Entrevista a Claudio Briceño Profesional de Apoyo Unidad de Procesos Técnicos Sistema de Bibliotecas Públicas de Chile

Las bibliotecas públicas son mucho más que lugares destinados al préstamo de libros o al estudio: son espacios de encuentro, aprendizaje, inclusión y transformación social. En esta entrevista para Alquibla, conversamos con Claudio sobre el papel de las bibliotecas en la construcción de comunidades, el fomento de la lectura, la formación de lectores críticos y los desafíos que plantean la desinformación, las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. A través de su experiencia profesional, descubrimos cómo estos espacios pueden convertirse en lugares de oportunidades, apoyo y participación para personas de todas las edades y realidades, demostrando que el verdadero valor de una biblioteca no reside únicamente en sus colecciones o instalaciones, sino, sobre todo, en su capacidad para escuchar, acompañar y crear comunidad.

Claudio, ¿qué experiencias personales o momentos de tu trayectoria vital hicieron que comprendieras que una biblioteca pública puede convertirse en un espacio de transformación social mucho más allá del préstamo de libros? Han sido varios momentos, pero uno de los más significativos ocurrió en la Biblioteca Pública Regional de Atacama, cuando junto a una colega del Programa BiblioRedes impulsamos la creación de la agrupación Biblioemprendedoras, integrada por veinte mujeres. La biblioteca se convirtió en un espacio de organización, aprendizaje y apoyo, permitiéndoles generar redes, participar en ferias para comercializar sus productos y desarrollar proyectos culturales que beneficiaron a toda la comunidad.

También marcó profundamente mi experiencia el hecho de que la biblioteca nunca cerrara sus puertas a las personas en situación de calle. A través de cursos de computación, muchas de ellas pudieron elaborar sus currículums, adquirir nuevas herramientas y postular a empleos formales, mejorando sus oportunidades de vida.

Otro momento relevante fue el trabajo realizado junto a Fundación Techo, recorriendo campamentos y asentamientos irregulares para desarrollar actividades de fomento lector y cuentacuentos. Ver la ilusión de niños y niñas que esperaban esas visitas me hizo comprender que una biblioteca puede brindar esperanza, imaginación y oportunidades incluso en contextos de gran vulnerabilidad.

En una sociedad donde la información circula a una velocidad sin precedentes, ¿qué papel crees que debe asumir el bibliotecólogo como mediador entre el conocimiento, el pensamiento crítico y la ciudadanía? Creo que el bibliotecólogo tiene hoy un papel fundamental. Somos mediadores en la era de la información y debemos ayudar a las personas a desarrollar pensamiento crítico, enseñándoles a distinguir entre información confiable y desinformación. En tiempos donde las noticias falsas circulan con rapidez, las bibliotecas tienen la responsabilidad de formar ciudadanos capaces de analizar, cuestionar y verificar la información. Debemos recordar siempre que el acceso al conocimiento es una herramienta de empoderamiento y participación democrática.

Después de especializarte en cultura, bibliotecas públicas y fomento lector infantil-juvenil, ¿cuál consideras que ha sido el mayor aprendizaje que ninguna formación académica puede enseñar y que solo se descubre trabajando con las comunidades? El mayor aprendizaje ha sido entender que la escucha es tan importante como el conocimiento técnico. Las comunidades nos enseñan que detrás de cada usuario existe una historia, una necesidad y una realidad diferente. Ninguna formación académica puede reemplazar la experiencia de trabajar directamente con las personas, aprender de ellas y construir servicios junto a la comunidad y no para la comunidad. La confianza, la empatía y la capacidad de escuchar son aprendizajes que solo se desarrollan en el trabajo diario con las personas.

Si pudieras rediseñar desde cero una biblioteca pública pensando exclusivamente en las necesidades de la infancia y la adolescencia del siglo XXI, ¿qué elementos innovadores serían imprescindibles y cuáles eliminarías definitivamente? Incorporaría espacios especialmente diseñados para niños y jóvenes neurodivergentes, que les permitan sentirse seguros, cómodos y plenamente integrados.

