre la memoria emocional entre generaciones? Más que hablar de traumas familiares, me interesaba hablar de las cicatrices que permanecen en la memoria colectiva de un pueblo.
En Vestigios, el pasado no permanece quieto. Se filtra en las decisiones, en las creencias, en aquello que tememos repetir sin entender del todo de dónde viene.
Creo que la memoria emocional funciona así: aunque intentemos enterrarla, siempre deja vestigios.
La caza de brujas en Navarra es uno de los elementos que atraviesan la obra; ¿qué descubrió durante el proceso de documentación que más le impactó o cambió su mirada sobre este episodio histórico? Las cacerías de brujas han atravesado siglos y fronteras. Hoy llevan otros nombres y otros rostros, pero nacen del mismo lugar: el miedo a lo diferente, a lo desconocido, a todo aquello que amenaza la idea de cómo “deberían” ser las cosas. La persecución siempre revela más del cazador que de la supuesta bruja. Surge del rechazo, de la necesidad de señalar, aislar y estigmatizar aquello que no se comprende. Es ingenuo pensar que las cacerías quedaron enterradas en el pasado. Siguen presentes, solo cambiaron de forma. Por eso la verdadera pregunta ya no es si existen brujas, sino quién decide señalar a una… y por qué. Hay que preguntarnos hoy en día: ¿Quién es la bruja y quién es (o somos) los cazadores?
En sus novelas el paisaje parece convertirse casi en un personaje más; ¿qué papel juega el entorno del Pirineo navarro en la tensión psicológica y en las decisiones de los protagonistas? Cada elemento que describo del ambiente, el pueblo, la casa, incluso el bosque, no es una simple descripción. Hay simbolismo en cada espacio; importa más lo que hace sentir que el lugar en sí mismo. Incluso podría decirse que el entorno es una extensión de las emociones de Eva.
Hay una simbiosis entre el personaje principal y el medio que la rodea; ambos parecen alimentarse mutuamente, hasta que poco a poco resulta imposible distinguir dónde termina Eva y dónde comienza aquello que la rodea.
Eva es un personaje que convive con sus propios fantasmas internos; ¿cómo consigue equilibrar el suspense propio del thriller con una mirada tan íntima hacia el mundo emocional? Creo que un thriller psicológico va justo de eso de lo que nos persigue. Más aterrador que cualquier cosa sobrenatural, son los fantasmas que cargamos internamente. Podrás dudar de si existen, pero los de la mente de que los hay, los hay.
La trilogía aborda cuestiones universales desde una historia muy localizada geográficamente; ¿cree que los lectores encuentran en estos escenarios concretos emociones que trascienden cualquier frontera? En la literatura no existen fronteras, las emociones y situaciones que viven los personajes de Vestigios son tan humanas y atemporales que sin importan quién seas o dónde estés, te podrás encontrar en estas páginas.
¿Cómo ha sido el proceso de cerrar una historia construida a lo largo de tres libros y qué sensaciones le deja despedirse de unos personajes con los que ha convivido tanto tiempo? Curiosamente no me he despedido, estos personajes para mi están vivos y me siguen hablando todos los días. Es una extraña sensación pensar que es el fin de algo porque justo lo siento como el comienzo de algo nuevo. A pesar de que existe una última página, la nueva etapa de Vestigios quizá ya no sea en una hoja, sino en una pantalla. Al menos así lo quiero imaginar.
Como autora mexicana escribiendo una historia profundamente conectada con España, ¿ha sentido que esa distancia cultural le ha permitido observar el territorio y sus historias desde una perspectiva diferente? Una mirada extranjera puede hacernos redescubrir el lugar en el que vivimos desde otra perspectiva. Eso me ocurrió cuando paseé por mi ciudad con unos españoles que conocí gracias a esta trilogía; terminé descubriendo lugares en los que nunca me había detenido realmente. No cambia el lugar, cambia la mirada.
Espero que el mismo entusiasmo con el que descubrí cada rincón del Pirineo navarro despierten también la curiosidad no solo de los mexicanos, sino incluso de otros españoles, para que puedan enamorarse de ese lugar y cultura tanto como lo hice yo.
En una época donde el thriller suele buscar el ritmo vertiginoso, usted apuesta también por la profundidad psicológica; ¿qué importancia tiene para usted que el lector comprenda las emociones además de seguir la trama? Antes que nada, esta novela comenzó como un proyecto muy personal durante la pandemia. No pensaba mostrarla a nadie, así que nunca escribí pensando en cómo sería recibida, sino en responder a mis propias inquietudes.
De alguna manera, imaginé la película que me gustaría ver o, en este caso, la novela que a mí me gustaría leer. Creo que cualquier trabajo hecho desde la verdad y la pasión termina encontrando un público que conecta con esas mismas inquietudes y emociones. Y me alegra saber que la gente está disfrutando de leerla tanto como yo disfruté escribirla.
¿Hubo algún momento durante la escritura en el que la historia o los personajes tomaran un rumbo distinto al que había imaginado inicialmente para el desenlace de la trilogía? No, nunca se desviaron del camino que estaba trazado hacia el final que había imaginado, lo cierto es que nunca cesaron de sorprenderme porque cada uno va evolucionando según la etapa a la que se va enfrentando. Poco a poco los he ido conociendo y empatizando con su manera de actuar dependiendo de lo que cada uno carga y percibe. Cada uno es el personaje principal de su propia historia.
Ahora que visita España para presentar el final de Vestigios, ¿qué espera encontrar en el encuentro con los lectores españoles y qué le gustaría que permaneciera en ellos después de cerrar la última página? De los españoles no espero nada más que ese caluroso recibimiento que obtuve desde un inicio. Lo que quiero que se quede es, después de cerrar estas páginas, es ganas de saber más de estos personajes y que esta historia permanezca con ellos. Y si deciden releer, encontrarán siempre algo nuevo, porque no cambia lo que está escrito, cambiamos nosotros y encontramos cosas que antes no podíamos ver.
Algo que añadir… Me encanta la relación con el lector y convivir con ellos, pueden contactarme en mis redes ya sea para un club del libro o simplemente para conversar.