También incluiría laboratorios de ciencia y tecnología donde puedan experimentar, crear y desarrollar su curiosidad; salas de música para tocar instrumentos y grabar; estudios para la producción de podcasts y edición audiovisual; ludotecas y áreas de juego, porque en la primera infancia el aprendizaje ocurre principalmente a través del juego.

Sumaría además salas de cine y espacios multipropósito que fomenten la creatividad, la expresión artística y el trabajo colaborativo.

Si tuviera que eliminar algo, eliminaría la idea del silencio absoluto. Las bibliotecas del siglo XXI deben ser espacios vivos y dinámicos, donde convivan la lectura, la conversación, la creación y el encuentro comunitario.

Muchos niños llegan a los libros con entusiasmo mientras otros muestran un rechazo absoluto a la lectura; desde tu experiencia, ¿cómo puede una biblioteca convertirse en un lugar donde ambos perfiles encuentren una oportunidad para descubrir el placer de leer sin sentirse juzgados? La biblioteca debe ser un espacio de encuentro abierto a todas las personas, donde nadie se sienta juzgado. Debe ofrecer libertad para explorar distintos intereses y formatos de lectura, permitiendo que cada niño o joven descubra aquello que realmente le motiva.

Es importante entender que no todos los lectores llegan por el mismo camino. Algunos se acercarán a las novelas, otros a los cómics, las novelas gráficas, los audiolibros o los videojuegos relacionados con historias. Lo fundamental es que encuentren lecturas significativas y que puedan construir su identidad lectora desde el disfrute y no desde la obligación.

Vivimos rodeados de pantallas, inteligencia artificial y contenidos digitales personalizados; ¿cómo imaginas que evolucionará el concepto de biblioteca pública durante las próximas décadas sin perder su esencia como espacio de encuentro humano? Imagino bibliotecas abiertas a las nuevas tecnologías y a la inteligencia artificial, pero que nunca pierdan su esencia humana. La tecnología puede ampliar las oportunidades de acceso al conocimiento, pero el verdadero valor seguirá estando en la escucha, el acompañamiento y la capacidad de crear comunidad.

Creo que las bibliotecas del futuro serán espacios inclusivos, coloridos y acogedores, donde las personas no solo accedan a información, sino que también encuentren apoyo, diálogo y pertenencia.

A menudo se habla de fomentar la lectura, pero menos de cultivar lectores críticos y emocionalmente conscientes; ¿qué estrategias consideras más eficaces para que la lectura contribuya realmente al desarrollo integral de las personas? Es fundamental acercar los libros a niños y niñas desde la primera infancia. Los rincones infantiles, las guaguatecas y los espacios de lectura temprana permiten construir una relación positiva con los libros desde edades muy tempranas.

Posteriormente, debemos dar libertad para que cada lector descubra sus propios intereses y preferencias. Contar con colecciones diversas y atractivas, que incluyan novelas gráficas, cómics, historietas y sagas, facilita la formación de lectores permanentes. Un lector crítico se forma leyendo aquello que le apasiona y dialogando con otras experiencias y visiones del mundo.

En los proyectos de promoción lectora, ¿qué importancia tiene escuchar previamente las historias, inquietudes y realidades de quienes participan antes de seleccionar los libros que se van a compartir? Es indispensable. La biblioteca pública existe para servir a su comunidad, por lo que la primera tarea siempre debe ser escuchar. Solo comprendiendo las necesidades, intereses y realidades de las personas podemos seleccionar lecturas y actividades que realmente generen sentido y conexión.

Desde tu perspectiva, ¿qué libros infantiles o juveniles han demostrado tener una capacidad extraordinaria para abrir conversaciones difíciles sobre emociones, diversidad, pérdida, convivencia o identidad, y por qué crees que logran ese impacto? Los libros que generan mayor impacto son aquellos en los que niños y jóvenes logran verse reflejados o identificados emocionalmente. Son historias que los conmueven, les permiten comprender sus propias experiencias y abrir conversaciones sobre temas complejos de manera natural.

Actualmente, la novela gráfica y las sagas juveniles destacan por su capacidad para conectar con los jóvenes, invitándolos a leer y reflexionar desde relatos cercanos y significativos.

Cuando una biblioteca logra convertirse en un verdadero referente para su comunidad, ¿qué cambios empiezan a percibirse en la vida cotidiana de las personas que quizá no aparecen reflejados en las estadísticas habituales? Se observa una mayor participación en las actividades, un sentido de pertenencia hacia la biblioteca y un aumento de las redes comunitarias. Las familias comienzan a verla como un espacio seguro para sus hijos; los jóvenes encuentran lugares donde reunirse y aprender; las personas mayores hallan instancias de compañía y participación.

Son cambios que muchas veces no aparecen en las estadísticas, pero que transforman profundamente la vida de una comunidad.

¿Qué desafíos éticos afrontan actualmente las bibliotecas públicas ante fenómenos como la desinformación, la polarización social y el acceso desigual a la información, y cómo deberían responder para seguir siendo instituciones de confianza? Las bibliotecas enfrentan el desafío de garantizar un acceso equitativo a la información y de contribuir a la formación de ciudadanos críticos frente a la desinformación. Debemos promover la alfabetización informacional, el acceso libre al conocimiento y el respeto por la diversidad de opiniones.

La confianza se construye manteniendo espacios abiertos, democráticos e inclusivos, donde todas las personas puedan acceder a información confiable y desarrollar una mirada crítica sobre el mundo que las rodea.

Si tuvieras la oportunidad de impulsar una única iniciativa nacional para fortalecer el hábito lector entre niños y adolescentes, ¿en qué consistiría y qué actores sociales deberían implicarse para garantizar su éxito a largo plazo? Impulsaría una gran red nacional de lectura desde la primera infancia, articulada entre bibliotecas públicas, escuelas, jardines infantiles, municipios y familias. La lectura debe ser una experiencia cotidiana y compartida, presente tanto en el hogar como en los espacios educativos y comunitarios.

Para que una iniciativa así tenga éxito, es fundamental involucrar al Estado, las instituciones educativas, las bibliotecas, las organizaciones sociales y, especialmente, a las familias.

En ocasiones, las bibliotecas son percibidas únicamente como lugares silenciosos y tradicionales; ¿qué experiencias innovadoras has conocido que rompan con ese estereotipo y acerquen estos espacios a nuevos públicos sin perder su identidad? Las guaguatecas, los rincones infantiles, los espacios gamer y las ludotecas son excelentes ejemplos de cómo las bibliotecas han sabido reinventarse sin perder su esencia. Estos espacios permiten atraer nuevos públicos, generar experiencias significativas y conectar con usuarios de distintas edades e intereses.

También es importante desarrollar iniciativas para las personas mayores, creando lugares donde puedan compartir, aprender y fortalecer sus vínculos con la comunidad.

El objetivo siempre debe ser fomentar el gusto por la lectura y la participación cultural. La biblioteca no es solo un lugar para leer en silencio; es un espacio vivo donde las personas pueden encontrarse, aprender, jugar, crear y construir comunidad.

Mirando tu recorrido profesional, ¿qué historia vivida con un niño, una familia o una comunidad lectora ha cambiado tu manera de entender el verdadero valor social y humano de las bibliotecas públicas? A lo largo de mi trayectoria he comprendido que la verdadera riqueza de una biblioteca está en las personas. Cada usuario, familia o comunidad que participa en nuestros espacios le da sentido a nuestro trabajo.

He aprendido que podemos tener el mejor edificio, la mejor colección o la mejor tecnología, pero si la comunidad no lo hace suyo, no existe realmente una biblioteca. El valor social y humano de estos espacios reside en su capacidad para reunir personas, generar oportunidades y fortalecer la vida comunitaria.

Finalmente, si dentro de veinte años alguien estudiara la evolución de las bibliotecas de nuestra época, ¿qué legado te gustaría que profesionales como tú hubieran dejado a las futuras generaciones de lectores y bibliotecólogos? Me gustaría que recordaran que las bibliotecas son espacios democráticos, libres e inclusivos, donde todas las personas tienen cabida. Que son lugares de encuentro capaces de fortalecer comunidades, promover la participación ciudadana y transformar vidas.

Espero que nuestro legado sea haber demostrado que una biblioteca pública es mucho más que un edificio o una colección de libros: es una herramienta de desarrollo social, cultural y humano al servicio de las personas.

 

 

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